viernes, 31 de mayo de 2013

Jirafas en Eurodisney

Otra forma de medir la catadura de nuestros políticos, además de sus discursos, sus respuestas, o sus comportamientos en el poder, consistiría en ver lo que hacen con el dinero que acumulan por la "vía informal" de financiación. Si todo lo, digamos, formal, ya les deja muy en evidencia, cuando se entera uno de lo que hacen con lo presuntamente robado, el panorama es desolador. ¿Para qué quieres acumular millones si luego los gastas en jirafas disecadas, en poner un cuadro en la bañera, ir a un puticlub en Rusia, o irte a Eurodisney? Un poco de clase, señores.

jueves, 30 de mayo de 2013

Poniendo trabas

El hospital donde trabajo tiene un aparcamiento de pago. En su día hubo movilizaciones y se protestó bastante por el asunto, ya que su ubicación hace que no haya prácticamente otro lugar donde aparcar. Para "acallar" al personal, que fue quien con más ruido se movilizó, se dividió la zona de aparcamiento en una zona de trabajadores (pero no todos, porque los que trabajan servicios externalizados no cuentan como trabajadores del hospital) gratuita, y una zona no gratuita. La zona gratuita es insuficiente y por las mañanas (que es cuando más gente hay trabajando) no cabemos todos, creando la injusta situación de que hay trabajadores que tiene que pagar y otros no.

A la gente no le da la gana tener que pagar por ir a urgencias (se han dado casos de madres que se han de ir con sus niños antes de tener resultados de analíticas por no poder esperar y tener que pagar más), y se han buscado la forma de aparcar sin pagar, dejando sus coches donde buenamente pueden en las cercanías del hospital, dejándolos en cunetas y arcenes de carreteras, derribando vallas en la parte trasera del recinto (para poder acceder desde unas calles que hay detrás). Ello, sumado a la patética solución de la concesionaria del párking para evitar los atascos en el acceso al hospital (con lo que ello conlleva de tener los dos -sí, sólo han hecho dos para un hospital de referencia para toda una comunidad autónoma- accesos bloqueados para las ambulancias), que consiste en dejar las barreras abiertas a las horas de afluencia del personal, con un guarda que controla -supuestamente- quien es trabajador de allí y quien no, lo cual provoca que entren en la zona gratuita más coches de los que caben (y por tanto se aparcan donde buenamente pueden), ha dado como resultado que la zona gratuita esté atestada de coches de forma peligrosa, mientras que la zona de pago esté semivacía. Debo confesar que esta combinación de picaresca y de justicia poética me gustó, hasta que han empezado a impedir que se aparque en los sitios que la gente había ido descubriendo. Primero poniendo multas (fácilmente recurribles, ya que en sentido estricto no se violaba ninguna ordenanza), luego colocando pivotes o dando usos inverosímiles a esos sitios. La última ha sido cavar una zanja en la parte trasera, para evitar que se acceda por allí para acortar un camino de más de un cuarto de hora si no fuera por el atajo. Huelga decir que los indignados chascarrillos sobre señores feudales, cocodrilos y hasta dragones han sido la tónica.

En resumidas cuentas, que se encargan de poner trabas para que al final hagamos "lo que hay que hacer" (una expresión muy cara a los que nos gobiernan), que no es otra cosa, cómo no, que pasar por caja. Y si al menos la caja fuera la maltrecha caja común, todavía tendría un cierto pase. Pero no, es la caja de terceros, que viendo el celo que ponen en asegurar, nos obliga a pensar muy mal. 

Al final, ocurre algo que sospecho que está muy de moda en los últimos tiempos, que se ponen obstáculos en según que direcciones, para que el personal, en una gran mayoría, acabe siguiendo los pasos que a alguien le interesa. Y eso tiene que ver con el pastoreo más que con la promoción de la libertad y del uso de la ciudadanía. La ironía es que quienes a ello se dedican, muchas veces se tiene a sí mismo por unos auténticos campeones de la libertad. 

martes, 28 de mayo de 2013

El espacio vital de la desazón

Por mucho que nos empeñemos en atraparlo, lo desconocido sigue ahí. No hay forma de eludirlo, porque al asegurar una parcela, se nos abre otra a la incertidumbre. Lo echamos por la puerta, pero vuelve por la ventana. Está bien explicar las cosas, resolver problemas, pero no como medio de salir del desasosiego, sino como forma de desplazarlo, de jugar con él, de abrir nuevas regiones para la desazón, como un necesario espacio vital sobre el que expandirse.

lunes, 27 de mayo de 2013

Depresión

Lo percibí con toda claridad el otro día en un bar, durante una actuación, a modo de confirmación de algo que vengo intuyendo desde hace algún tiempo: la gente estaba como apagada, hasta los músicos tocaban sin el entusiasmo y la energía de otras veces. Aunque lo inmediato sería decir que tiene que ver con la situación económica, uno tiende a pensar que es al revés, que primero, de algún modo, hay alguna clase de agotamiento en el ambiente que acaba trasladándose a lo económico, que a su vez retroalimenta la situación. 

Las burbujas no sólo son materiales, y puede que sean una reacción a situaciones que se desbordan del todo al explotar.

sábado, 25 de mayo de 2013

La ubicuidad del poderoso maestro liendre

Algo que me llama la atención de nuestros gobernantes es la ubicuidad. Tan pronto son ministros de sanidad como miembros del consejo director de una empresa eléctrica o gobernadores civiles. Ante ello, no puedo evitar pensar que, o bien son una eminencias (algo que ellos mismos desmienten con casi todas sus declaraciones), o bien su labor no es tan importante como queremos creer. Al fin y al cabo, sus instituciones las sostienen los curritos de a pie, el mecanismo más o menos bien engrasado de que constan, y que sospecho que podría prescindir de muchos de sus dirigentes sin que se alterara su funcionamiento. Es más, por experiencia propia, me atrevería a decir que muchas veces entorpecen más que ayudan. Supongo que hay en ello una parte de oportunismo, de perpetuarse en la poltrona (aunque sea en varias porltronas), o la de complacer de forma lameculista a los superiores, en cualquier caso, me parece indigno.

Lo suyo sería poner a alguien del gremio en el que se pretenda tener una influencia o poder. O a lo sumo, alguien interesado o especializado en el tema (es decir, con vocación). Sería una forma de ejercer la profesión. Porque, qué quieren que les diga, eso de hacer hoy de una cosa y mañana de otra, me suena a incapacidad o imposibilidad (a veces las circunstancias te obligan a coger lo que se presenta, pienso en dificultades económicas, tan habituales hoy en día) de hacer nada. Volver a aquello de la techné, a ser expertos en algo, a vivir de ello. Pero parece que más bien lo que proliferan son los maestros liendres, que de todo saben, pero de nada entienden. Y hay cosas que es mejor entender.

viernes, 24 de mayo de 2013

Obligarme

Querría obligarme a escribir algo todos los días, volver al estajanovismo bloguero de otros tiempo. Sé que los blogs están un pelín pasados de moda, que van quedando menos y los que quedan se van deshilachando, como lo ocurre a este. Pero en realidad no es que me importe mucho seguir o no las corrientes del momento. Se trata de crearme una obligación, de hacerme una rutina en torno a escribir algo. A nadie le importa, en realidad, que diga tal o cual cosa. Pero a mí sí me importa. Porque siento que si alguna vez di algo de mí, fue en el pasado, y siento que algunas fuentes se han secado o están en serio peligro de secarse (hay dinámicas de la vida moderna que no son nada buenas para la constancia, y tengo miedo de que haya fuerzas que estén venciendo algunas disposiciones mías). 
Escribir, reflexionar sobre lo que ocurre o lo que me rodea. Cualquier cosa, con tal de escribir algo, y sentir que aún hay algo en mi cabeza. No mucho, pero algo.

jueves, 23 de mayo de 2013

Coraza

Te pones una coraza para que no te hagan daño, para sobrevivir a la intemperie. Y a veces esa coraza es tan dura que no te deja mover y te provoca llagas. Pero, ¿acaso sería mejor endurecer el interior? La cuestión, como en casi todo, es encontrar un equilibrio entre dureza externa e interna, y saber que ambas implican riesgos que hay que asumir.

domingo, 12 de mayo de 2013

Antònia Font. Per a jo i tots els ciclistes

El año pasado Antònia Font se descolgaron con un extraño trabajo, Vostè és aquí, integrado por cuarenta temas muy cortos (la mayoría duran en torno a minuto y medio). A modo de esbozos, muchos dejan ganas de más, generando una extraña sensación de incompletitud y de vértigo (apenas entras en una canción, ya te has pasado a la siguiente). Tras ello está la extraña e inquieta mente de Joan Miquel Oliver, uno de los personajes creativos más peculiares que pululan por Mallorca. Lo próximo, ya lo ha insinuado alguna vez, es un disco con un par de canciones muy largas (que no bajen de quince minutos). Espero que así sea. De momento, ahí va una pildorita para subrayar que ya viene el tiempo de sacar la bicicleta y sentir lo que dice la canción al principio, que soy yo con la bicicleta que hago rodar el planeta.



sábado, 11 de mayo de 2013

Aquel niño

Aquel niño huraño, agresivo, rarito, conflictivo, del que todos huíamos. Aquel que intentó acuchillar a un compañero en el comedor del colegio. El irascible. El que se leía los diccionarios desde la A hasta la Z. Despreciado, temido, a veces hasta admirado. Aquel niño hoy es un hombre, y viendo sus fotos y comparándolas con muchos de los que compartimos clase con él, casi se diría que es ahora el más normal de todos. Incluso el más feliz.

A veces parece que todos hemos de cumplir con ciertos cupos en nuestras vidas. Unos los tienen más o menos homogéneos a lo largo de la vida, y otros los acumulan en distintas fases.

lunes, 6 de mayo de 2013

Son Dureta: el Pripyat palmesano.

Los lugares abandonados tienen un aura especial. La soledad y el desuso tienen un efecto que acelera el desgaste, lo que provoca que en poco tiempo se vean decrépitos y desolados. Decadentes. Se hace difícil creer que estén vacíos, que no haya más vida que la de las plantas y pequeños animales que allí puedan haber, y nuestra imaginación los puebla de entidades que los habitan. Es, por decirlo de alguna manera, un vacío lleno. 

En Palma tenemos desde hace poco tiempo (dos años y medio) una instalación abandonada de enormes dimensiones. Me refiero al viejo hospital de referencia para las Islas Baleares, el emblemático Son Dureta. Ya he escribí sobre el traslado y sus avatares, pero hoy toca hablar del cadáver del hospital. Es difícil encontrar alguien en la isla que no lo conozca o que no lo haya pisado alguna vez. Y todo el mundo conviene en que es desagradable tener aquel complejo de varios edificios, vacío y oscuro, allí ubicado. Los que allí hemos trabajado le tenemos un cierto cariño (sos muchas horas y sucesos vividos allí dentro), pero estamos en general de acuerdo en que pasar junto a él da malas vibraciones. 

Son sólo dos años y medio, pero da pena ver el lugar. la vegetación empieza a adueñarse de la explanada de asfalto que otrora fue el aparcamiento, algunos muretes ya han caído (o han sido derribados), las persianas todas bajadas. Y la oscuridad. La falta de luz por las noches es lo más llamativo. Ni una ventana iluminada, ni una de las farolas que hay en el recinto en marcha. Es un enorme agujero negro en la ciudad, de una negrura casi física, espesa y viscosa, que de algún modo te atrapa y te contagia. Se te queda mal cuerpo cuando pasas junto a Son Dureta. Yo al principio, si con el coche pasaba cerca, daba un pequeño rodeo para verlo, por aquello de la nostalgia. Ahora ya no, intento evitarlo. No quiero pensar lo que ha de ser deambular por sus pasillos, por sus quirófanos y habitaciones en las que aún hay algunas camas, ahora que la actividad hace tiempo que ha cesado y el olor del abandono debe impregnarlo todo. No negaré que me gustaría hacer alguna visita (confieso que al poco de cerrarse, tan sólo un par de semanas después, estuve a punto de colarme, pero me eché atrás ante la visión de un pasillo de servicio repleto de bolsas y cajas sobre las que caía una catarata de agua que vertían unas tuberías ya rotas), pero iría muy acongojado.

Imaginar el complejo hospitalario de Son Dureta a día de hoy me ha traído a la cabeza las imágenes de Pripyat, la ciudad abandonada tras el accidente de la central nuclear de Chernobyl. No han pasado tantos años, ni ha sufrido el efecto de la radiación, pero uno no puede evitar pensar que Son Dureta es, a día de hoy, y por una temporada (hasta que se decidan las autoridades, que dicen tener planes), nuestro pequeño Pripyat particular.
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