Hay en nuestra cultura occidental (y en la oriental también) una tendencia que se ha venido desarrollando desde muy al principio. Se trata de la de distinguir entre cuerpo y alma. Esta distinción se ha expresado en numerosas formas, pero el núcleo central ha permanecido invariable. La idea es que hay en nosotros una separación, un corte entre nuestras "funciones superiores" y el cuerpo. Esta visión se profundizó y adquirió rango superior con Platón y luego con el cristianismo, pero desde antiguo venía hablándose de ello. Por ejemplo, sin salirnos de la antigua Grecia, en la Ilíada, al morir, a los guerreros se les escapa el aliento vital, el pneuma, lo que nosotros llamaríamos alma. Pero si acudimos a períodos más antiguos y a otras culturas, nos encontramos con formulaciones similares (el caso egipcio es paradigmático). El lenguaje también nos lo hace entender así, puesto que hablamos del cuerpo como de una posesión, como mi cuerpo, como si fuera algo que pertenece a otro algo (al alma, que constituiría el auténtico Yo).
El corte no se da entre dos entidades más o menos equivalentes, sino que una puede prescindir de la otra. Es muy común también que el alma sobreviva al cuerpo, que muere. Tal vez sólo sea una expresión desiderativa del instinto de supervivencia, que cuela así un imperativo corporal en todas nuestras realizaciones superiores (cultura, religión, arte...). Tal vez sea real lo del alma inmortal (o más longeva que el cuerpo). Eso es lo de menos. Lo que me importa, y lo que quiero expresar aquí, es la idea del corte, de la escisión y del abismo que existe entre estas dos realidades (más allá de que sean verdad o no, lo importante es que así lo creemos desde hace siglos).
La ciencia, tan apegada a lo objetivo (que haya algo objetivo presupone un sujeto enfrentado a ello, otra vez aparece la escisión) ha recogido y perpetuado la división, y ha hablado de mente y cuerpo, llegando a plantear enfermedades distintas para una y para el otro (enfermedades que poco tiene que ver entre sí, al menos teóricamente).
Lo que quiero mostrar es la naturaleza escindida del ser humano. Vivimos en la ruptura, en la raedura del ser, somos la raedura misma. Por eso tendemos a situarnos partidos, con un pie aquí y otro allá, perteneciendo a la vez a "mundos" distintos. Cuerpo y Alma, Libertad y Necesidad, Ser y Ente, Sujeto y Objeto...