sábado, 12 de agosto de 2006

Odio espontáneo


Hay gente que tiene la capacidad de despertar en mi sensaciones desagradables. Su sola presencia hace que me ponga de mal humor. Y lo cierto es que no me han hecho nada. Pero hay algo en ellos, su mirada, su gesto, su postura..., que hacen que me caigan mal automáticamente. No suelo creer en eso de que la primera impresión es la que cuenta, pero con estas gentes funciona. Seguro que hay alguna clase de explicación (feromonas, psicología, algo habrá), pero realmente importa poco cuando se trata de sensaciones.

La cuestión es que me está ocurriendo esto con alguien en mi trabajo. Y de una forma violenta y sorprendente, que debo confesar que nunca había sentido. Ya desde el primer día no me entró por el ojo derecho. Pero acontecimientos posteriores están agravando el asunto. Basta con que aparezca por mis pensamientos o que alguien lo nombre para que sienta en el estómago una retorsión desagradable. Y me jode, porque está rompiendo algunos de mis esquemas. Tendremos que sobrellevarlo de algún modo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Suele ser algo natural, sobre todo en personas con un carácter más sensitivo.

No considero que esté mal; simplemente es imposible evitarlo.

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