lunes, 11 de agosto de 2014
Agradecimientos
Cada vez que alguien me da la gracias por haber hecho mi trabajo siento un cierto rubor, y puede que reaccione de forma un tanto fría e incluso seca. No me considero merecedor de ningún reconocimiento por hacer lo que se supone que he de hacer, y tampoco es conveniente permitir que se sobrealimente un ego que hay que tener a raya. Así que, si me dan las gracias, respondo con un "de nada". Y nada más.
domingo, 10 de agosto de 2014
Vetusta Morla. Los días raros.
Una de sincronicidades. A veces se te mete una canción en la cabeza y no te la puedes sacar. La tienes sonando en bucle en tus neuronas, velando otras cosas. Creo que a todos nos ha pasado. Pues bien, el otro día tenía yo Los días raros de Vetusta Morla ahí puesta, y me estaba cambiando en los vestuarios del gimnasio cuando entro otro tío que venía silbando la misma canción, justo el mismo punto que yo tenía en mente. Fue como oír fuera de mí lo que tenía dentro.
Sin duda una casualidad, en la que influyó que unos días antes hubieran actuado en Palma (yo estuve, y apostaría porque el otro tipo también). Pero una casualidad mágica.
sábado, 9 de agosto de 2014
Magaluf o la historia interminable
Algo de verdad debe tener lo del eterno retorno de lo mismo, porque en Mallorca, desde hace años, tenemos el mismo tema estrella: Magaluf. Primero fue por el balconing, luego por los Oxy-shots (alcohol tomado en aerosol, por vía pulmonar), y este año es el mamading. Pero no voy a comentar nada de las burradas que las hordas de jóvenes con ganas de juerga salvaje hacen o dejan de hacer. Esos están unos días y luego se van. Prefiero hablar de la actitud de mis paisanos, que al fin y al cabo es a quien hay que padecer todos los días y por todas partes (lo de Magaluf ocurre sólo en una calle).
La cuestión es que cada verano se llenan los diarios de noticias sobre Magaluf, y siempre hay mil y un comentarios, y las autoridades se llenan la boca, y las conversaciones proliferan. Se dice que es intolerable, que da mala imagen de la isla, que hay que hacer algo... Y siempre se promete hacer algo, pero sabemos que el año que viene estaremos en las mismas. En toda esta amalgama de actitudes, la grandísima mayoría escandalizadas, se mezclan la inoperancia (o la poca voluntad de ser operante) de los gobiernos (sí, se han reunido con embajadores, han hecho guías para los turistas, e incluso publicidad en diarios británicos para promover los buenos comportamientos), el desinterés de los empresarios del turismo (a quienes ya les va bien), y la mojigatería de la población, que se escandalizan como monjitas porque creen que es una pofanación de la sagrada tierra mallorquina.
Vamos a ver, yo soy más o menos moderado y no me va esta clase de desenfreno entre salvaje, histérico y compulsivo. La borrachera por la borrachera no es lo mío. Pero oiga, con no hacerlo yo y no juntarme con la gente que lo hace ya me va bien. Lo que hagan los demás es cosa suya (siempre y cuando no cometan delitos), y mejor tener a estos energúmenos (que me de igual lo que haga no quita que no lo sean) concentrados en una localidad (en realidad, una calle) que no dispersos por todas partes y dando el coñazo en todos los hoteles.
Y al fin y al cabo, qué quieren que les diga, que un tío borracho y puesto de todo se caiga de la ventana y se mate intentando entrar a su habitación de hotel desde la de al lado porque se ha dejado (o ha perdido) la llave, no deja de parecerme un digno homenaje a Darwin. Y a Newton.
viernes, 8 de agosto de 2014
True detective
Mucho ojito que hay semispoilers
Hace nada que he acabado de ver True detective, y aún la estoy digiriendo. Más allá de la historia del asesino en serie que utiliza sus víctimas para realizar extraños y oscuros rituales (algo ya bastante visto), están los personajes, hasta el punto de que uno no sabe bien de qué va exactamente la serie, si sobre la investigación o sobre los investigadores. Agentes más bien oscuros, con momentos desagradables, y algunas frases lapidarias, sobre todo el extraño Rust Cohle (interpretado por un Mathew McConaughey en estado de gracia, quién nos lo iba a decir cuando era guapo oficial de Hollywood y novio de nuestra ínclita Pe), que transita por una misantropía resignada pero que se obsesiona durante años con desentrañar el misterio del asesino (a pesar de la epifanía que sufre al final, que le lleva a hablar en términos de luz y oscuridad, me parece más bien que es la obsesión lo que lo mueve, la férrea voluntad de resolver un puzzle que le reconcome).
Reconozco que el tono en el que hablan se puede hacer pesado, y que el rollo subsuelítico y místico-filosófico que se trae el susodicho Cohle, sumado a que la acción a veces se atasca y se va por otros derroteros (como las infidelidades y el matrimonio del personaje que interpreta Woody Harrelson, gracias al cual vemos el lado oscuro de este detective) puede hacérsele indigesto a más de uno, pero la serie es toda una experiencia, cuando menos desde el punto de vista estético (la fotografía es magistral, y esos ambientes pantanosos de la Lousiana le dan peso y densidad a los captítulos). No es trepidante, no (si exceptuamos el muy comentado plano secuencia final del cuarto capítulo), pero a alguien que ha estudiado filosofía y que le gustan estas cosas con cierta profundidad (aunque tampoco es un tratado de metafísica) se le hace agradable de ver, y al menos le da una vuelta de tuerca al género policíaco, tan común y explotado en nuestros días.
Y además, la banda sonora, seleccoinada por T Bone Burnett, es brutal.
jueves, 7 de agosto de 2014
Salvándonos hacia el peligro
A veces lo que hacemos para mantenernos a salvo nos expone, por distintos caminos, de forma más clara a aquello que pretendemos conjurar. Es lo que ocurre con las medicinas, que lo mismo pueden usarse para curarte o para matarte.
Un claro ejemplo de ello es lo que ocurrió durante la gran peste del siglo XIV, cuando la gente acudía en masa a las iglesias y a los rituales que se organizaban para solicitar la intercesión divina contra la enfermedad. De este modo, aquellos oficios fueron terreno abonado para la expansión de la peste, que se cebó entre aquellos que más hicieron (con las creencias de entonces) para evitarla.
miércoles, 6 de agosto de 2014
Saliendo de la crisis
Hace tiempo que vengo diciendo que el petardazo lo vamos a pegar cuando empecemos a salir del agujero. Del agujero económico, quiero decir. Porque igualmente digo que la crisis no es económica, que los efectos en la economía son una consecuencia de algunas corrientes que llevan más tiempo operando en nuestro mundo. Y que posiblemente la salida de la crisis suponga una profundización en otros aspectos, por lo que se puede dar esa supuesta paradoja de que cuando las cosas vayan bien (desde el punto de vista de las cifras que manejan algunos, que habría que ver si los datos que nos ofrecen, o las interpretaciones de estos que nos brindan son buenos o no) sea cuando explotemos. Y entonces vendrán las caras de sorpresa (y la rabia, porque creerán que alguien les está boicoteando el trabajo que vienen haciendo, cuando ellos son un agente más de la crisis) de los que se creen que sólo es cuestión de números de parados y de ganancias empresariales. No tardaremos en verlo, las contracciones ya se anuncian.
Pero no será un parto que alumbre una nueva sociedad, sino tan sólo una fase nueva de la crisis (tal vez llamarla así ya es un error, podríamos hablar más bien de caída, de debacle) que lleva algunas décadas en marcha y que no será tan fácil de conjurar.
martes, 5 de agosto de 2014
De confesiones y engaños
Cuando alguien confiesa un engaño, puede que sea un arrepentimiento sincero el que lo mueve a dar el paso, y en efecto es lo que nos quiere hacer creer. Pero teniendo en cuenta que ha estado tiempo hurtándonos la verdad y administrándola, no es descabellado que ahora que la desvela, sea por pura estrategia y en busca de sacar algún beneficio. Por lo demás, ¿porqué tendríamos que creer a alguien que nos dice que nos ha mentido?.
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