Una de mis manías a la hora de culminar mis trabajos académicos es la bibliografía. Y es que no hay nada que me produzca más hastío que tener que poner todo el material usado en una lista. Con el tiempo, los trabajos se hacen más largos, densos y complicados, y exigen más consultas en otras fuentes, por lo que la bibliografía se hace más amplia. Y tener que escribirla me da siempre mucha pereza, tanto que a veces retraso los trabajos para no tener que vérmelas con la maldita sección de bibliografía. Si sólo fuera eso, ya estaría bien, pero lo peor es que hay mil y una formas de ponerla, y aunque se supone que debería haber un estándar aceptado por todo el mundo, no es así, y en cada sitio donde has de entregar cosas te imponen unas normas para citas bibliográficas, con lo cual acabas hecho un lío y no sabes cómo hacerlas. En fin, que aún me queda mucha bibliografía por citar, así que tendré que armarme de muuuucha paciencia.
viernes, 9 de mayo de 2008
Bibliografía
Una de mis manías a la hora de culminar mis trabajos académicos es la bibliografía. Y es que no hay nada que me produzca más hastío que tener que poner todo el material usado en una lista. Con el tiempo, los trabajos se hacen más largos, densos y complicados, y exigen más consultas en otras fuentes, por lo que la bibliografía se hace más amplia. Y tener que escribirla me da siempre mucha pereza, tanto que a veces retraso los trabajos para no tener que vérmelas con la maldita sección de bibliografía. Si sólo fuera eso, ya estaría bien, pero lo peor es que hay mil y una formas de ponerla, y aunque se supone que debería haber un estándar aceptado por todo el mundo, no es así, y en cada sitio donde has de entregar cosas te imponen unas normas para citas bibliográficas, con lo cual acabas hecho un lío y no sabes cómo hacerlas. En fin, que aún me queda mucha bibliografía por citar, así que tendré que armarme de muuuucha paciencia.
jueves, 8 de mayo de 2008
Paranoia móvil
En esta nuestra sociedad de rasgos compulsivo-paranoides, todo acaba convirtiéndose en una función más del círculo compulsivo. Porque muy a menudo, aquello que satisface el impulso también contribuye a alimentar la patológica situación. El teléfono móvil funciona según este esquema. Parece que tenemos una necesidad de comunicarnos, de estar en contacto con la gente (muy a menudo, para decir nada), y el móvil la satisface. Pero todos hemos comprobado cómo, desde que usamos el aparato, lo usamos mucho más de lo que utilizábamos los teléfonos fijos, a veces para comunicar auténticas chorradas ("no sabes aquién acabo de ver cogido de la mano de otro tío...", este tipo de cosas, ya me entendéis). Así, se crea un círculo vicioso en el que tendemos a necesitar cada vez más del aparato para mandar mensajes, hacer perdidas y llamadas tontas.
Pero el teléfono móvil tiene otro efecto pernicioso. Y es que retroalimenta nuestros rasgos paranoides. Porque se supone que casi todo el mundo tiene uno, y siempre lo lleva encima. Así, si no nos responden a alguna llamada, en seguida salta el resorte del buscar explicaciones. Y tarde o temprano aparecen las explicaciones más negativas: "no quiere cogerme la llamada", "le ha pasado algo", "soy un pesado"... Con los mensajes es lo mismo. Al final, la solución es tonta y no había motivo para tales conjeturas. Pero que tire la primera piedra quien nunca lo haya pensado. Y así, poco a poco, nos vamos volviendo mas huraños y desconfiados, e insistimos hasta que nos responden, a veces con motivos estúpidos, como una manera de controlar más de cerca, de confirmar si nuestras sospechas son ciertas o no. En definitiva, en casos extremos, el camino al manicomio puede ir de la mano del señor Nokia o de la señora Motorola. Pero aunque extremos, estos casos no dejan de ser sintomáticos.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Doble rasero

Servidor, que conoce y padece tanto la sanidad pública como la privada (como cliente y como trabajador), no deja de sorprenderse ante la actitud que muchos usuarios adoptan ante ambas. En Baleares el sector privado es muy potente, tanto que a veces que la política sanitaria es más para ellos que para los hospitales públicos, y hay muchísima gente que en la vida ha pisado uno de estos. En parte esto es debido al hecho de ser islas en la periferia del estado, lo cual nos ha dejado durante muchos años con unos servicios más bien deplorables. Si a esto le añadimos un crecimiento espectacular a casi todos los niveles en las últimas décadas debido al turismo, y cierto aristocraticismo de buena parte de sus habitantes autóctonos (que parecen no querer compartir salas de espera con no mallorquines), el terreno está abonado para que proliferen los establecimientos privados. Éstos han servido de mucha ayuda a la sanidad pública, ya que han evitado que la masificación sea mayor, aunque al mismo tiempo han colaborado en la prolongación en el tiempo de esta situación.
Al final, las diferencias no son tantas, porque desde la privada tienes que ir a hacer pruebas a la pública, y viceversa, ya que hay muchos convenios de colaboración y porque la sanidad pública ofrece una mayor cartera de servicios, cubriendo así las espaldas de buena parte de los establecimientos privados, que en cuanto se ven un poco apurados en seguida recurren a los hospitales públicos para que les saquen las castañas del fuego (la viceversa también es válida). En definitiva, los dos sistemas sanitarios están mucho más imbrincados de lo que parece, y a veces son difíciles de separar (eso por no hablar de que muchos trabajadores están currando al mismo tiempo en los dos). Pero en la psicología popular hay una gran barrera entre los dos, tanto que a veces parecen incompatibles.
Y me sorprende cómo se comporta la gente. Porque cosas que en la sanidad pública no se toleran (colas, listas de espera...), son sobrellevadas con cierta alegría por los usuarios de la sanidad privada. Lo que en una es masificación, mala organización y desastre total, en la otra es señal de prestigio y de distinción ("no, es que es muy bueno este médico"). Y al final, resulta que las diferencias no son tantas (es cierto que la pública está más masificada, y que por eso las instalaciones están más deterioradas y hay aglomeraciones detestables, como tener a cuatro enfermos en una habitación, por ejemplo). La diferencia mayor la marcna los usuarios y su comportamiento, que muchas veces deja bastante que desear en la pública (como es "gratuita", se creen con derecho a todo). En la privada, en cambio, todo va como la seda y muy poca gente alza la voz, cuando el hecho de pagar una cuota del seguro permite exigir con mayor fuerza algunos de esos derechos que en el otro lado se reivindican con tanta vehemencia.
Muchas veces me queda la sensación de que una gran parte de la gente (por no decir la mayoría) valora más el ramo de floresque te traen si pares o el periódico que todos los días te suben a la habitación que la atención sanitaria que te prestan. Porque en todas partes cuecen habas y por todo hay que ir alerta. Nos va la salud en ello.
martes, 6 de mayo de 2008
Jaime I en Kiliedro
Los territorios pertenecientes al Reino de Aragón celebran este año el octavo centenario del nacimiento del rey Jaime I de Aragón (1208-1276), conocido con el sobrenombre de El Conquistador por haber emprendido la ampliación de sus tierras más allá de las fronteras que recibió en herencia con considerable éxito. Esto le dio un aura de gran personaje, al mismo tiempo que permitió que Aragón se consolidase como un reino a tener en cuenta dentro la constelación de reinos que conformaba la península ibérica por aquel entonces (no sólo en el lado cristiano, sino también en el musulmán, que en la época de Jaime I se estaba desintegrando en Taifas).
Continúa en Kiliedro.
lunes, 5 de mayo de 2008
Extenuación
sábado, 3 de mayo de 2008
Mudanza
En estas ando metido. Es un coñazo, pero al fin y al cabo valen la pena todos los esfuerzos y los cabreos.
jueves, 1 de mayo de 2008
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