viernes, 30 de mayo de 2008

La fortaleza de lo frágil


Observo una gran fuerza en lo vulnerable, un impulso superador que lo lleva a vencerse a sí misma. Así, lo que en la teoría, y en la práctica, es más frágil, nos enseña cómo se mantiene entero a pesar de las fracturas. Hay en ello toda una lección de dignidad y de humildad para todos los que nos creemos fuertes y, en cierto modo, invulnerables a según qué cosas. Probablemente, llegado el momento, nosotros seremos aniquilados a las primeras de cambio. Y esto es algo que queda más allá de cuestiones como la justicia (divina o humana) o la moral, es algo de otra índole, no sé de cuál.

jueves, 29 de mayo de 2008

Mi frustración musical


Una de mis frustraciones más queridas es la de no haber recibido una formación musical adecuada. Lamento no saber tocar ningún instrumento. Nadie me apuntó al conservatorio cuando niño, y la asignatura de música era una de las "Marías" del colegio, lo cual se ha traducido en un desconocimiento muy lamentable de teoría musical (y de práctica también). Y eso, a mi, que una de las cosas que más me gusta de este mundo es la música, me apesadumbra. He intentado aprender, de forma autodidacta, a tocar algún instrumento, pero siempre acabo dejándolo.

A propósito de lo dicho, me gustaría plantear ese estatus de "María" de la música en nuestro sistema escolar. Como la música ocupa un lugar lúdico en nuestra sociedad, parece que esa asignatura es una especie de recreo, de interludio para poner entre matemáticas y lengua, para que los niños cantes y se distraigan un poco. Es una materia de esas de relleno. Creo que es un error. Antes de ser un negocio y un bien de consumo más, la música ocupaba un lugar central en la vida de la sociedad, y estaba asociada a sus rituales y momentos especiales, y no como un anexo o acompañamiento (a modo de hilo musical), sino como una de sus partes más importantes, como algo sin lo cual no existiría el rito, ni la sociedad misma.

La música es fundamental en nuestras vidas, aunque no la percibamos así y como tal debería serlo en la formación de nuestros niños. Pero no vamos a pedirle peras al olmo.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Diferir el blog


Hace poco he descubierto que en blogger se puede programar la publicación de las entradas. Así, se puede escribir algo hoy y darle la orden de que se publique dentro de varios días. Esto le puede dar, y le va a dar una nueva dimensión al blog, porque se produce aquí una diferencia entre el momento del escribir y aquél en el que se lee. Se producirá el extraño efecto de que yo escriba algo, pero que cuando salga a la luz ya no piense lo mismo, o que pudiera cambiar alguna cosa. En realidad, esto pasa siempre, puesto que cosas que escribí hace un año ahora mismo no las escribiría, o incluso puede que reniegue de algunas cosas. La cuestión está en que hasta ahora esto se producía con carácter retroactivo. A partir de ahora, todo será proactivo. Y esto lo hace más interesante.

martes, 27 de mayo de 2008

El timo de la independencia


Muchos confunden la independencia con el hacer lo que les dé la gana, y van de autosuficientes y emancipados, cuando en realidad son unos egoístas de cuidado y lo único que pretenden es pasar por encima de todo el mundo.

lunes, 26 de mayo de 2008

El durmiente del valle


Un hoyo de verdor, por el que canta un río
enganchado, a lo loco, por la yerba, jirones
de plata; donde el sol de la montaña altiva
brilla: una vaguada que crece en musgo y luz.

Un soldado, sin casco y con la boca abierta,
bañada por el berro fresco y azul su nuca,
duerme, tendido, bajo las nubes, en la yerba,
pálido, en su lecho, sobre el que llueve el sol.

Con sus pies entre gladios duerme y sonríe como
sonríe un niño enfermo; sin duda está soñando:
Natura, acúnalo con calor: tiene frío.

Su nariz ya no late con el olor del campo;
duerme en el sol; su mano sobre el pecho tranquilo;
con dos boquetes rojos en el lado derecho.

Arthur Rimbaud, Octubre 1870

domingo, 25 de mayo de 2008

Maximizar lo mínimo


Vamos por la vida buscando la novedad, lo sorprendente, lo que nos deje fuera de juego por unos momentos. Lo novedoso se ha convertido en un valor importante en nuestro tiempo (no siempre fue así). Pero hay un problema, que a la segunda vez que algo se presenta, ya no es nuevo. Y así, nos vemos impelidos a una carrera en pos de nuevas situaciones y nuevas experiencias.

Este hecho no es más que un síntoma de la pérdida que nos aflige. Yendo a la carrera como vamos, pasamos por las cosas casi sin mirarlas, creyendo que no tienen nada, no sabiendo ver todas las resonancias que en ellas encierran, todo lo que de sugerente hay en ellas. Hay que aprender a recrearnos en las cosas, en descubrir los tesoros que ocultan, dejar que ellas nos muestren. Incluso lo más nimio tiene algo (mucho) que decirnos.

sábado, 24 de mayo de 2008

Dos ruedas


Decía Nietzsche que como mejor se piensa es caminando, en marcha. Algo de eso debe haber, porque cuando se está en movimiento el pensamiento se agiliza, y se hacen conexiones imposibles de concebir en reposo. Si esto es así, cabe plantearse la cuestión de si ese pensamiento en movimiento se agiliza con la velocidad. Pero tiene que ser un movimiento activo, no vale el mero estar cómodamente sentado al volante, o volando de un lado a otro. El moverse al que me refiero no es un desplazarse, sino un movimiento corporal.

En este sentido, encuentro muy estimulante, en mi experiencia personal, el ir en bicicleta. Es el único deporte por el que siento alguna simpatía, y el único que practico (necesito espacios amplios, eso de estar corriendo dentro de un área de juego, o de ejercitar los músculos encerrado en un gimnasio no es lo mío), y siempre que me monto sobre las dos ruedas lo hago con un placer especial. Si se va en compañía las conversaciones adquieren un carácter distinto, parece como si se pudiera entrar con una perspectiva nueva en las cosas. Y si se va solo, las ideas fluyen a un ritmo a veces vertiginoso. Es muy interesante ponerse a pedalear cuando se está en plena erupción sentimental, cuando uno es un campo de batalla para las emociones. En estas situaciones el ejercicio ayuda a quemar los demonios, y todo adquiere otro color.

No es el mantenerme en forma, ni la línea, ni ninguna de las razones que otros arguyen para hacer ejercicio, sino porque a veces, uno acaba con la cabeza un poco más centrada (de forma temporal, claro) que cuando se había empezado. O, cuando menos, con alguna nueva entrada en mente, que siempre vienen bien. Y si no, pues al menos el cansancio hará que duerma mucho mejor.

Y tras lo dicho, el jarro de agua fría: con el ejercicio físico se liberan endorfinas, una sustancia similar a la morfina, que provoca bienestar y cierta euforia de carácter narcótico. Por eso todo parece volverse más ligero y se ve distinto. Esta explicación es más prosaica y le quita brillo a la cosa, pero que nos quiten lo bailado.

viernes, 23 de mayo de 2008

Atropello


Hace meses creí atropellar un gato. En realidad debo decir que crei atropellar algo. Salía de trabajar, un sábado a las 8 de la mañana. Acababa de arrancar cuando, no sé de dónde, vi salir a todo correr una figura negra desde la acera. Cruzó la calzada justo delante de mi, tan justo que antes de poder pisar el freno sentí el golpe. Lo noté en la parte delantera del coche, y también por debajo. Aquel animal (supongo que un gato, pero no pondría la mano en el fuego) debía de haber muerto. Frené, con el corazón acelerado, y miré por el retrovisor. Esperaba ver el cuerpo destrozado tendido en el asfalto. Pero no había nada. Ni siquiera un triste movimiento que me indicara que el bicho hubiera salido corriendo. Me bajé del coche, por ver si estaba debajo. No había rastro alguno, ni siquiera un golpe en el frontal del coche, ni un pelo, ni sangre ni nada. Desconcertado, me volví a meter en el coche, intentando olvidar lo ocurrido. Por el caminó se me ocurrió pensar que a lo mejor la violencia del golpe lo había incrustado en los bajos del vehículo. No me quedé tranquilo hasta que llegué y aparqué, y miré. Cómo no, allí no había ni un rastro del supuesto gato.

Con el tiempo, he llegado a dudar de que aquello ocurriera realmente. Salía de trabajar en el turno de noche, y el sueño a veces juega malas pasadas. Si fue una alucinación, la visión de aquel borrón negro y veloz saliendo de entre los automóviles estacionados y el golpe parecieron muy reales. Lo perturbador es que no hubiera rastro alguno de la víctima del atropello. Y todavía ahora, con el tiempo, no deja de pasarme por la cabeza en algunas ocasiones que tal vez el animal se quedara enganchado en alguna parte de los bajos del coche, en un lugar difícil de ver, y que sigue allí. Supongo que no, porque habría notado el olor de la descomposición. Pero a veces, cuando llego a casa a altas horas de la madrugada, temo que el gato negro se vengue y se abalance sobre mi en la soledad del párking. O eso, o el pobre, malherido, pudo seguir unos pasos hasta esconderse, donde agonizó en soledad hasta morir. Y que tal vez su cadáver aún siga en algún rincón olvidado de los solares que por aquella zona hay. No sé cuál de las dos opciones es más desoladora.

jueves, 22 de mayo de 2008

The Felice Brothers. Roll on Arte.

Un descubrimiento feliz y reciente: The Felice Brothers. Me gusta su estilo añejo y tradicional, parecen salidos de la América profunda, esa que hemos visto en tantas películas ambientadas en los años 30 y 40, pobladas de granjeros, vida sencilla y cierto fundamentalismo religioso. En apenas dos años de existencia se han abierto un hueco importante dentro de su estilo. La única pega que les pongo: hay momentos en que se nota demasiado la influencia dylaniana.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Estuporoso


Llevo un tiempo instalado en cierto estupor. En el estupor de ver cómo cosas que creía firmes e inquebrantables se derrumban (o mejor, se diluyen como azucarillos). El estupor de verme a mí mismo, que me creía tan descreído y en cierto modo de vuelta de muchas cosas, sorprendiéndome en el estupor (a esto podría llamarlo algo así como "el estupor del estupor"). Que sigan las sorpresas.

martes, 20 de mayo de 2008

Pioneros


Todo lo que no tiene nombre nos introduce en la zozobra, nos mete en un mar en el que no hacemos pie. Sin una palabra, sin un concepto, sin una pinza con la cual agarrar las cosas, éstas se tornan amenazadoras, en tanto que forman una masa indiferenciada que las hace indistinguibles (¿cómo saber si algo que no sabemos de qué se trata no es una peligro para nuestra vida?). Ha de ser duro ser un pionero, hallarse ante algo totalmente nuevo, tener que ponerle un nombre y, por decirlo de algún modo, presentarlo en sociedad. Por norma general, estos casos se acaban trasnmutando en descubrimientos, en momentos interesantes e incluso importantes. Pero claro, eso ocurre cuando ya se han fijado eso novedoso.

Ahora pensemos en un caso extremo: en la enfermedad. ¿Cómo nos sentiríamos ante un malestar al que ningún médico puede ponerle nombre? Pruebas y más pruenbas, pero nadie es capaz de decirnos cuál es nuestra dolencia. Puede ocurrir que se trate de una enfermedad de esas raras, con muy pocos casos y que, por eso, pocos médicos conozcan. Pero puede ser, también, que uno constituya el primer caso de una patología, el que inaugura la serie, el que, tal vez, sea descrito en las publicaciones médicas como rasero para esa nueva enfermedad. Debe ser duro ser un pionero de este modo (para el enfermo y para sus médicos, aunque la gloria del descubrimiento, seguramente, se la lleven éstos).

lunes, 19 de mayo de 2008

Sangría


Uno de los fenómenos que está acaeciendo en nuestro tiempo es el vaciamiento de las ciudades de cines. Los antiguos cines, con no más de una sala (que solía ser enorme) poblaban nuestra urbes. Y poco a poco van desapareciendo para dar paso a esas multisalas anexas a los centros comerciales, esos espacios en los que poder hacer de todo casi sin moverse. El cine junto a la boutique, junto a la sala de juegos, donde todo se confunde y todo se compra y se vende (el cine mismo). Pero aún quedan por la ciudad los restos de cuando ir al cine era un acontecimiento, algo más que ir a pasar un rato entretenido. Algunos se han tenido que reformar y adaptarse a la nueva situación (abriendo nuevas salas, acoplando chucherías varias a la puerta...). Otros se han quedado fosilizados, cerrados desde años atrás, mostrando carteles de películas de las que ya nadie se acuerda, acumulando polvo en sus taquillas. Y otros, sencillamente, han cerrado y han dado paso a otras cosas (hoteles, salas de recreativos, edificios nuevos, tiendas de moda tipo Zara, restaurantes, tiendas de los chinos...).

En el caso de Palma, ciudad que intento habitar, son muchas las salas de cine que he visto cerrar: abc, Palacio Avenidas, Hispania, Rialto, Chaplin (este dolió mucho), Lumiére, y el último, que yo sepa, la sala X (a la que nunca asistí, pero que era todo un referente para la ciudad, al menos en lo que al cachondeíto se refiere). Hay un caso especial: el del cine Astoria (en la foto). En 1999 bajó sus persianas, y desde entonces nunca se volvieron a subir. Allí quedó el cartel de la película que se proyectaba ("secuestrando a la srta Tingle"), como si aún fuera posible ir a verla. Todo estaba como detenido. La situación especial de ese cine, privilegiada (al final de las Ramblas, frente al Teatro Principal, en pleno centro de la ciudad), hacía que casi todo el mundo pasara por delante, que todos lo conocieran. Y aquel sitio, lleno de tiendas, de galerías de arte, de bares, mostraba la herida gris de aquella sala de cine, la brecha de esas barreras bajadas. Pero tenía su encanto. Cada vez que pasaba por ahí me preguntaba en cómo estaría la sala. La imaginaba llena de polvo, con sus asientos de terciopelo rojo y su pantalla gris al fondo. Tal vez (seguro) alguna rata había anidado en una de esas localidades. Y los insectos campaban a sus anchas. Visualizaba palomitas en el suelo, podridas, resecas, o algún trozo de algún pastelito, o un charco seco y pegajoso de refresco. Nunca fui a ese cine (no tuve la oportunidad), y el desconocimiento daba alas a mi imaginación.

Pero el presente acabó alcanzando a aquel resto del pasado, y lo transforma. Al poco de hacer la foto (no hace ni un año), empezaron las obras y, aunque aún no sé qué están haciendo allí, bien pronto no quedará ninguna huella del cine Astoria. Ya sólo estará en la memoria de los que paseamos por delante. Y que diremos a nuestros hijos (como hacen nuestros padres con otros cines, como el cine Born): "antes aquí había un cine, la sala Astoria".

domingo, 18 de mayo de 2008

Exigente


Escribir es algo más que juntar palabras con un coierto sentido. En mi modesta opinión, hay que añadirle un plus, poner algo ahí, dejar una huella (que no tiene porqué ser subjetiva). Los textos han de latir, han de transmitir un pathos. En lugar de explicar y cerrar, su tarea consiste en abrir. Abrir espacios, heridas, desvirgar sendas y problemas. Si al leer algo no siento esa punzada, esa apelación, pierdo el interés rápidamente, e incluso las letras impresas me parecen incomprensibles, aunque estén ordenadas según un idioma que pueda descifrar. Antes me obligaba a terminar de leer todo lo que empezaba. Ahora ya no, y no me importa dejar libros a medias si no logran decirme nada. Hay mucho por leer, y no hay mucho tiempo. Hay que ser cuidadoso con la selección de lo que se lee. Puede que el problema sea yo, que hoy y ahora no estoy receptivo para según que obras. Puede ser. Ya lo probaremos más adelante, si vale la pena.

Ya no leo para entretenerme. Para eso hay muchas otras actividades. Leo para desgarrarme, para sentir la estimulante inseguridad de la zozobra existencial. Y para eso no vale cualquier cosa.

sábado, 17 de mayo de 2008

Ecos de infancia


En los niños podemos descubrir, en algunos gestos, el adulto que serán. Más difícil y más mérito tiene encontrar en los adultos el niño que fueron.

viernes, 16 de mayo de 2008

Concomitancias


A veces parece que el mundo se sincroniza, que todo te conduce en una dirección muy determinada. Esto plantea un problema a nuestra libertad, puesto que en estos momentos la posibilidad de que todo ya esté escrito es más posible que nunca. Pero a pesar de ello, se siente uno en armonía con todo lo que le rodea, porque parece que está todo embarcado en el mismo viaje, y la sensación es, cuanto menos, peculiar (en mi caso, cuando esto ocurre siento una serenidad a la que podría calificar, a falta de palabras mejore, de budista).

Se ha señalado en no pocas ocasiones que algunos descubrimientos e ideas han sido planteados al mismo tiempo por distintas personas en lugares muy alejados, como si esas ideas estuvieran en el ambiente y algunas personas especiales, receptivas, las pudieran captar y concretar para el resto del mundo.

Hace poco he vivido uno de estos momentos en los que parece que todo se pone en orden, en que uno piensa una cosa que cree original y estupenda, para tropezar al día siguiente, de forma muy casual, con que alguien antes que él ha dicho lo mismo (y mejor, por supuesto), como si la realidad entera estuviera conspirando para que, al final y de un modo u otro, acabe pensando eso mismo. Supongo que recordarán ustedes la entrada del pasado 5 de mayo, un breve aforismo en el que hablo del poder que para la vida y la salud tiene la enfermedad. En realidad se trata de una idea que llevo tiempo mascullando, pero que viví con intensidad el otro día en medio de la enfermedad y del cansancio que padecía por aquellos días. Quiero que esta idea forme parte de mi tesis doctoral, pero eso no es el asunto de hoy. Lo que quería relatar hoy, y lo que ha motivado todo el discurso anterior, es la lectura, ayer mismo, de esta entrada en el diario de Jünger (me tengo que reprimir mucho para no poner cada día algo de estos diarios) del 28 de marzo de 1940:

"La enfermedad es una pregunta dirigida a nuestra vitalidad; damos respuesta a ella intensificando los signos de vida, como son los humores, la temperatura de la sangre y la energía del espíritu; esta última se vuelve tropical cuando tenemos fiebre. También son importantes los esfuerzos laberínticos que realizamos durante nuestros sueños febriles; a tientas vamos abriéndonos así paso hacia los escondidos tesoros de la salud. Lo que en el fondo ocurre es una prueba a que es sometido todo el corazón"

Creo que no se puede decir de un modo más brillante y atinado.

jueves, 15 de mayo de 2008

Me estoy quitando


En una de esas múltiples vueltas que da la vida, puede ocurrir que uno se prometa ir con más cuidado en las cosas del amor. Que se jure y perjure que no se dejará engatusar otra vez más. Que intente poner una barrera y hacerse el duro. Incluso que se diga eso tan manido de "no volveré a enamorarme". Sí, esas cosas ocurren. Pero no hace falta decir que muy a menudo, esto no son más que síntomas de que las guardias están más bajas que nunca. Y que cuando uno se cree invulnerable y en proceso de superación de todo el dolor acumulado, es cuando más fácil resulta que cualquier princesita nos rompa el corazón (incluso esa de la que pretendíamos desentendernos por enésima vez) de la manera más tonta. Porque a veces la prevención es una manifestación de la vulnerabilidad.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Ecos de anoche IV

Vanguardia musical en todo su apogeo. Combo de Louis Prima (por este orden):





Ya sé que es la segunda vez que pongo este video, pero tuve el honor de que fuera dedicada a servidor, motivo más que suficiente para volver a ponerlo.

martes, 13 de mayo de 2008

Canned Heat. On the road again.

Mítica banda, auténticos antropólogos e investigadores del blues. Y el tema, de lo mejorcito, me encanta llevarlo a tope en el coche.

lunes, 12 de mayo de 2008

Los derroteros de la ciencia


Cuando uno se asoma a los extremos de la ciencia contemporánea, se da cuenta de que se pierde pie, de que ese suelo que la misma ciencia parecía tener tan asegurado, se va haciendo trizas, y se entra en un terreno confuso e indefinido. Conceptos que parecían inamovibles e ineludibles son cuestionados e incluso negados: tiempo, materia... Las grandes construcciones científicas adquieren nombres muy sugerentes: teoría de la relatividad, principio de incertidumbre, dualidad onda-corpúsculo, matemática del caos, múltiples dimensiones... y muy a menudo da la sensación de que la ciencia haquedado atrás y se está en otra cosa.

domingo, 11 de mayo de 2008

Conducción psicodélica


Conducir cuando las condiciones de la percepción están alteradas es toda una experiencia. Los colores y formas expandidas o reducidas al azar, sin un patrón fijo, y todo se llena de destallos. A veces la vista se emborrona, impidiendo ver cualquier cosa de forma definida. El asfalto no se distingue de lo que no lo es, hasta el punto de que en lugar de deslizarse, parece que que el coche vuela, ya que lo de arriba y lo de abajo es igual y totalmente intercambiable. En estas condiciones, es imposible saber si se va en el carril correcto, ya que entre otras cosas las líneas han desaparecido. Sólo cabe extremar la precaución y encomendarse a los dioses para que lo protejan a uno.

La cuestión auditiva no ayuda a la visual. Se oye un barullo continuo, un ruido de fondo que ni siquiera subiendo el volumen de la música puede ser acallado. El volumen alto así conseguido, si bien insuficiente, le da una dimensión interesante a la situación, añadiéndole capas de densidad sensorial.

Toda la conciencia se centra en seguir adelante, en deducir de toda la maraña perceptiva lo que de verdad está ahí fuera, rellenando huecos y obviando lo absurdo. Se llega así a un estado de hipervigilia en la que uno se adelanta en el asiento, como queriendo proyectarse más allá del parabrisas y del coche mismo. El volante se agarra con fuerza, como si así se pudiera controlar mejor la máquina. Y se logra. Vaya si se logra. Aunque el riesgo siempre está ahí delante, acechando, a la vuelta de la esquina, con lo que la conducción se vuelve más cautelosa (en exceso, diría yo).

No sé, es algo que se ha de vivir, difícil de narrar. A ver cuándo tengo la posibilidad de repetir.

sábado, 10 de mayo de 2008

Metafísica


En torno al término "Metafísica" se cuenta la anécdota del compilador de Aristóteles Andrónico de Rodas, quien, al ordenar los textos del estagirita, se encontró con catorce libros (en realidad, papiros), que no sabía muy bien dónde colocar, pero que cómo parecían relacionados con los que él había llamado Física (en torno a la Physis, o sobre la Naturaleza) y venían detrás de ella, los englobó bajo el título Metafísica (literalmente "más allá de la Física"). Cierta la anécdota o no (en general se la tiene por verdadera, auque hay alguna discusión al respecto), el uso del término Metafísica puede generar no pocas confusiones y malentendidos. Éstos vienen dados por ese "más allá" que marca el prefijo "meta-", que nos lleva a apuntar a otra realidad, a un algo a parte y alejado de lo físico (uso aquí físico tomando el sentido etimológico, que podría entenderse como, sencillamente, lo natural), como una realidad etérea y eventualmente más pura que la contaminación de lo material. Así se ha malentendido el asunto en numerosas ocasiones, y debido a ello, en según que establecimientos donde se venden libros se pueden ver secciones de "metafísica" pobladas de textos esotéricos sobre fuerzas, energías y otros asuntos que en realidad poco tienen que ver con la metafísica real, la filosófica.

Porque a poco que uno se meta en estas temáticas, resulta que, más que un "más allá", lo que en la metafísica se juega es un "debajo", un fundamento. La metafísica es la disciplina del fundamento, del cimiento, de aquello que sustenta la realidad completa. El propio Aristóteles lo da a entender al llamar "hypokeimenon" a lo que está a la base de todo. Este palabro no quiere decir otra cosa que "lo que está por debajo" en griego. Traducido al latín queda mucho más comprensible: substantia, es decir, la instancia que está debajo.

Así pues, la metafísica trabaja en los sótanos de la realidad, enfangada en lo que la sustenta. En apariencia, es una labor invisible, y no apreciada ni mucho menos comprendida. Pero no se debe olvidar que todo edificio que se pretenda construir debe tener y tiene cimientos, que, por más que no se vean, son fundamentales (valga la redundancia) para su sostenimiento. Y alguien tiene que trabajar en ellos. Si no, estaremos construyendo castillos en el aire, amenazando ruiuda constantemente. Porque, y esto es algo que últimamente me nhe visto obligado a defender en numerosas ocasiones sin que se me comprenda del todo, debajo de todo lo que se quiera decir o hacer, hay una metafísica, y, aunque se quiera obviar y desplazar, está ahí, cimentando y sosteniendo.

viernes, 9 de mayo de 2008

Bibliografía


Una de mis manías a la hora de culminar mis trabajos académicos es la bibliografía. Y es que no hay nada que me produzca más hastío que tener que poner todo el material usado en una lista. Con el tiempo, los trabajos se hacen más largos, densos y complicados, y exigen más consultas en otras fuentes, por lo que la bibliografía se hace más amplia. Y tener que escribirla me da siempre mucha pereza, tanto que a veces retraso los trabajos para no tener que vérmelas con la maldita sección de bibliografía. Si sólo fuera eso, ya estaría bien, pero lo peor es que hay mil y una formas de ponerla, y aunque se supone que debería haber un estándar aceptado por todo el mundo, no es así, y en cada sitio donde has de entregar cosas te imponen unas normas para citas bibliográficas, con lo cual acabas hecho un lío y no sabes cómo hacerlas. En fin, que aún me queda mucha bibliografía por citar, así que tendré que armarme de muuuucha paciencia.

jueves, 8 de mayo de 2008

Paranoia móvil


En esta nuestra sociedad de rasgos compulsivo-paranoides, todo acaba convirtiéndose en una función más del círculo compulsivo. Porque muy a menudo, aquello que satisface el impulso también contribuye a alimentar la patológica situación. El teléfono móvil funciona según este esquema. Parece que tenemos una necesidad de comunicarnos, de estar en contacto con la gente (muy a menudo, para decir nada), y el móvil la satisface. Pero todos hemos comprobado cómo, desde que usamos el aparato, lo usamos mucho más de lo que utilizábamos los teléfonos fijos, a veces para comunicar auténticas chorradas ("no sabes aquién acabo de ver cogido de la mano de otro tío...", este tipo de cosas, ya me entendéis). Así, se crea un círculo vicioso en el que tendemos a necesitar cada vez más del aparato para mandar mensajes, hacer perdidas y llamadas tontas.

Pero el teléfono móvil tiene otro efecto pernicioso. Y es que retroalimenta nuestros rasgos paranoides. Porque se supone que casi todo el mundo tiene uno, y siempre lo lleva encima. Así, si no nos responden a alguna llamada, en seguida salta el resorte del buscar explicaciones. Y tarde o temprano aparecen las explicaciones más negativas: "no quiere cogerme la llamada", "le ha pasado algo", "soy un pesado"... Con los mensajes es lo mismo. Al final, la solución es tonta y no había motivo para tales conjeturas. Pero que tire la primera piedra quien nunca lo haya pensado. Y así, poco a poco, nos vamos volviendo mas huraños y desconfiados, e insistimos hasta que nos responden, a veces con motivos estúpidos, como una manera de controlar más de cerca, de confirmar si nuestras sospechas son ciertas o no. En definitiva, en casos extremos, el camino al manicomio puede ir de la mano del señor Nokia o de la señora Motorola. Pero aunque extremos, estos casos no dejan de ser sintomáticos.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Doble rasero


Servidor, que conoce y padece tanto la sanidad pública como la privada (como cliente y como trabajador), no deja de sorprenderse ante la actitud que muchos usuarios adoptan ante ambas. En Baleares el sector privado es muy potente, tanto que a veces que la política sanitaria es más para ellos que para los hospitales públicos, y hay muchísima gente que en la vida ha pisado uno de estos. En parte esto es debido al hecho de ser islas en la periferia del estado, lo cual nos ha dejado durante muchos años con unos servicios más bien deplorables. Si a esto le añadimos un crecimiento espectacular a casi todos los niveles en las últimas décadas debido al turismo, y cierto aristocraticismo de buena parte de sus habitantes autóctonos (que parecen no querer compartir salas de espera con no mallorquines), el terreno está abonado para que proliferen los establecimientos privados. Éstos han servido de mucha ayuda a la sanidad pública, ya que han evitado que la masificación sea mayor, aunque al mismo tiempo han colaborado en la prolongación en el tiempo de esta situación.

Al final, las diferencias no son tantas, porque desde la privada tienes que ir a hacer pruebas a la pública, y viceversa, ya que hay muchos convenios de colaboración y porque la sanidad pública ofrece una mayor cartera de servicios, cubriendo así las espaldas de buena parte de los establecimientos privados, que en cuanto se ven un poco apurados en seguida recurren a los hospitales públicos para que les saquen las castañas del fuego (la viceversa también es válida). En definitiva, los dos sistemas sanitarios están mucho más imbrincados de lo que parece, y a veces son difíciles de separar (eso por no hablar de que muchos trabajadores están currando al mismo tiempo en los dos). Pero en la psicología popular hay una gran barrera entre los dos, tanto que a veces parecen incompatibles.

Y me sorprende cómo se comporta la gente. Porque cosas que en la sanidad pública no se toleran (colas, listas de espera...), son sobrellevadas con cierta alegría por los usuarios de la sanidad privada. Lo que en una es masificación, mala organización y desastre total, en la otra es señal de prestigio y de distinción ("no, es que es muy bueno este médico"). Y al final, resulta que las diferencias no son tantas (es cierto que la pública está más masificada, y que por eso las instalaciones están más deterioradas y hay aglomeraciones detestables, como tener a cuatro enfermos en una habitación, por ejemplo). La diferencia mayor la marcna los usuarios y su comportamiento, que muchas veces deja bastante que desear en la pública (como es "gratuita", se creen con derecho a todo). En la privada, en cambio, todo va como la seda y muy poca gente alza la voz, cuando el hecho de pagar una cuota del seguro permite exigir con mayor fuerza algunos de esos derechos que en el otro lado se reivindican con tanta vehemencia.

Muchas veces me queda la sensación de que una gran parte de la gente (por no decir la mayoría) valora más el ramo de floresque te traen si pares o el periódico que todos los días te suben a la habitación que la atención sanitaria que te prestan. Porque en todas partes cuecen habas y por todo hay que ir alerta. Nos va la salud en ello.

martes, 6 de mayo de 2008

Jaime I en Kiliedro


Los territorios pertenecientes al Reino de Aragón celebran este año el octavo centenario del nacimiento del rey Jaime I de Aragón (1208-1276), conocido con el sobrenombre de El Conquistador por haber emprendido la ampliación de sus tierras más allá de las fronteras que recibió en herencia con considerable éxito. Esto le dio un aura de gran personaje, al mismo tiempo que permitió que Aragón se consolidase como un reino a tener en cuenta dentro la constelación de reinos que conformaba la península ibérica por aquel entonces (no sólo en el lado cristiano, sino también en el musulmán, que en la época de Jaime I se estaba desintegrando en Taifas).

Continúa en Kiliedro.

lunes, 5 de mayo de 2008

Extenuación


Cansancio y enfermedad. Son dos grandes aliados de la vida porque la espolean e impelen a ella en mucho mayor grado que la vida "sana".

sábado, 3 de mayo de 2008