domingo, 29 de abril de 2007

Viraje


Me comentan con cierta sorpresa y algo de indignación que en los últimos años se ha producido en la filosofía, o al menos en los centros dedicados a su enseñanza, un cierto giro en los temas y autores centrales. Al parecer, se ha cambiado a Marx por Heidegger. Pensándolo bien, algo de cierto hay en esta afirmación. Por mi experiencia personal, ligada desde hace unos años al estudio de la filosofía, he notado un aumento del tiempo y de los temarios dedicados a Heidegger, así como un aumento de los alumnos interesados en él. Al mismo tiempo, Marx va perdiendo predicamento en el mundo académico, si bien sigue ahí.

Para empezar, me extrañó mucho que no se me explicara a Marx en la carrera, que estaba reducido a un tema en la asignatura Historia de las Ideas Políticas. Creo que es un error reducir a Marx a una mera idea política, error en parte provocado por él mismo al pretender unas derivación política de sus teorías en torno a la realidad económica y cultural. Error que fue aumentado por sus epígonos al convertirlo en una herramienta de adoctrinamiento de las masas para que unos pocos detentaran el poder. En cualquier caso, de Marx me han enseñado poca cosa, y todo dentro de los tópicos del marxismo. A lo mejor es que se daba por supuesto que teníamos que sabérnoslo. En cambio, sí que me explicaron cosas de Heidegger, y si bien en ningún momento se trató de una exposición exhaustiva de su pensamiento, sí que se tocaron no pocos de sus temas centrales. La cosa ha seguido después de terminar la carrera, y Marx está muy dejado de lado.

Esta situación no es más que un reflejo del mundo externo, en el que las posiciones marxistas van perdiendo fuerza a pasos agigantados. Los pocos países comunistas que quedan en el mundo están reducidos a dictaduras esperpénticas (lo cual no las hace menos peligrosas) o en derivas capitalizantes (como es el caso de China), y los partidos de la órbita marxista (socialistas, comunistas y demás) andan un poco perdidos y a la deriva (por más que puedan detentar el poder en algunas partes). Podría decirse que el marxismo como idea política agoniza, por más que muchos se empeñen en afirmar que sigue vivo o intenten resucitarlo (a menudo a golpe de violencia, lo cual es una prueba de su debilidad). Esta situación de desbandada y desorientación en las antiguas filas marxistas (que, no nos engañemos, abarca a casi todas las izquierdas, ya que la izquierda no marxista es mínima, si es que existe), hace que se hayan perdido algunos fundamentos, e incluso afecta a las derechas (que han hecho, y siguen haciendo del antimarxismo una de sus banderas). De un tiempo a esta parte ha quedado un vacío, un espacio abierto que abarca lo político y lo social. Las preguntas en torno a nuestra situación en el mudno y sobre la realidad. Se está experimentando un desamparo, una indigencia. Y esto nos pone en la temática heideggeriana, llena de abismo, vacío, nada, espacios abiertos, retiradas...

Curiosamente, el inicio del final marxista y del comienzo heideggeriano coinciden en el tiempo. En 1989 caía el muro de Berlín y con él se empezó la fulminante desintegración de todo el bloque comunista europeo (quedaron algunos restos de comunismo, en franca decadencia y creciente grado de bizarrismo). En el mismo año se publicó de forma póstuma el volumen 65 de las obras completas de Martin Heidegger bajo el título de Beiträge zur Philosophie (Vom ereignis) [Aportes a la filosofía (Acerca del Evento)], que ha sido considerado como su segunda gran aportación a la filosofía después de Ser y Tiempo. Esta obra marcó el renacimiento del interés en su obra, que corría paralelo a la decadencia de todo lo marxista (y con él, de todo lo marxiano).

sábado, 28 de abril de 2007

Daniel Higiénico. Freddie Black.



Una de mis canciones favoritas de este inclasificable personaje. Todo un homenaje al mundo del cómic, con algunos apuntes filosóficos al final.

viernes, 27 de abril de 2007

Para quién escribo


La respuesta más evidente es que escribo para quien tenga a bien malgastar un tiempo de su vida en leerme. Pero no lo tengo claro. Cuando escribo no pienso en los lectores, de los que presumo que tienen personalidad y demás, pero que en el fondo están reducidos a meros puntos rojos en el mapamundi de al lado, y a los que en una grandísima mayoría ni siquiera voya ver en la vida. No. No creo que escriba para vosotros. Ni siquiera para mi. Porque, vamos a ver, ¿si ya tengo estas cosas en la cabeza, qué necesidad tengo de sacarlas de mi? Pero las saco. En principio para matar el tiempo. Y también para ordenar el caos que se acumula dentro de mi cabeza. Porque la mayor parte de todo es puro caos. Y volcándolo afuera, le doy algo de forma, lo ordeno un poco, lo justo. Pero al menos quedo más tranquilo, creyendo que he podido sacar de mi algo más o menos coherente, sucumbiendo ante la ficción de que he podido fijar algo mío, traspasar algo subjetivo a la realidad objetiva. Creo que eso es lo que en el fondo todos buscamos, un asidero que nos una a un mundo fijo y sin rendijas. Ahí fuera no dejamos ver las grietas que intuimos aquí dentro, y así nos consolamos. Pensándolo mejor, sí que escribo para mi. Y para ti también. Para que veas que puedo tener ideas y expresarlas, que no soy el tarado que veo todos los días en mi espejo.

martes, 24 de abril de 2007

De dónde vienen las ideas


Siempre me he preguntado acerca del proceso de creación. Sobre qué es lo que hace que, de pronto, surja una idea y la necesidad de tener que plasmarla en algún lugar. En mi caso, las ideas aparecen casi de forma espontánea, o al menos éstas son las que más me estimulan, sea por la sorpresa o porque han aparecido de vaya usted a saber qué extraños procesos inconscientes. A veces, incluso salen con la forma definitiva. Así, sin más. Estas ideas tienden a venirme en momentos muy determinados, en los que, por decirlo de algún modo, me predispongo a ello, en los que mi cerebro, tampoco sé muy bien porqué, parece estar en mejor disposición. Estas situaciones suelen ser las siguientes:

-En la ducha
-En el baño (pero no en la ducha, entiéndaseme)
-En esos momentos difusos y extraños que preceden al sueño.
-Paseando
-En un diálogo de esos de café

No tengo por costumbre sentarme a pensar, aunque en realidad pienso durante todo el día. Si, por cualquier cosa (redactar un trabajo, por ejemplo), tengo que ponerme de forma seria a escribir, tiendo a bloquearme y voy a un ritmo lentísimo, además de no quedar demasiado satisfecho de lo escrito (aunque luego me digan que ha quedado bien). Algunas veces me he sentado a redactar alguna entrada aquí sin tener ninguna idea para escribir. En estos casos me dejo llevar, y dejo que fluyan las palabras. Muchas veces con la sensación de no haber escrito nada claro y de forma muy extraña. Pues bien, a menudo estas entradas son las que tienen más comentarios o son más elogiosos.

Me pregunto de dónde vienen estas ideas que en apariencia fluyen solas. Supongo que es algo que tiene que ver con el azar y la disposición corporal que se tenga en cada momento (nos ha pasado a todos, hay días en los que estamos más inspirados, en las que hablamos bien y todo nos sale rodado, y otros en los que te aturullas y no te salen las palabras). Algunos, en clave psicoanalítica, hablaran de subconsciente, pulsiones y demás. Otros dirán que tiene que ver con corrientes telúricas o con no-sé-qué rollos espirituales. Quién sabe, incluso es posible que haya quien crea en las musas. Ni lo sé, ni me importa. La cuestión es que siempre me ha llamado la atención esto de la creación y sus caminos. Y no tanto por la curiosidad de perseguir las ideas hasta sus fuentes, sino por la aparente espontaneidad con que surgen y los lugares en los que, al menos en mi caso, aparecen (algunos de ellos, todo sea dicho, muy poco inspiradores y bucólicos).

Esta entrada, por ejemplo, no recuerdo muy bien cómo se me ocurrió, auqnue llevaba tiempo en mi cabeza esto de hablar de los sitios en los que acuden a mi las ideas. Lo he hablado alguna vez con los amigos, pero el momento originario ya se ha perdido en mi memoria. Y me ha ocurrido lo que he contado, que, a pesar de tenerlo más o menos pensado, al ponerme a redactar, me ha costado horrores arrancar. Creo que se nota al principio. Pero luego, de la mitad hasta aquí, me ha poseído la inspiración y lo he escrito todo del tirón, sin titubeos. Y creo que el rapto ya ha acabado, porque se me han quitado de gfolpe las ganas de escribir. Hasta la próxima.

domingo, 22 de abril de 2007

Nietzsche sobre la línea


En el fragmento 5[71], fechado el 10 de junio de 1887, Nietzsche nos habla de un primer y un segundo nihilismo. Estos dos nihilismos hay que entenderlos en un sentido cronológico, es decir, que uno siguió al otro. El primero correspondería a la fase histórica previa al cristianismo, y el segundo al iniciado por la introducción de lo que él llama hipótesis moral cristiana. Ésta pretndía ser un antídoto (Nietzsche usa este término) frente al nihilismo previo. Éste vendría dado por el peligro para la existencia, que se encontraría asediada por numerosas vicisitudes y riesgos. Mediante el cristianismo (podríamos introducir también el platonismo, que realiza el mismo movimiento) y su división entre un mundo verdadero y otro aparente, subordinado al primero, se le otorga a la vida un valor superior y un peso mayor al que tenía hasta entonces. De este modo se conseguía salvar al ser humano de una caída en el desaliento del “nada vale la pena”. Ante ese peligro, el cristianismo viene a introducir un soporte para la existencia, siendo un remedio para el nihilismo primitivo. Pero con la entrada de un mundo verdadero aparece el impulso de veracidad, de buscar la verdad de todo, que acaba volviéndose en contra de sí mismo, puesto que termina por darse cuenta de que no hay verdad alguna, cayendo en la segunda forma de nihilismo, que ha estado latente todo el tiempo. Este segundo nihilismo nos devuelve a la situación de inseguridad primigenia, pero nos deja más desamparados, ya que viene después de un fase de mayor seguridad y tras la ilusión de haber podido llegar al terreno firme de la verdad. Nietzsche afirma en el mismo fragmento que su época tiene unas seguridades y comodidades que permiten volver a un mundo más inseguro. “Dios” es una hipótesis demasiado extrema para su tiempo. Pero después del impulso de veracidad la perspectiva es desoladora. Resulta paradójico lo que el alemán nos dice, que en su tiempo se puede vivir sin verdad, que al parecer se está preparado, pero no se ve el modo de hacerlo (ni se quiere ver).


Más allá de lo sugerente que todo esto nos pueda resultar para nuestras reflexiones, me interesa llamar la atención sobre un hecho. Y es que se nos da la idea de que siempre hemos estado en el nihilismo. Lo más evidente, y sobre lo que más nos llama la atención Nietzsche, es que el nihilismo se instaló en nuestra historia a partir del dúo Sóctrates-Platón, con su posterior aplicación al cristianismo. Pero a partir de este fragmento nos damos cuenta de que el nihilismo es algo tan antiguo como el hombre, connatural a él, podríamos decir. Tanto que se puede llegara a afirmar que el ser humano es el lugar del nihilismo, que es el nihilismo mismo, la región del vacío y del riesgo, del abismo y la suspensión en la nada. Ello nos obliga a intentar, a ensayar de forma continua modos de mantener el equilibrio en esa nada, a inventarnos un suelo sobre el que caminar y obviar en la medida de lo posible lo abismático de nuestra realidad.


Desde este punto de vista, todo intento de sostenernos es vano, puesto que tarde o temprano acaba por desvelarse la nada en la que nos movemos. Y tampoco habría posibilidad de superar el nihilismo, si no es trasladándolo a una nueva forma de engaño (ojo, al hablar de engaño nos estamos situando bajo el paraguas de la hipótesis de un mundo verdadero, puesto que si eliminamos éste, también eliminamos la posibilidad de la apariencia) que nos permita escamotear durante un tiempo la situación. Pero una vez desvelada la verdad (que no hay verdad), no hay asidero posible, sólo nos queda volver al nihilismo primigenio, desarrollando la voluntad de poder, que nos llevaría a un dominio del mundo (y en este sentido, queremos creer, y Nietzsche mismo lo creyó, que el dominio de nuestro tiempo es mucho más amplio y completo que el de los antiguos griegos) cada vez mayor. Así pues, la alternativa es, dejarnos caer en la pendiente de una verdad que se ha desvelado mentira, o un retorno al nihilismo primigenio, al de la Grecia homérica y trágica, donde la vida era insegura (en todos los sentidos) y sólo cabía la posibilidad de la lucha, del agón, para no naufragar en el mar de la nada.


No hay salida posible al nihilismo, porque él es nosotros mismos en nuestro despliegue existencial. No hay superación, ni dejar atrás, ni siquiera, como diría Jünger, un pase de la línea del nihilismo. Como muy bien le replicó Heidegger, se está en la línea, somos ella misma, y al movernos nosotros se mueve ella. Sólo cabe explorar la línea, reconocerla, reconocerse en ella, dominarla.

sábado, 21 de abril de 2007

Diario de un congreso. Día IV


Al final llegó el último día del congreso. Y el sueño ya se había ido de paseo. Suele ocurrir que cuando se duerme poco, tras un par de jornadas de adaptación y gran cansancio, uno acaba por enconttrarse mejor. Y esto fue lo que me ocurrió. De todos modos no tenía muchas ganas de meterme a oír conferencias y comunicaciones, a pesar de lo cual nos levantamos pronto y fuimos a la autónoma, más que nada para pillar nuestros diplomas de asistencia (y en mi caso de comunicador). Por motivos que no nos comentaron (pero que sospechamos que tuvieron que ver con la noche anterior), aún no los tenían preparados, así que tuvimos que esperar a la tarde. Por lo visto, una de las comunicaciones fue algo controvertida, pero Donatien y serrvidor no pudimos asistir por estar aún en el tren de cercanías. Una pena.

Acabada la sesión mañanera, y muertos de hambre, decidimos aprovecar que teníamos comida gratis en el campus y nos fuimos a pulsar el ambiente en el comedor universitario. No había muchas diferencias respecto al nuestro. Lo único, el precio (más de un euro más barato) y la calidad (todo bastante casero, las croquetas estaban de muerte), lo cual estuvo muy bien. Por aquí nos venden el cuento de que estamos muy bien y que vivimos mejor que nadie, pero al salir te das cuenta de que te la meten doblada (aunque en algunos aspectos sí que se vive muy bien, para qué negarlo).

Comidos y a gusto, con la modorra a cuestas, volvimos a Madrid, para encontrarnos con el diluvio universal al salir de Atocha. Y nosotros sin paraguas. Cada vez que me mojo me pongo malo, mi asma se dispara y me agarro unos catarros del quince (más que por mojarme por estar con la ropa y los zapatos mojados), así que me temía lo peor para el día siguiente, pero no ocurrió nada, menos mal. Nos fuimos corriendo al hostal a recoger las maletas y el paraguas, y de allí al círculo de bellas artes para que nos dieran los diplomas y poca cosa más, ya que teníamos el vuelo de regreso a las 8 y media y teníamos al menos media hora de metro hasta Barajas. Como habíamos previsto, los diplomas aún no estaban, así que tuvimos que encargar a Benedicto, que se quedaba hasta más tarde, que nos los cogiera.

Nos subimos al metro y fuimos a Barajas, a matar el tiempo que nos quedaba hasta el vuelo. Esto de tener que presentarte con un tiempo de antelación es un aburrimiento, porque te queda ahí un tiempo que no sabes cómo ocupar. Las tiendas del aeropuerto no son suficientes como para estar más de una hora, y el café que nos tomamos se hizo eterno (el cansancio y la perspectiva de volver a casa pesaban mucho a esas horas). El tema de la seguridad es un caso aparte. Casi se me cayeron los pantalones por tener que quitarme el cinturón y además he de decir que no funciona del todo bien, porque se supone que no se pueden pasar líquidos ni aerosoles en el equipaje de mano, y nosotros conseguimos colar un bote de desodorante en spray con el que podríamos haber cegado a toda la tripulación (además de ahorcar a alguien con los cinturones...). De todas formas no me sorprende, siempre he dicho que todo esto de la seguridad tiene mucho de fachada.

El vuelo de regreso fue bueno, y llegamos más o menos a la hora prevista. Perfecto, porque aún quedaba la traca final. Si nos hubiéramos quedado al final del congreso, hubiéramos asistido a la fiesta final que se había organizado, así que decidimos hacer nuestra fiesta final particular. Y aprovechando que esa noche actuaban los geniales Wonderbrass, pues convocamos a la parroquia y nos fuimos a verlos (por enésima vez). Allí nos reunimos Donatien, Horrach, la Musa y algunos amigos y compañeros más y disfrutamos de una, como siempre, gran actuación. Fue divertido, pero allí quemamos los últimos cartuchos y tuvimos que irnos rápido a la cama, a descansar, por fin, de cuatro días intensos de congreso. El año que viene, más, en Granada.

viernes, 20 de abril de 2007

Diario de un congreso. Día III

Calle Huertas

E
l inicio del tercer día de congreso fue peor que el del segundo. Más sueño y más pereza. Pero ya estábamos en marcha y había que seguir. Nos levantamos un poco más tarde, dispuestos a perdernos algo de la primera parte de la mañana. Al final nos perdimos casi toda la mañana. El bar y la compañía pudieron con los sesudos análisis. El ambiente universitario es lo que tiene. A la hora de comer las chicas nos volvieron a arrastrar al centro de Madrid, a Chueca en concreto. Al menos esta vez hubo algo más de interacción, lo cual estuvo bien. Comimos en un restaurante de rumanos en el que me dio un bajonzao de esos que te provoca el hambre y el sueño. Creí que ya me daba uno de mis ataques de hipocondria-ansiedad, pero con la comida se me pasó.

La tarde transcurrió entre salidas y entradas en el sopor. Salí del sueño para atender a la comunicación de Benedicto, sobre la postura de la Iglesia respecto a la homosexualidad que resultó de lo más interesante. El comentario que hicimos entre nosotros, para darnos autobombo, es que la UIB está creando su propio estilo, con argumentaciones más o menos claras y sin demasiados artificios conceptuales. Felices y autosatisfechos por nuestra excelencia comunicadora, pasamos de las últimas conferencias del día y pasamos a interactuar con los demás en el bar. Hablamos entre nosotros y con los demás, que poco a poco se va conociendo a gente y te apetrece más hablar con ellos que escuchar a un profesor del que no se sabe muy bien de qué está hablando (a veces tuve la sensación de que ni ellos lo sabían, o al menos no lo sabían transmitir).

Teníamos que haber ido a pasear por el retiro con las chicas, pero no fuimos, nos quedamos en el bar esparando a que Diógenes acabara de interactuar con una chica con la que se tiró un buen rato hablando. Así se nos pasó el tiempo y llegó la hora de cenar. Buscamos un VIPS y allí nos apalancamos. Siempre me ha gustado esta cadena, y en Palma tuvimos uno que cerró hace un par de años, así que había que aprovechar la oportunidad que teníamos y había ido a Madrid con el propósito de cenar algún día en un VIPS. Y como era la última noche que estábamos allí, pues hubo que ir. Al salir estaba lloviendo, y no llevávamos paraguas. Nos metimos en el metro para llegar a La casa de los jacintos, donde nos habían programado una lectura poética y una performance. Para variar, llegamos tarde, y el local estaba cerrado con llave, porque para entrar había que pasar por en medio de donde se estaba haciendo la performance. Tuvimos que esperar en la calle y lloviendo, en la puerta cutre del local (porque era muy cutre todo, a drede, pero cutre). Cuando terminaron pudimos entrar y allí estuvimos en la zona del sótano con las chicas, tomando unas cervezas y charlando un rato, hasta que nos avisaron de que iban a cerrar. Con la intención de irnos a otra parte que nos iban a indicar unos de la organización, salimos fuera a esperar. Al final la espera se prolongó por casi media hora. Los peninsulares es lo que tienen, que te dicen "espera un segundo que ahora voy" y te tienen horas esperando. Spain is different. Al final resultó que había alguna de las chicas interesada en un elemento masculino de la organización (y él en ella), y el grupo femenino, muy gregario él, nos dio la espalda para seguir a su líder. Así que, con el rabo entre las piernas, nos largamos a hacer la última. Ellas se lo perdieron. Esta vez hicimos casi las cuatro. Otra vez a dormir poco. Y parea colmo resultó que los que compartían pasillo del hostal con nosotros llegaron más tarde y armaron jaleo, despertándonos y no dejándonos dormir por un rato. Pero bueno, no importó mucho. Cuando duermes poco, media hora más o menos no tiene mucha importancia. Ya sólo quedaba un día para poder descansar.

jueves, 19 de abril de 2007

Diario de un congreso. Día II



¿He dicho que el tema del congreso era "cuerpo y sexualidad"? Creo que no, aunque el otro día colgué el poster y allí lo pone. Bueno, que quede constancia de ello. En principio todo muy sugerente e interesante. Pues no. Al final la cosa se quedó en un montón de batiburrillos conceptuales y no menos pedantería. Si es que ya debía de haber previsto que cuando uno se junta con filósofos, Kant y compañía acaban destrozándote. Y además no hubo prácticas. De todos modos, el segundo día empezó duro, con dificultad para levantarse tras las pocas horas dormidas. Una ducha y para Atocha, a pillar el tren que nos iba a llevar al campus. Imposible no pensar en lo que ocurrió allí hace tres años (cómo pasa el tiempo, lento y rápido a la vez). Supongo que a los habituales de las cercanías ya no les impresiona tanto, pero no deja de entrar uno en esos trenes con cierto temor y mirando a todas partes. Sólo fueron los cinco primeros minutos. Desayuno en la Autónoma. A quién pueda interesarle: café con leche y croissant, 1,20€.

Nos metimos en el salón de actos de la facultad de filosofía y allí nos dispusimos a, entre cabezada y cabezada, escuchar lo que los comunicantes tenían que decirnos. El primer acto fue una mesa redonda con Fernando Castro (profesor de estética), Dani Panullo (coreógrafo), David Delfín (diseñador de moda) y Domingo Sánchez Blanco (no sabría clasificarlo, pero una vez hizo de actor porno). No esperraba mucho de esta gente, no entendía qué pintaban en un congreso de filósofos, pero al final resultó ser uno de los momentos más interesantes, profundos y divertidos de todo el congreso. Pudieron con mi sueño. Tras ellos, más comunicaciones, entre ellas otro compañero de la UIB, Diógenes, que había llegado el día anterior por la noche. Muy interesante y divertida su comunicación, los cínicos es lo que tienen. Con él y con cinco chicas de la licenciatura completábamos el plantel balear del congreso. Éramos de las universidades con más representantes, todo un mérito para venir de una isla.

Llegó la hora de comer, y a pesar de que teníamos la comida gratis en el campus, las chicas nos arrastraron (bueno, nos guiaron, ellas diez metros por delante y nosotros siguiéndolas) a un bufet en el centro de Madrid. No fue lo mejor que he comido, pero estuvo bien. Eso de tener barra libre para comer es un gran invento, sobretodo a la hora de los postres.

Con el estómago lleno nos fuimos a la sesión de la tarde, que nos depararía uno de los momentos más desquiciantes del viaje. Lo que ocurrió fue que en el turno de preguntas, tras las comunicaciones, una señora se levantó e interpeló a una de las comunicantes con algo de agresividad, diciéndole que no había captado nada de la autora de la que había hablado, y diciéndonos lo que se supone que nuestra generación tenía que hacer. Para colmo, alabó de forma exagerada la comunicación que menos me había gustado. Me salí a la mitad de la intervención de esta señora, que iba camino de hablar más que los comunicantes.
Un cafelito y dos conferenciasd más, y a cenar. Nos olvidamos de las chicas y nos largamos a cenar. Dimos una vuelta en busca de algún lugar apetecible donde cenar, y acabamos en una cadena americana de comida basura. No estuvo mal.

Tras la cena, nos dirigimos a La escalera de Jacob, donde nos habían programado unas actividades. La primera de ellas era un concierto del grupo En busca del pasto. No me gustaron, demasiado deconstruidos y pesados, ni siquiera los videos que se proyectaron despertaron mi interés. A lo mejor con alguna sustancia ilegal en el cuerpo pueden llegar a gustar, pero no uso de esas cosas, bastante mal voy en estado basal como para tener que ayudarme desde fuera. Menos mal que llegamos al final, y la música rara terminó al poco de llegar nosotros. Allí estaban las chicas que habíamos abandonado, pero no les hicimos demasiado caso (ni ellas a nosotros, la verdad), porque la segunda actividad de la noche robó toda nuestra atención. Se trataba de una sesión de danza el vientre que agudizó los efectos de la primavera en nuestra sangre. Sin dudarlo un instante, lo mejor de todo el congreso. La pena es que la actuación fue corta, o al menos se nos hizo corta (eso es que nos gustó), pero estuvo muyu bien. Cómo se movía la chica con el sable encima de la cabeza sin caérsele. Qué sensualidad y que arte. Tras las actuaciones, nos largamos a hacer la última a un local cerca del hostal, en el que, cosas que tiene la vida, nada más entrar salió todo el mundo (masculino y femenino). "Vamos a entrar aquí, que parece que hay ambiente". Y entramos y todo el ambiente salió fuera. Nos quedamos solos, pero había de beber y allí nos quedamos. Entre risa y risa se nos hicieron las tres y pico de la madrugada. Y decidimos ir a dormir, que al día siguiente tocaba más maratón congresística. Volvió a costar conciliar el sueño, pero menos, y dormimos como bebés.

martes, 17 de abril de 2007

Diario de un congreso. Día I


No acostumbro a utilizar mi blog como un espacio en el que poner mis vivencias en plan "querido diario". No es mi estilo. Considero que a nadie le interesa lo que a mi me pasa (ni siquiera a mi), no por estupidez, sino porque en realidad a nadie le va ni le viene lo que vivo, porque no les es vital (o, como dirían los catalanes, no n'han de fer res). A veces dudo de que me interese a mi. Pero voy a hacer una excepción y contaré cuatro cosillas del reciente viaje a Madrid para asistir al XLIV Congreso de Jóvenes Filósofos que tuvo lugar los pasados días 10, 11, 12 y 13 de abril. No pretendo hacer un resumen de las ponencias y conferencias (entre otras cosas porque no asistí a todas y a la mayoría de las que asistí no les presté demasiada atención), para eso van a colgarse en la página web del congreso y ya la enlazará cuando se hayan punblicado, por si alguien tiene interés en leerlas. Lo que quiero es contar impresiones y reflexiones varias en torno a lo vivido y a lo hablado, hacer un relato semificticio de estos intensos días.

El primer día fue el día del viaje, de la partida y la llegada. También el de mi comunicación. Cuando el congreso era inaugurado por Ángel Gabilondo en la Universidad Autónoma de Madrid, yo aún estaba en casa, recién levantado y desayunando. Me perdí la primera sesión de comunicaciones y conferencias. Es lo que tiene vivir en una isla, hacer un congreso justo después de Semana Santa y dormirse en los laureles (la verdad es que me puse un poco tarde con los billetes y no pude encontrar un vuelo antes). Había quedado a mediodía con mi amigo Donatien para ir a al aeropuerto. Él también venía al congreso, más en función de apoyo que otra cosa, porque es un buen amigo y porque le apetecía pasar unos días por ahí. El avión salió muy puntual, y la borrasca perpetua que hemos tenido estos días por encima del país nos meneó un poco, tanto que tuvieron que hacer sentar a las azafatas y hacernos llevar el cinturón de seguridad casi todo el vuelo. A pesar de todo llegamos a Barajas. Allí pudimos ver la cruz de Paracuellos y la T4 (es enorme, pero un poco desangelada, me quedo con Son Sant Joan, no menos grande, pero más "lleno"). También vimos el boquete del atentado del pasado 30 de Diciembre (una especie de zona cero en medio de los aparcamientos de la terminal). Tuvimos que esperar al autobús de enlace entre las terminales para poder ir hasta la estación de metro, que está en la terminal 2 (unos diez minutos en un autobús repleto y agobiante, lleno de gente y de maletas).

El trayecto en metro se me hizo largo, con unos cuantos trasbordos y subir y bajar escaleras. Es sorprendente la de niveles distintos que hay en el metro de Madrid. Te pones a bajar y a bajar escaleras y parece que vas a llegar al centro de la Tierra. Menos mal que el futuro metro de Palma es muy superficial (para cachondeo generalizado, está en fase de pruebas y ya ha descarrilado). Al final llegamos al hostal, dejamos las maletas, y nos dirigimos a la sede de las tardes, el Círculo de Bellas Artes, a empezar con la maratón de comunicaciones y conferencias.

La casualidad quiso que los organizadores programaran mi actuación en esa sesión de tarde. Yo me puse en contacto con ellos para informarles de la posibilidad de que llegara a tiempo debido al tema del vuelo (si hubiera habido retraso no hubiera habido ninguna posibilidad), y me dijeron que me cambiarían de turno y que me comunicarían el cambio. Al llegar allí aún no me habían dicho nada. Le expliqué al chico que había en la puerta la situación y me dijo que no sabía nada del asunto. Ya me lo esperaba. La cuestión es que empezaron a oirse aplausos en la sala, y el chico, sonriendo, me dijo que no había ningún problema, que por él podía salir en ese momento, que ya no quedaba nadie por exponer. Sin tiempo a poder pensar ni a decir nada, me vi arrastrado al interior de la sala, con el chico diciendo que acababa de llegar y pasando entre la gente y sus aplausos en dirección a la mesa del estrado. Saqué mis papeles y, tembloroso por el cansancio del viaje y los nervios, empecé mi actuación. La cosa fue bien, no leí, sino que expliqué lo que había escrito. No me gusta eso de leer el trabajo, más que nada porque el que quiera leérselo que lo lea cuando lo cualguen, así que me limité a resumir las cuatro ideas principales que me interesaba que llegaran a la gente. Al parecer la actuación gustó, y hubo algunos que me lo dijeron. Yo, modesto, no supe muy bien que decirles, y arremetí contra su dudoso gusto.

El resto de la tarde transcurrió entre la relajación postviaje y postcomunicación, el sueño que me dio la cervecita y la tapa que merendé y el aburrimiento de las conferencias que se dieron (hubo una muuuuuy aburrida, al menos para mi). Al salir, a eso de las 21h, nos fuimos a cenar de un bocadillo con Benedicto, un compañero de doctorado de la UIB, el único mallorquín y conocido hasta el momento. Tras la cena, unas cañas frente al Teatro Español (donde, por cierto, se tiene que representar una obra sobre Nietzsche, lo cual me puso los dientes largos) y un poco de charla a ratos seria y profunda y otros ratos delirante y alocada. Los del congreso nos habían preparado a los asistentes una obrita de teatro a la que no fuimos, más que nada porque salimos de cenar a la hora a la que empezaba y nos pillaba un poco lejos, así que nos quedamos hablando y hablando, intercambiando sensaciones y expectativas para el resto del congreso. Dejamos a Benedicto en su hostal y nos fuimos hacia el nuestro. Y como teníamos el hostal en la calle Huertas, que tiene unos cuantos locales de marcha, pues nos paramos a hacer una cervecita en uno de ellos. Estaba semivacío y no había mucha animación. La música, la mierda habitual en estos locales, temas de moda y rollo latino. Pura bazofia. Pero estuvo bien para acabar la jornada. Al terminar no largamos a dormir. El hostal era un poco antiguo, con un pasillo muy estrecho y puertas bajas. La habitación escasa, dos camas no muy incómodas, una camilla, un armario y el baño. Lo justo para dormir, no hacía falta más. Tras mirar si en el baño había algún agujerillo por el que nos pudiera espiar algún Norman Bates de turno. Como no había agujero, nos fuimos a dormir. Me costó un rato, pero al final caí. Al día siguiente tocaba más. Pero eso iba a ser mañana.

domingo, 15 de abril de 2007

sábado, 14 de abril de 2007

Tumba de Walter Benjamin. Epitafio: "No hay ningún documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie"


"Toda la sabiduría del melancólico viene del abismo"

Walter Benjamin (1892-1940)

sábado, 7 de abril de 2007

Un fragmento póstumo


"La mujer de la politeia platónica. No es una ofensa respecto a la mujer heroica de la poesía, así como tampoco hacia la mujer ateniense. La voz de la naturaleza habla desde ellas, en este sentido son sabias (Pitia, Diotima). Tácito. Que la posición de las mujeres griegas hubiese sido algo no-natural, es ya refutado por los grandes hombres que nacieron de ellas. Es difícil corromper a la mujer: permanece igual a sí misma: insgnificancia de la institución familiar. El joven era educado por el Estado. La educación de la familia es un recurso provisional, cuando el Estado es malo y no se ocupa de su misión cultural Lo que afemina la concepción del mundo es el aspecto femenino en nuestra cultura: los hombres griegos son crueles como la naturaleza. Las representaciones ilusorias de la mujer son distintas que las de los hombres: y según influyan la una o la otra en la educación, la cultura tiene una impronta masculina o femenina. El amor fraterno de Antígona. -- La mujer representa para el estado la noche: o más exactamente, el sueño: el hombre la vigilia. Ella aparentemente no hace nada, es siempre igual, un retorno a la naturaleza regeneradora. En ella sueña la generación futura. ¿Por qué la cultura no ha llegado a ser femenina? A pesar de Helena, a pesar de Dioniso.

La posición justa de la mujer: desmembramiento de la familia. ¿No está el hombre en una situación peor con las terribles exigencias que le impone el Estado? La mujer ha de parir y es por eso por lo que tiene el mejor oficio humano, vivir como las plantas, fuerza oculta. Las mujeres no trabajan, son zánganos, según Hesíodo"

Friedrich Wilhelm Nietzsche. Fragmentos póstumos, vol. I (1869-1874). Fragmento 7[31] (pág 153). Editorial Tecnos. Barcelona, 2007.

viernes, 6 de abril de 2007

Maneras de morir. Reflexiones fragmentadas.


A menudo me meto en sombrías reflexiones en torno a la muerte. He visto morir a mucha gente ya, de todas las edades, desde bebés a ancianos. Y la cosa da qué pensar. Hay muchas formas de morir. Hay quien muere poco a poco, desgastándose, perdiendo fuerzas, como una vela que se va consumiendo. Otros mueren de repente, fulminados, paseando, jugando a las cartas con los amigos o en el fútbol. Los hay que tiene altibajos, momentos en los que se tontea con la pálida dama, pero que luego remontan para volver a caer más tarde, y así hasta que llega una última bajada. Hay una cosa curiosa, eso que llaman "la mejoría de la muerte", que consiste en una mejoría que se experimenta en la enfermedad antes de morir. Es un estado de mayor lucidez, incluso algunos pacientes llegan a salir del estupor y la inconsciencia en la que la agonía los tiene sumidos, incluso se han dado casos de salir del coma. En los familiares esto puede dar la falsa sensación de que aún hay esperanzas. Los profesionales sabemos que es una sentencia, una pequeña ventaja que les concede la de la guadaña, segura de su triunfo.

Y también algunas veces me he debatido entre qué es mejor, si una muerte rápida o una muerte lenta y dolorosa. Puesto que hay que morir, en realidad da igual. Mucha gente piensa que lo mejor es morir durmiendo. Pero a mi eso no me convence. Tampoco es que desee una muerte extremadamente dolorosa, pero sí una en la que me pueda dar cuenta de que estoy muriendo. Como digo algunas veces: "ya que no estuve ahí el día de mi nacimiento, quiero estar el de mi muerte". Se trata de uno de los días más importantes de la vida, por la que muy posiblemente se va a medir, y casi seguro que es lo único que va a quedar de mi cuando los que me hayan querido ya no tengan quien les recuerde.

Como creo que a todos, me aterra la perspectiva de morir, no por lo que pueda venir después (sinceramente, no creo que haya nada, y si lo hay, ya llegará), sino por el momento del paso, el instante en el que ves que te estás muriendo. Ser consciente de eso debe de ser terrible. Aunque supongo que depende de la vida que hayas llevado, de lo que hayas podido cumplir y de lo que te pueda quedar por hacer.

Normalmente se tiende a considerar que la muerte de un niño es terrible, algo contranatural. Tendemos a considerar la vida como algo que está por delante y por detrás de nosotros (proyecto y biografía), y nos olvidamos que la vida es presente, que es lo que vamos haciendo día a día. Y los niños están en el mismo juego que los mayores, y por lo tanto están igual de expuestos que los adultos. Me hablan a veces de la lógica, de lo natural, pero yo no estoy muy convencido de que lo natural sea que un niño viva muchos años. De ehecho, junto alos ancianos, representan el grupo más vulnerable. A pesar de ello, ver morir a un niño es traumático, más que nada por el potencial desperdiciado, y por los que quedan vivos.

jueves, 5 de abril de 2007

Jueves Santo especulativo


Camilo Sesto. Jesucristo Superstar. Getsemaní

Creo que todos conocemos bastante bien la historia de la Semana Santa. La llegada a Jerusalén de Jesús, discípulos y algunos seguidores más, el paresaamiento, la pasión, muerte y resurrección. Es lo que se conmemora estos días, coincidiendo con la Pascua judía. Pero tranquilos que no la voy a contar (para eso ya están las procesiones y las películas que estos días inundan la televisión). Sólo quiero reflexionar en torno a algunos asuntos que a mi me llaman la atención y que me parecen destacables.

El primero de ellos es el papel de Judas. La moralización imperante en la vida cristiana han hecho de él un personaje malvado y despreciable, apartadao de toda la historia, y que ha quedado como el malo más malo de la película. Pero si obviamos en la medida de lo posible los aspectos morales, nos encontramos con que la traición de Judas es la que pone en marcha la captura de Jesús y todo lo que vino después, por lo que resulta que Judas jugó un papel fundamental en eso que nos cuentan de que Jesús entregó su vida para nuestra salvación. Judas entraba dentro de los supuestos planes de Dios. Esto nos muestra cómo lo negativo es necesario y tiene su papel dentro de los asuntos tanto humanos como divinos. Si le quitamos las interpretaciones religiosas, la historia de Judas es una muy buena muestra de la naturaleza humana, que es capaz de traicionar lo que más apreciamos, y luego sentir pena y arrepentimiento por ello. Es una de las numerosas apariciones de lo negativo en toda esta historia (o del mal, si queremos seguir la óptica moral).

Otro de los momentos que más me interesan es la noche en Getsemaní. A parte de la consumación de la traición, hay aquí otro de los grandes momentos de la historia de la Semana Santa, cuando Jesús se aparta a orar y da muestras de miedo y reniega de todo lo que ha hecho, pidiendo a Dios que aparte de él el cáliz que le presenta. Aquí tenemos a un Jesús humano, demasiado humano, que teme ante el sufrimiento, que preferiría no tener que afrontarlo, incluso al precio de tener que desbaratar los supuestos planes de un supuesto Dios que supuestamente es su padre.

El triángulo de politica-influencias que se desarrolla entre Herodes, Caifàs y Pilatos. Un ejemplo de cómo los asuntos y los temores del poder pueden llevarse por delante vidas inocentes. Creo que no hace falta profundizar mucho en ello, tenemos ejemplos de esto casi a diario.

El furor sacrificial del pueblo, metido en la espiral del odio y de la manipulación desde arriba, que no duda en liberar a un asesino para ver colmadas sus ansias de sangre. Evidentemente, un sacrificio es mucho más efectivo si la víctima es inocente. Porque si es culpable, la cosa se convierte en justicia, y no aplaca a los dioses del mismo modo que si es el primero en pasar por ahí el que se sacrifica. No hay que olvidar que en ese momento los judíos celebraban la Pascua, que se suele conmemorar sacrificando corderos a Dios. Esta vez el cordero fue humano.

El papel de las mujeres. Mientras los discípulos, los que tanto habían amado a Jesús, están desaparecidos o en segundo plano, incluso negando su relación con el que llamaban Mesías, María y María Magdalena están ahí, al pie de la cruz, observando el padecimiento y la muerte, dando testimonio de lo negativo, sufriendo ellas también, pero afrontando lo que les ha tocado vivir.

Y esto me lleva a la cuestión, ya tocada con Judas, del papel de lo negativo. Aunque en Getsemaní hay un amago, comprensible y humano, de huida, al final Jesús da la cara y afronta el dolor y el sufrimiento. Lo negativo juega un papel, hay que asumir la carga del dolor para poder continuar, y hay que acerlo de forma valiente. Si hay que sufrir, se sufre, y se hace con cierta alegría, con el mínimo temor posible (que siempre hay alguno, es inevitable). Las dificultades nos elevan, en todos los niveles. Lógicamente, no sólo se trata de dolor físico, cualquier clase de esfuerzo es dolorosa, y hay que asumirlo si queremos llegar a algún resultado. Lástima que el tema de la resurrección y la promesa de un paraíso y una vida eterna sin sufrimiento desvirtúen esta enseñanza, haciendo que en el fondo siempre se esté esperando la desaparición del sufrimiento.

miércoles, 4 de abril de 2007

Hernia

Vorhandenheit


Mas, como hay un último linde, es cabal y acabado
por doquier, semejante a la masa de bienredonda pelota,
del centro en todo sentido igualado: pues ello ni debe
ser mayor por acá o por acá menor para nada:
que ni nada habrá que, sin ser, pararlo pueda en llegarse a lo mismo, ni siendo lo habrá, para hacer que fuera de aquende más de lo que es o allende menor: que es todo sin mengua: pues, igual por doquier a sí mismo, lo mismo en su límite reina.

Parménides. Poema del Ser.

El Ser rodea toda la existencia. Nótese, rodea. No lo es propiamente hablando. La existencia es cosa de lo ente. Lo propio del Ser es la huida, el no-estar. Se lo puede perseguir, intuir, acechar, pero nunca cazar. Sólo deja una estela, el hueco, la huella, la estela. Pero rodea a lo ente, lo envuelve, se aparta ante él (porque no hay ser allí donde hay ente). El Ser se hernia ante el empuje de lo ente y se aparta para dejar que éste salga a la superficie. Pero sin ella no podría haber surgimiento de lo ente. Hace falta un apoyo, una herniadura a través de la cual surgir y de la que reciba sustento, aunque lo ente sólo pueda sentir de ello una ausencia, una indigencia. Desde el punto de vista de lo ente, su sustento es una nada, pero una nada, por llamarla de algún modo, positiva, que surge de la retirada del ser (que no es un algo), que es un mero estar suspendido por la nada, en medio de la hernia del Ser. Lo ente intenta suturar la hernia, fundamentar el Ser, hacerlo algo, cerrar el quiebre, devolverle al Ser, sin saberlo, la homogeneidad que le imagina. Pero ello sólo puede hacerse de dos modos. El primero es reducir la hernia, es decir, mediante el retorno al segundo plano de lo ente, a las regiones oscuras en las que no hay sustento posible (porque no hay Ser que sustente). La reducción de la hernia supone la autodesaparición de lo ente, y , por tanto, del mundo. El segundo modo es el del cierre directo de la hernia, homogeneizando el Ser y olvidando el sustento que aporta. Esto, a la larga, conduce a la necrosis de lo ente, y, por tanto a su muerte, o a la dehiscencia de la hernia, con el consiguiente retorno a la situación previa a la sutura.

La disyuntiva es mantener la hernia, que lo ente se mantenaga en la región abierta del Ser, o la autosupresión o la necrosis, lo que significa la muerte en ambos casos. En resumen, la disyuntiva, como tantas otras veces, es entre vida o muerte. Y que nadie piense que la respuesta es clara, porque muy a menudo lo ente, a través de un ente muy especial, como es el ser humano, opta por la muerte.

martes, 3 de abril de 2007

Vivan las caenas!


La Libertad es una medida de nuestra ignorancia. Cuanto más libres nos creemos, más ignorantes somos. El problema es que nadie es tan sabio como para estar por encima de la Libertad.

lunes, 2 de abril de 2007

Las tres M de la enfermería III: Médicos


Otra de las lacras que han marcado el desarrollo de la enfermería es la de la ligazón con la medicina. Ciertamente, el papel del médico es fundamental en el mundo sanitario, pero durante siglos, todo ha girado en torno a la medicina, convirtiéndose en el centro absoluto. La gente ponía (y pone) sus vidas en sus manos, y siempre han sido vistos con cierta veneración, llegando incluso a adquirir bastante poder dentro de las comunidades en las que desarrollaban su trabajo. Esto, unido a la asociación ya comentada entre los cuidados y lo femenino, hicieron que las enfermeras quedaran relegadas al papel de meras secretarias o ayudantes del médico. En resumen, que realizaban el trabajo sucio que el señor doctor no podía desempeñar, debido a su categoría. El mundo sanitario se convirtió en toda una serie de doctores que ordenaban y todos los demás, que obedecían.

Todos hemos llamado enfermera a la secretaría que te recibe en la conbsulta del médico, y que lleva las fichas y organiza la consulta, prepara material y te da cita. Y la verdad es que para eso no hace falta estudiar. Y todos tenemos aún el vicio de llamar a las enfermeras ATS (Ayudante Técnico Sanitario, cuando hace ya 30 años que esa titulación desapareció). Incluso todavía se mantienen algunas servidumbres, como la de tener que preparar todas las mañanas el café a los médicos (algún día tengo que hablar sobre el café y la enfermería). La orientación era hacia los médicos y no hacia los enfermos, que son los que deberían ser objeto de nuestros cuidados y atenciones. Incluso se llegaba al extremo nada infrecuente de jovencitas que se metían a enfermeras, a menudo espoleadas por sus madres, por aquello de "pilla a un buen médico, que te resuelva la vida", y no son pocas las parejas de médico-enfermera en este ambiente. Y también, a modo de anécdota, en algunas de las series de médicos que inundan la programación televisiva, se ven pocas enfermeras trabajando, por no decir ninguna.

Poco a poco, algunas cosas han ido cambiando, y de cada vez más todos tenemos claras nuestras funciones, y la concepción del trabajo en equipo se va imponiendo. Ya no se trata de órdenes que da el médico, sino de prescripciones que otros cumplimos. Incluso ellos tienen más o menos claro cuál es nuestro papel y tienen en cuenta nuestras opiniones. La cuestión es compleja y no está aún acabada, pero se está en el camino.

De todos modos, aún queda un cierto síndrome de Estocolmo respecto a los médicos, y muy a menudo el mundo de la medicina es el espejo en el que nos miramos los profesionales de la enfermería. Muchos son lo síntomas. Para empezar, la carrera está llena de "médicos frustrados", gentes que, por no haber sacado las notas suficientes o por no tener los recursos necesarios, se han tenido que conformar con una carrera que no es medicina, pero es sanitaria (y que para muchos, una enfermera es "medio médico", como alguna vez me ha dicho algún paciente). Y También está la cuestión de las enfermeras "minimédico", que pretenden saber mucho de fisiopatología, tanto que incluso se meten en cuestiones médicas y pretenden dar lecciones a los MIR. Es evidente que la experiencia y el contacto con lo médico hacen que sepas mucho, e incluso es necesario (muy a menudo los que identificamos nuevos síntomas y complicaciones somos nosotros), pero nunca hay que perder de vista que lo nuestro es el cuidado. Y ojo, que también nestán las auxiliares de enfermería, englobadas dentro del personal de enfermería, pero que también hacen su papel importante en todo esto.

Que quede claro, el médico diagnostica y prescribe. El personal de enfermería cuida. Y entre todos curan al enfermo.