jueves, 18 de junio de 2015

De la concepción deportiva de la democracia

Prosigamos con las últimas elecciones.
La presencia del deporte es tan apabullante en nuestra cultura de masas, que todo es analizado bajo el prisma deportivo, incluso los resultados electorales. Esa retórica de ganadores y perdedores electorales tiene mucho de deportivo pero poco de democrático. Como si estuviéramos ante una competición en la que sólo uno puede ganar y los demás son derrotados. Pero en realidad se trata de representación parlamentaria y de toma de decisiones. Puesto que no podemos reunirnos toda la sociedad en asamblea, delegamos en un grupo de personas que han de trasladar el pensar de todos. Por eso me parece bien que las cámaras de representantes sean muy plurales y estén atomizadas, como lo está la sociedad. Y que se vean obligados a sentarse, negociar y llegar a acuerdos, como tenemos que hacer en el trabajo o en la comunidad de vecinos cuando hay que hacer algo. Y si en esos acuerdos sale perdiendo la opción más votada, pues mala suerte. Porque no se trata de que toda la sociedad, con todos sus matices, baile siempre al son que marca el más fuerte, sino de que esos matices tengan la oportunidad de influir de algún modo en la melodía (sin que se tengan que imponer siempre, claro está, pero al menos que tengan cierto peso y no queden siempre arrinconados). Por eso no me gustan los sistemas bipartidistas ni los de segunda vuelta, porque beben de esta concepción deportiva, competitiva o maniquea de la democracia, que permite que una de las opciones sea hegemónica e imponga sus criterios (aunque es cierto que a menudo hay todo un sistema de contrapesos que atenúan el efecto). 
Dicho esto, aunque en principio que haya pactos no me parece mal, sí que me lo parece cuando el motivo de pactar es arrinconar determinadas opciones (salvo que las circunstancias así lo aconsejen) e impedir que aporten su granito de arena de forma sistemática. Y más si son la fuerza más votada, que en teoría debería dirigir el debate, proponer sus medidas y facilitar consensos. Eso, claro está, cuando no se tiene esta concepción deportiva de la política (hay ideologías que tienen un componente competitivo muy marcado) y acaban abusando de su fuerza y pasando el rodillo. 

1 comentario:

PENSADORA dijo...

Muy sensato Mr. Pez y muy de acuerdo conmigo.

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