Según la teoría de las generaciones de Ortega (que creía que lo adecuado para medir la historia no eran las décadas, lustros o siglos, sino las generaciones), los de mi quinta y yo (año arriba, año abajo) estamos en un momento en el que acumulamos la suficiente experiencia y empezamos a asomar la cabeza entre los que gestionan el mundo. Ya nos hemos formado de forma suficiente, y ahora estamos dejando nuestras primeras huellas en el presente. Y además, nos proyectamos al futuro: vienen los hijos y los tenemos que educar y facilitarles las herramientas para que puedan dar sus propios pasos el día de mañana. De nuestro trabajo dependen los caminos que puedan tomar.
La verdad es que da vértigo y uno no puede sentir temor ante la posibilidad de que seamos incapaces, aunque en cualquier caso, no lo seremos más que otros que han venido antes.
La verdad es que da vértigo y uno no puede sentir temor ante la posibilidad de que seamos incapaces, aunque en cualquier caso, no lo seremos más que otros que han venido antes.

