jueves, 31 de agosto de 2006

Mis personajes favoritos (II). Nicolás Maquiavelo.

“...quien engañe, encontrara siempre quien se deje engañar, todos verán lo que aparenta y pocos lo que es, y estos pocos no se atreverán a ponerse en contra de la mayoría...”

Nació en 1469 y murió en 1527. Italiano. Es uno de los grandes nombres que dio el Renacimiento. Su vida fue un continuo ir y venir de cargos públicos, motivados por los vaivenes que padeció su Florencia, con su república de Savonarola, su Lorenzo el Magnífico y todas las movidas con el papado y el rey de Francia. Debido a sus experiencias vitales con el poder, tuvo que aprender a ganarse y a mantener los puestos que conseguí, puesto que no sabía cómo podía acabar la cosa. De ahí sacó las enseñanzas que expone a lo largo de su obra. Y lo cierto es que le funcionó, porque consiguió destacar y llegar a cargos importantes en todas las fases por las que pasó Florencia a lo largo de su vida (también hubo malos momentos, sobretodo cuando los cambios se producían, pero siempre conseguía llegar arriba). Fruto de sus experiencias es El príncipe, manual para el gobernante recién llegado al poder que debe conseguir el respeto de sus rivales y del pueblo. Esta obra es una auténtica obra maestra, de lectura obligada para todo aquel que quiera saber acerca del poder. Su tesis principal es que la política es algo distinto a la moral, que son ámbitos incompatibles, y por lo tanto las cosideraciones morales deben desaparecer de la política. Porque el objeto de la política es el poder, y lo que todo político busca es llegar al poder. Por eso hay que actuar en consecuencia, sabiendo que los rivales ansían el mismo puesto, y que para evitarlos hay que neutralizarlos. Asímismo, el pueblo también es un riesgo a la hora de mantener el poderr, y hay que tenerlo contento sin perder ni un ápice del poder que se tiene, sin entregarse a él. Para ello hay que engañar e incluso matar si es necesario (pero sólo si es estrictamente necesario, porque un abuso podría acarrear la imagen de mentiroso o de cruel, nada buena para tener el respeto de los gobernados). El buen político es el que tiene virtud, y por ella sabe ver las oportunidades que el destino pone en su camino y las sabe aprovechar.

Otras obras a destacar son los Discrusos sobre la primera década de Tito Livio, en los que se muestra muy distinto a la anterior obra. Aquí aparece la idea de que el mejor gobierno posible es el de la república que toma como modelo la república romana de antes del Imperio. Aquí el pueblo es el que elige y el que gobierna a través de sus representantes. La diferencia respecto al príncipe es notoria, pero se explica si se tiene en cuenta que el príncipe es un manual para regímenes recién creados o familias recién llegadas al poder, que por lo tanto necesitan hacerse valer y demostrar que son los más adecuado para el puesto. En los discursos la situación es muy diferente. Aquí el gobierno es estable y tienen una larga tradición. No son necesarios los engaños ni las manipulaciones. El régimen está asegurado.

Pero Maquiavleo es mucho más que teoría política. Alguna novela, obras de teatro, diálogos... completan la producción de un auténtico humanista. Su influencia ha sido enorme en la política y en muchos otros campos.

Con el tiempo, y principalmente gracias al príncipe, Maquiavelo ha adquirido mala fama y ha dado lugar al adjetivo maquiavélico, que se suele usar para referirse a personas malvadas y manipuladoras. Y a menudo vemos a uestros políticos que se acusan de ser maquiavélicos. Aunque es verdad que hay algo de eso en la obra de Maquiavelo, esta imagen procede de una comprensión parcial, ya que su ideal no era ése, y si dijo lo que dijo, sólo era de forma circunstancial (porque al fin y al cabo, el poder es el poder, y es lo que el gobernante debe querer conservar para poder hacer el máximo bien a su pueblo). Y, en cierto modo, si a un político lo llaman maquiavélico, lo están alabando (o están aplicando la teoría maquiavélica, intentando denigrar al rival para poder acceder ellos al poder). Porque la verdad, no se me ocurre otra forma de ser político que siendo maquiavélico.

Y finalmente, la famosa frase que se le atribuye, eso de que el fin justifica los medios, no aparece en ninguna parte de sus obras, es pura leyenda urbana.

miércoles, 30 de agosto de 2006

A night at the hospital


Sopor. Los párpados pesan. Los ojos escuecen. Son casi las 5 de la madrugada y el cuerpo pide dormir. Dentro de un rato intentaré dar una cabezadita. Si me dejan, claro, porque nunca se sabe lo que puede pasar. Los cuidados intensivos son una bomba de relojería. En cualquier momento se puede inestabilizar algún enfermo, y pasar de una noche plácida al ajetreo y las carreras. En ese caso el sueño pasaría a un segundo plano, desplazado por la acción. Pero de momento no es el caso. Salgo de la unidad, aviso a las compañeras de que estoy fuera un rato. Los pasillos, llenos de cajas apiladas y aparatos que no tienen ningún otro sitio para ser almacenados. No hay nadie. No se oye nada. Hay zonas oscuras, puertas que llevan a la nada, un fluorescente que parpadea (me digo que habrá que poner un parte a mantenimiento, pero al cabo de medio minuto ya se me ha olvidado). El office está vacío. La mesa llena de restos de comida de los últimos que han ido a hacer un tentempié. La ventana, abierta. Hay una silla debajo. Me asomo, apoyando la rodilla en ella. Hace fresco. El verano empieza a terminar. Fuera está el aparcamiento, casi sin coches. El guardia de seguridad está haciendo una de sus rondas. Llega un taxi, se bajan dos chicas. Parecen extranjeras, y por sus atuendos, vienen de fiesta. Me pregunto qué les habrá ocurrido para que tengan que venir a urgencias. No lo sabré nunca. Bostezo. Contemplo el enorme pino que hay junto al edifcio de los vestuarios, que una vez, en un temporal de viento, más o menos a esta misma hora, dejó caer una de sus ramas. Menos mal que fue de madrugada, porque casi todo el hospital pasa por debajo suyo a la hora de los relevos para irse a cambiar. Algún grillo canta. En el cielo, ninguna nube. Se está de maravilla. Pero el sueño es más poderoso que el bienestar del momento. Vuelvo a bostezar. Creo que me vuelvo a la unidad, a ver si lo dejo todo controlado y puedo dormir un poco. Buenas noches.

sábado, 26 de agosto de 2006

Jornada laboral


Reflexiones tras una dura jornada de trabajo:

¿Porqué hay dados en los que no sale el cinco ni patrás?

...¿Y otros en los que sólo salen seises?

viernes, 25 de agosto de 2006

Primeros recuerdos


Prosigamos con el tema de la memoria. Hoy toca hablar de los primeros recuerdos. Nuestra memoria no empieza desde el momento en que somos capaces de percibir y de registrar lo sucedido, eso supondría que recordaríamos cosas del útero materno. No sucede así. En cuanto tenemos la madurez neurológica suficiente es el momento en que el cerebro puede almacenar datos de los sentidos (tanto externos como internos). Eso empieza a suceder más o menos hacia los dos años de vida. Pero la memoria es aún muy frágil, y a penas recordamos nada de esa etapa. Tan sólo pequeños flashes, fotografías que no se sabe muy bien hasta qué punto son recostrucciones a partir de un mínimo dato que no sé porqué se ha quedado ahí (vamos, que no podríamos asegurar al 100% si sucedió de ese modo).

En mi caso son dos instantáneas, dos flashes. Uno de ellos es feliz, el otro no. Datan de cuando mis padres y yo vivíamos en Barcelona (eso duró hasta mis tres años). El feliz es un objeto. Un filtro de aire de un coche que me encontré en un parque al que mi madre solía llevarme. Sólo recuerdo el filtro, que era como el de la foto, no el parque ni los juegos (lógicamente, jugué hasta que mi madre se dio cuenta y me quitó ese extraño objeto). El otro es el de una carrera en taxi de camino al hospital. Jugando con una manguera me golpeé un ojo, y lo único de lo que me acuerdo es de mi llanto y lo que vi en un momento mientras íbamos al hospital. Recuerdo un cruce, uno de esos típicos del ensanche barcelonés. Yo estaba tumbado en el regazo de mi madre, con un ojo doliéndome muchísimo, llorando. A través de las lágrimas del ojo bueno sólo veía las partes altas de los edificios. Pues bien, sólo recuerdo un cruce, con los edificios haciendo chaflán, los balcones y los tiestos que en ellos había.

Dos únicos recuerdos, dos fotos de mi primera infancia. No sé cuál es anterior. Tengo una cicatriz en un dedo. Me han contado que me la hice con un cristal de una botella. No me acuerdo. Era por la misma época. ¿Porqué se me quedaron unas cosas y las otras no?¿Tiene alguna clase de significado?.

Reflexión no demasiado descabellada: la memoria es narcisista, autocomplaciente. Se alimenta de sí misma, se necesita para seguir funcionando. Cuanta más, mejor. Tal vez por eso lo primero es lo más débil, porque no tiene otros recuerdos sobre los que sostenerse y crecer.

jueves, 24 de agosto de 2006

Conspiranoia


Hay que ver lo que la mente llega a crear en según que menesteres. Estoy pensando principalmente en los amorosos. La de interpretaciones forzadas y reforzadas que podemos inventar para mantener nuestras esperanzas o para sufrir. En esos momentos estamos en una especie de hipersensibilidad a cualquier estímulo.

"Hoy me ha so nreído. Eso es que le gusto (un poco, o al menos le caigo bien, porque si no, no sonreiría como lo ha hecho)".

"Aquello que me dijo, tal vez era una forma sutil de haceme entender cierta disposición hacia mí".

"Está muy simpática con ese tío. Mmmm. No me gusta su forma de hablar con él. Ay, que me acaba fastidiando todo el trabajo que estoy haciendo. Pero ella es lista y seguro que se acabará dando cuenta de que yo valgo más la pena".

Delirios y humo, porque en realidad ni siquiera te ve como amigo, simplemente es que es muy maja y es así con todo el mundo. Lo que sí es verdad, es que se acabará yendo con el otro, dejándote con dos palmos de narices, y dando alas a tus conspiranoias.

miércoles, 23 de agosto de 2006

Etimologías


Usamos las palabras sin saber lo que significan exactamente, creyendo que quieren decir una cosa cuando en realidad significan otra (o al menos no al 100% lo que creíamos). Las palabras, tan neutras y asépticas, tienen historia, y puede llegar a ser sorprendente lo que esconden en ellas. Por eso me encanta descubrir los significados ocultos que encierran, o lo que han querido decir en otros tiempos o en el idioma original del que provienen.

A modo de ejemplo: recordar, del laín recordare, literalmente "hacer volver a pasar por el corazón". Con ello pone de manifiesto que el corazón es el auténtico órgano vital, que todo en la vida tiene una base sentimental, y que si queremos evocar algo del pasado con más o menos la misma intensidad, hay que volverlo a hacer pasar por el órgano del sentimiento, por el corazón.

domingo, 20 de agosto de 2006

Nostalgias

A menudo me descubro recordando a gente del pasado. Me ocurre especialmente con mis compañeros de clase. LA gran mayoría de ellos siguen siendo niños en mi memoria, puesto que así fue como dejaron su última huella en mis neuronas. Me acuerdo más de los que compartieron conmigo algún tiempo, que jugamos juntos o que fuimos amigos durante una temporada. Parece mentira cómo hay personas que son inseparables por una temporada y que luego, con el tiempo y los azares de la vida se van separando y se pierden la pista. Ocurre mucho con los amigos de la infancia. Se termina la enseñanza obligatoria, se va cada uno a distintos lugares a estudiar..., y se pierde el contacto. A alguno de esos amigos los sigo manteniendo, pero hay otros con los que me hubiera encantado seguir en contacto. Los del bachillerato los he perdido casi todos. Y con los de la universidad mantengo irregulares contactos (salvo un par). En cualquier caso, mi pensamiento no va hacia ellos, porque con ellos no hay nostalgia, sino que el presente y el pasado pueden con el pasado que he vivido con ellos. Con ellos siempre hay una buena experiencia en el futuro. Con los otros, con los perdidos, sólo hay pasado, y por eso surge la nostalgia. Hay días en los que me encantaría encontrame con alguno por la calle. Sería toda un hallazgo que me alegraría por unos días. Aunque, seamos relistas, no sabría qué decirles, más allá del consabido "qué ha sido de tu vida". Algunos han muerto, de otros sé algunas cosas que me llegan a através de terceros, y de otros no sé absolutamente nada, pero siempre procuro tener algún momento para ellos, para recordar aquel juego, o aquella vez que nos fuimos al cine en tropel, o cuando nos pilló aquel profesor en el pasillo por dónde se suponía que no podíamos pasar y nos cayó un buen castigo (lo llamábamos "misiones", ir a los sitios prohibidos del colegio durante el recreo), o cuando aquél trajo una revista pornográfica que devorábamos en un rincón del patio, vigilando que nadie nos pillara, o aquella niña a la que nunca me atreví a decirle nada y que tal vez ahora ya tenga algún hijo... Momentos, rostros. Instantes que a veces me sorprenden porque los recuerdo como una película, como si en realidad los hubiera vivido otra persona. Y en verdad es así, porque aquél niño no soy yo. Mejor dicho, yo soy aquél niño, con unos cuantos años más. Vamos, que no soy yo.

El tiempo pasa, y vamos dejando detrás de nosotros restos de nuestra vida, ruinas que se pierden y que a veces rescatamos del olvido, pero que ya nunca más van a volver. Tal vez sea mejor así.



The Connells. '74-'75

miércoles, 16 de agosto de 2006

Mis músicas favoritas VI. La gran orquesta republicana


Lado bueno

Hoy quiero presentaros otro grupo mallorquín (no me llevo nada por la promoción, lo aseguro). Se trata de La Gran Orquesta Republicana. Empezaron ya hace algunos años en la escena independiente mallorquina aportando un solplo de aire fresco (vaya topicazo) con sus reggaes y skas combinados con buen guitarreo y letras contudentes (el nombre ya indica por dónde van los tiros). Pero no todo es reivindicación política, sino que también tienen un lado divertido y fiestero que demuestran en cada uno de sus conciertos. Son una banda más de directo que de estudio, pero ninguna de estas facetas es deficiente. Camisas hawaianas, sección de viento, percusión, bailes en el escenario, todo colabora a hacer de sus actuaciones un espectáculo festivo y divertido. Han sacado cuatro CDs a la venta: Todos locos, todos contentos (1997), Lo importante está en tu cabeza (1999), Optimista (2001), y Abrazos (2004). Puesto que pongo unas cuantas buenas muestras de la música que hacen, prefiero no decir mucho y animaros a que lo veáis y lo oigáis (cualquier descripción sería insuficiente). A pesar de estos pocos discos son muy prolíficos, y son frecuentes sus actuaciones por Mallorca y por el resto de España, donde son conocidos en los circuitos independientes, así como las colaboraciones en recopilatorios varios. Como prueba de esta inquietud musical que padecen, sólo decir que varios de sus miembros forman el cuarteto Wonderbrass, del que ya hablé en otro post el 9 de Junio (y del que he encontrado algunos videos que algún día pondré).

Termino con un video que he encontrado, que recoge un gran momento del batería de la banda:


Y también una canción, Optimista, todo un himno para ponerse en los momentos bajos:

martes, 15 de agosto de 2006

Giros


Ismael Serrano. Sucede que a veces.

Es sorprendente cómo pueden cambiar las cosas. Llevas una temporada con el ánimo bajo, entre deprimido y cabreado, a disgusto con el mundo, sin encontrarle sentido a nada y sintiéndote a parte de todo. Y de pronto, en menos de 24 horas, te suceden varias cosas que hacen que remontes el vuelo, que te despiertan y consiguen que te alegres y vuelvas a estar dispuesto a comerte el mundo. La vida tiene estas cosas.

Nota hipocondríaca: ¿Y si tengo un trastorno bipolar?

lunes, 14 de agosto de 2006

Pacientes



Sigamos con el mundo médico. Hoy me apetece hablar y criticar las distintas denominaciones que los enfermos han tenido a lo largo de los años.
La más conocida y popular es la de paciente. Es, tal vez, la que mejor cuadra con el papel que juegan los enfermos en el ámbito sanitario. En primer lugar, porque padecen una enfermedad. Esto en sí mismo ya es una evidencia de la concepción de la enfermedad y del sujeto humano que se ha venido manejando desde hace siglos. Cuando pillamos algo, no somos enfermos, tenemos enfermedades. Es como si la enfermedad fuera un accidente, algo con lo que chocamos, que se incrusta en nosotros y que debe ser eliminado de ahí. Por eso somos pacientes. Pero también somos pacientes porque al ir al médico o al ir al hospital realizamos un acto de delegación en el personal sanitario. Las riendas las toman ellos. Quedamos al margen, asumiento un papel pasivo. Nos pinchan, nos dan medicinas, y nosotros solo hemos de estar ahí y dejar que nos quiten eso que se nos ha incrustado. No hace falta decir que el papel pasivo no es suficiente. Al estar enfermos, no se debe olvidar que somos nosotros, y que si no somos actores en la recuperación, poco vamos a poder hacer (podrán quitarnos la enfermedad, pero no con ello habremos alcanzado la salud).

Otra denominación es la de cliente. Está sí que suena fatal, y pocos son los que en el ámbito sanitario la aceptan, aunque aparece de cada vez en más manuales. Es fruto del avance de la concepción del mundo que se basa en ver todo como mero producto de cálculo de costes y beneficios. Como si los enfermos fueran a comprarse una camisa y miran distintos modelos y precios. Claramente es un nombre que no es adecuado.

Prefiero llamar enfermos a los enfermos. Pero en el sentido fuerte y existencial. Porque son enfermos. Y parte de lo que se debiera hacer, además de, lógicamente, tratar los síntomas y las posibles causas físicas de la enfermedad, es animarlos a que intrvengan en su curación. Porque el principal interesado en sanar es el propio enfermo. Y porque sin él, nuestro trabajo no es más que una simple aplicación de protocolos mecánicos.

sábado, 12 de agosto de 2006

Odio espontáneo


Hay gente que tiene la capacidad de despertar en mi sensaciones desagradables. Su sola presencia hace que me ponga de mal humor. Y lo cierto es que no me han hecho nada. Pero hay algo en ellos, su mirada, su gesto, su postura..., que hacen que me caigan mal automáticamente. No suelo creer en eso de que la primera impresión es la que cuenta, pero con estas gentes funciona. Seguro que hay alguna clase de explicación (feromonas, psicología, algo habrá), pero realmente importa poco cuando se trata de sensaciones.

La cuestión es que me está ocurriendo esto con alguien en mi trabajo. Y de una forma violenta y sorprendente, que debo confesar que nunca había sentido. Ya desde el primer día no me entró por el ojo derecho. Pero acontecimientos posteriores están agravando el asunto. Basta con que aparezca por mis pensamientos o que alguien lo nombre para que sienta en el estómago una retorsión desagradable. Y me jode, porque está rompiendo algunos de mis esquemas. Tendremos que sobrellevarlo de algún modo.

viernes, 11 de agosto de 2006

Operación Bojinka II

Cuanto más gastas, más vales. ¿Qué víctima vale más?. ¿Qué compañía estará facturando la llamada o SMS?.

Como estoy más perezoso de lo normal, y tengo menos tiempo (o quiero tener menos tiempo, cosas de los trabajos que uno tiene que terminar), en lugar de escribir algo, aprovecho lo que otros escriben. Sería parasitismo si no citara al autor, reconociendo así su mérito. Y para no buscar mucho (ni mi pereza ni mi poco tiempo me lo permiten), vuelvo a poner otro artículo del desconcertante Matías Vallés (qué queréis que le haga, es mi columnista de cabecera). Y para hacer honor al nombre del blog, habla sobre aspectos de la realidad del mundo. Lo que yo me pregunto de cada vez más es: ¿de qué realidad estamos hablando?.
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Operación Bojinka II

Ayer fue interceptada en Londres la Operación Bojinka II, con un notable estrépito del que nunca gozó la Bojinka original. En enero de 1995, Al Qaeda planeó desde Filipinas la explosión simultánea de once aviones estadounidenses -oído al número- sobre el océano Pacífico. La trama fue desarticulada dos semanas antes de la fecha prevista para los atentados, por lo que el terrorismo islámico se concentró desde entonces en el diseño paciente del 11-S. Hoy vuelve a ser día 11, con esa exasperante regularidad mensual, y vivimos con el miedo de lo que pudo haber sido, si reactores cargados de turistas británicos hubieran estallado sobre el Atlántico. Vamos a reprimir como siempre el impulso congratulatorio hacia la autoridad, para plantearnos algunos interrogantes.

Once años después -oído al número- de Operación Bojinka, ¿dónde está Bin Laden? Ni la colaboración conjunta de Inglaterra y Estados Unidos permitiría mantener oculto, durante tantos años, al líder supremo de Al Qaeda, refugiado en países presuntamente amigos, Afganistán y Pakistán. Por no hablar de su segundo Al Zawahiri, ambos estrellas televisivas con más audiencia que Bush y Blair. Lo cual nos lleva a la segunda pregunta, ¿no es curioso que Operación Bojinka II coincida con el peor momento político de los mandatarios anglonorteamericanos electos -semielecto, en el caso del estadounidense-, y cuando Israel agradece una cortina de humo para su campaña terrestre en Líbano? La tercera pregunta es, ¿quién fabrica a mil terroristas suicidas en activo -o en pasivo después de ser activos- al año? Reservamos el cuarto interrogante a nuestro querido público mallorquín. ¿Compensa concentrar los efectivos policiales en la piscina mejor protegida del mundo, ante la escalofriante hipótesis, ayer elevada a teoría, de un atentado en un avión Palma-Londres? La innovación no distingue a Al Qaeda, la torpeza distingue a sus perseguidores.

(Nadie sabe exactamente qué significa Bojinka, pero tiene algo que ver con explosión. Habitamos el planeta Bojinka, en cualquier caso).
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Por cierto (añadido mío): el pasado día 11 de Julio (otra vez el 11, ¿casualidad?), si no recuerdo mal, hubo un atentado de esos masivos que tanto preocupan si se producen en nuetro primer mundo. ¿Dónde fue?, creo que en Indonesia o por ahí, no lo recuerdo bien. La cuestión es que se le dedica más tiempo a unos atentados frustrados, con su ristra de potenciales blancos muertos (nunca sabremos cuántos han podido morir, cientos, miles, decenas de miles..., seguro que cuántos más, mejor, y más serias parecerán las tertulias comentando la masacre) que a uno que sí que ocurrió y que se llevó por delante a X vidas (¿Cuántas fueron?, ¿importa algo?).

domingo, 6 de agosto de 2006

Medicina objetiva y medicina subjetiva


La tecnología invade cada vez más ámbitos de nuestra vida. En realidad no es nada nuevo, ya que desde el primer homínido que manejó un útil de piedra se entró en la era de las tecnologías. Pero en las últimas décadas el proceso de avence tecnológico se ha acelerado hasta límites insospechados. Todo se ha transformado, y no es posible predecir cómo estaremos dentro de quince años o veinte. Ello tiene muchos beneficios, es evidente, pero también aporta nuevos problemas, que debemos intentar solucionar. Es posible que nos veamos desbordados por estos problemas ante la avalancha continua de nuevas tecnologías a la que no nos hemos acabado de acostumbrar en los últimos treinta años.
Pero no es sobre eso sobre lo que quería hablar. Hoy me quería referir al impacto de la irrupción de los nuevos medios tecnológicos en la medicina. En apariencia, se trata de una mejoría en la atención a los pacientes. Es lógico, mejores aparatos que permiten diagnosticar mejor y tratar mejor las dolencias que padecemos. Ciertamente es así. Pero hay también en esto un cambio mucho más profundo que afecta a la naturaleza misma de la medicina, a su núcleo central, y este cambio no todo el mundo lo ve. Podríamos hablar de cambio de paradigma en la práctica médica. Antes, un buen médico se caracterizaba por su ojo clínico, por la capacidad de deducir, a través de los síntomas, la enfermedad que teníamos. Para ello la experiencia y la sabiduría eran vitales. Había que acercarse al paciente, escucharlo, atenderlo, y con lo que comunicara y la experiencia del médico, elaborar un diagnóstico y proponer un tratamiento. Era la medicina basada en los signos y síntomas.
Hoy en día, y de cada vez más, la medicina se basa en las pruebas diagnósticas. Los síntomas son sólo una fase primaria y de mera recopilación de datos. A partir de lo recopilado se calculan las posibles enfermedades que se tengan, y se van a buscar. Así de sencillo. Es una labor muy mecánica. Y prueba de ello es el hecho de que se funcione a base de algoritmos. Si se presenta A, entonces se hace B. Así funciona la medicina. El paciente es sólo la excusa para poner en marcha la cascada de pruebas diagnósticas, que son la clave de bóveda de la medidina actual. Hay muchos médicos que se lanzan a pedir toda clase de pruebas, a ver qué es lo que sale. Y efectivamente, sale algo, siempre aciertan. Cazar moscas a cañonazos, y siempre con la ayuda de los protocolos, que guían toda la actuación. El conocimiento ha sustituido a la sabiduría.
En un mundo cada vez más objetivo (en el sentido de que todo es objeto, todo es un algo "a la mano"), la medicina se ha olvidado del enfermo, y sólo atiende a la enfermedad. ¿Pero qué sería de la enfermedad sin enfermos?. No se puede olvidar la dimensión subjetiva que todo fenómeno tiene. Y la intermediación de la tecnología hace que una relación intersubjetiva (entre el médico y el enfermo) se transforme en el afrontamiento objetivo de un hecho objetivo (de la ciencia médica y todo su arsenal diagnóstico y terapéutico, y la enfermedad y sus agentes causales). Con ello se pierde de vista esa relación intersubjetiva, constituyendo una nueva separación entre las personas que padecemos desde hace ya tiempo.
No voy a negar la utilidad de las tecnologías para la medicina. Es algo evidente. Miles de personas están vivas, y quién sabe, a lo mejor hasta están leyendo esto, gracias a ellas. Lo que quiero es poner sobre la mesa el cambio de paradigma que se ha producido en la medicina y cómo con él se ha perdido algo importante para el ser humano.

¿Nos sirve de algo estar sanos sin estar curados?
¿En quién confiamos más, en los médicos o en sus aparatos? (nótese que muchas clínicas se anuncian no por tener a tal o cual médico de prestigio, sino por tener las últimas tecnologías entre sus equipaciones).

viernes, 4 de agosto de 2006

jueves, 3 de agosto de 2006

Nuevos ricos


Los españoles nos hemos convertidos en unos nuevos ricos. Nos hemos vuelto pedantes, estúpidos, esnobs e insoportables. Nos resistimos a ver lo que antes éramos, y también a todo aquel que nos lo recuerde. No aguanytamos ninguna clase de contrariedad, y tenemos miedo de todo lo que pueda alterar nuestro estatus. Se habla por ahí del "milagro español", de lo mucho que ha crecido el país en apenas 30 años. En efecto, debe ser un milagro, porque algo tan "espectacular" no se logra tan rapidamente. El esfuerzo, el verdadero esfuerzo, no se recompensa tan fácilmente (aunque me temo que en eso seguimos siendo muy españoles, nos ponemos la medalla del trabajo que los fondos de cohesión europeos han hecho). A no ser que la cosa no sea tan espectacular y la cosa sea más bien ficticia. Más que milagro, habría que llamarlo "burbuja española". Algún día explotará. Pero mientras, tanto, en esa actitud tan de nuevos ricos, sigamos viviendo el presente, dilapidando la riqueza caida del cielo. Porque lo que se gana rápidamente no se valora igual, es como si no fuera propio.

martes, 1 de agosto de 2006

Deshojar la margarita


La pregunta clásica es: ¿me quiere, o no me quiere?

Pero yo me pregunto: ¿me gusta, o no me gusta?

Lo cual no es más que una forma de evitar otras preguntas más importantes: ¿quiero quererla, o no quiero quererla? ¿me atrevo, o no me atrevo? ¿tengo miedo, o no tengo miedo?

Una vez planteadas, y en la medida de lo posible, respondidas estas preguntas, hay que pasar a lo de la margarita. Pero me parece que en lugar de preguntarle a las flores es mejor hacerlo a las personas. Al menos su respuesta no depende del azar. ¿O sí?.

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