martes, 13 de junio de 2006

Estoy harto

El satélite lo demuestra: existimos

Estoy harto de que en los medios de comunicación nacionales no aparezcamos para nada. Somos las islas en la sombra. Me explico. Siempre que es fiesta en algunas comunidades y en otras no (como por ejemplo el lunes de pascua), suelen decirse cuáles son esas comunidades que están de fiesta. Todas menos Baleares. Siempre pasa igual. Hoy mismo, en el telediario de TVE, hablan de la selectividad que ha empezado hoy en muchas partes. Aquí también, pero no nos han citado. Y eso mosquea un poco. Porque que ocurra una vez tienen un pase (un despiste lo puede tener cualquiera), pero que este olvido sea sistemático es hartante. No es que sea muy patriota (más bien no lo soy nada), pero esta clase de hechos son los que hacen que una región no se sienta unida al resto de su país. A veces llegó a dudar de cuál es mi país, porque, visto el caso que nos hace España, podría muy bien no serlo.

Otro tema es el de la información meteorológica. El hombre del tiempo se coloca encima de las Baleares, y muchas veces sólo podemos saber el tiempo que va a hacer aquí cuando el hombre se inclina para señalar Galicia y deja ver tras su trasero algunas de las islas y de los símbolos que tenemos encima (que, por otra parte, nunca aciertan).

La cuestión no es que hablen de nosotros (que sí lo hacen, para hablar de las vacaciones del rey, de los triunfos de Nadal o de los fenómenos luctuosos que aquí tienen lugar), ya que para informarnos tenemos nuestros medios locales. Lo que pasa es que se produce un agravio comparativo ante otras regiones que sí que son citadas y que, se supone, no son muy distintas a nosotros. A lo mejor es el mar, que hace que parezcamos muy alejados.


Pero pensándolo un poco mejor, tal vez no esté tan mal que nadie nos haga caso, ya que así pasamos más desapercibidos (y esto, para lo bueno y para lo malo).

En fin, que buena suerte para todos los que estén de selectividad, tanto los baleares como los españoles no baleares. Este deseo lo hago extensivo a todos los que estéis de exámenes. Suerte a todos.

P.D. A los que os estáis examinando y leyendo esto: poneros a estudiar y no os entretengáis mirando las chorradas que escribo, que luego suspendéis y no podréis disfrutar del verano. Hala. Después de la bronca, me despido.

lunes, 12 de junio de 2006

Poderes


No entiendo a la gente que no cree en los poderes que los humanos podamos tener. Yo, y a buen seguro que también ellos, lo he sentido muchas veces. Basta con que según quien (lógicamente, no todo el mundo tiene poderes, sólo unos pocos elegidos los tienen) se cruce por mi campo visual (e incluso por mi campo mental) para que mi corazón de un vuelco y se acelere, sienta las tópicas mariposas en el estómago, y me ponga a hacer más tonterías de las habituales. Además, algunas de esas personas no saben que operan estos efectos en mi. Para que luego digan que no existe eso de los pderes. ¿Hay acaso un poder mayor?

domingo, 11 de junio de 2006

Antònia Font. Wa Yeah!



Cuando hace ya tiempo hablé de este grupo, no pude poner ningún video, puesto que no hubo forma de encontrar nada. Pero ya se han decidido a poner algo en youtube.com y aquí lo pongo para ilustrar la entrada que corresponde a Antònia Font. Se trata de la canción Wa Yeah! de su último disco, que se titula Batiskafo Katiuskas, y, persnalmente, me encanta y me da un tremendo subidón.

sábado, 10 de junio de 2006

41 de Mayo


Ayer fue 40 de Mayo. Y ya sabéis lo que se dice, que hasta el 40 de Mayo no te quites el sayo. Pues bien, hoy es 41 y está lloviendo. No hace frío, pero ha refrescado un poco. No debería de haber recogido el sayo ayer. para que luego digan de la sabiduría popular. Y aún no he pisado la playa, cuando otros años a estas alturas estaba harto de la arena, las medusas, los guiris y demás fauna playera.

viernes, 9 de junio de 2006

Wonderbrass

Los Wonderbrass en plena actuación

Hoy me apetece hacer publicidad de este excelente grupo. Se llaman Wonderbrass y tocan por algunos bares de la isla con éxito creciente (no sé si alguna vez han cruzado el charco, pero ya va siendo hora de que lo hagan). Son uno de esos grupos que disfrutan haciendo música, que son una reunión de buenos amigos que se juntan para hacer lo que más les gusta , y que lo hacen por puro amor al arte (aunque a buen seguro que pueden vivir de ello). Se trata de cuatro tipos que tocan instrumentos de viento (tuba, trompeta, clarinete, saxofón) y batería. El tipo de música que hacen es difícil de clasificar, ya que son capaces de trasladarnos al Nuevo Orleans de los años 30, hacer un tema funky o versionear cualquier tema como un ska o un reggae. Hacen versiones de canciones tan conocidos como When the saints go marchin' in (con la letra cambiada, eso sí, y suele ser la traca final de sus actuaciones), o Just a Giggolo, Tu vou' fa l'americano (genial la version que hacen) o el quiero ser como tú del libro de la selva. También entremezclan temas propios, aderezándolo con comentarios, chistes y números cómicos al más puro estilo del cine mudo (o el propio de los hermanos Marx). Para redondear sus actuaciones, se visten al estilo propio de esas épocas, haciendo que la audiencia crea estar en un tugurio de esos años 20 y 30.


Algunas veces tocan en bares donde la gente es más o menos ajena a ellos, y al principio no parecen prestarles mucha atención. Pero poco a poco van metiéndose a la gente en el bolsillo y hacen que les atiendan, llegando a una especie de clímax final con participación pública y todo. Los he visto alguna vez y no dudo que volveré a verlos (prácticamente todas las semanas tocan en algún lado, a veces incluso varias veces). Tal vez acabe convirtiéndome en uno de sus incondicionales, que los tienen, una especie de gruppies que van allá donde actúen, porque la verdad es que pocas veces he disfrutado tanto como con estos tipos.

Si alguna vez os acercáis por Mallorca, intentad enteraros de si actúan cerca de donde estéis, por la verdad es que merecen la pena si uno quiere divertirse un rato escuchando buena música.

martes, 6 de junio de 2006

Frases


A veces las mejores frases son esas que consiguen expresar lo inexpresable. No es que lo logren al cien por cien, pero de algún modo consiguen abrir una puerta entre lo que está ahí y que no se puede decir, y las palabras. Creo que existe un abismo entre el lenguaje y la realidad (sea lo que sea eso), y también pienso que hay muchas cosas que las palabras no pueden decir, que nuestros idiomas son insuficientes a la hora de comunicar. Y la gracia de estas frases es que nos hacen creer, por momentos, que sí, que es posible que el lenguaje llegue a las profundidades más abismales, donde se encuentran los fundamentos del mundo, y que le están vedadas.

Muy a menudo, estas frases se dicen casi sin querer, camufladas en un discurso que en apariencia les es ajeno. Son casi inconscientes. Pero cuando se llega a una de ellas, es como arribar a un nuevo continente, te abren todo un sinfín de posibilidades, permiten nuevos pensamientos, y sugieren multitud de ideas curiosas.

Todo esto no es más que una introducción para exponer una de esas frases. La pronunció mi profesor de estética, Mateu Cabot, en medio de una clase, para ilustrar precisamente esa idea que he intentado plasmar aquí, y que también (y tan bien) pensó el genial Ludwig Wittgenstein. Desde que fue pronunciada revolotea en mi cabeza, y son muchas veces las que he tenido que usarla, sugiriéndome muchas de mis ideas fundamentales. La frase en cuestión es la siguiente:

"Cuando en una relación hay que llegar al extremo de decir te quiero, es que algo falla en ella".

A simple vista parece una tontería, incluso mucha gente no está de acuerdo con ella. Pero a poco que uno se para a pensarla, repara en la profundidad que estas palabra esconden, y que tal vesz sólo se pueda expresar de esta manera.

lunes, 5 de junio de 2006

El retorno



Aquí estoy de vuelta, tras unos cuantos días sin volcar nada en este blog. Han sido motivos ajenos a mi voluntad (bueno, no tanto) los que han impedido que escribiera algunas de las cosas que pasan por mi cerebro, mi corazón y mis tripas. En uno de esos momentos osados de mi vida, se me ocurrió hacer una actualización del sistema operativo de mi portátil (en concreto, quise pasar de Kubuntu Breezy a Kubuntu Dapper, que es la última versión de este sistema operativo). En teoría, actualizar es muy sencillo, se hace todo vía internet, y sólo hay que aceptar un par de cosas. Pero algo se torció en el camino, y me quedé sin el nuevo y sin el viejo. Solución: al más puro estilo Windows, formatea y reinstala. Pero, maravillas de la técnica, al reinstalar he tenido que volver a hacer funcionar la tarjeta wireless del ordenador. Y esto es lo que me ha enredado más. No había forma de ponerla en marcha. Me ha llevado más de una semana y varias reinstalaciones conseguirlo. Pero ya está. Ahora funciono con Dapper y la wireless a tope. Y la verdad es que ha valido la pena, porque el nuevo Kubuntu tiene muchas cosas interesantes.

Es un poco complicado esto del software libre, pero poco a poco va mejorando, y creo que ya le queda poco para ser compatible con cualquier clase de usuario. Entonces llegará el momento en que pondremos en aprietos al señor Gates (y por las noticias que oigo y leo, parece que se lo ve venir). De momento, hay que sufrir problemas como los que me han tenido ocupado estos días pasado. Es desesperante ver como ninguna de las posibles soluciones que se ofrecen por la red funcionan (he estado a punto, más de una vez, de tirar el portátil por la ventana y mandarlo todo al carajo), pero mientras tanto se va aprendiendo de informática y del sistema operativo en cuestión. Y el subidón que te da cuando por fin logras que todo fu ncione como antes también vale la pena. Quien algo quiere, algo le cuesta.

Eso es todo por hoy. Espero poder volver a retomar el ritmo casi diario de posteo. Saludos a tod@s.