miércoles, 2 de septiembre de 2015

Superposiciones

Quedas con tus antiguos compañeros de colegio para que os veáis las caras, os pongáis al día de unas vidas que conocéis casi desde el principio, recordar anécdotas y poner a parir a los profesores. Una vez estamos todos en el lugar y hora acordados (frente al viejo colegio) llega la hora de decidir a donde vamos. Alguien sugiere un tailandés nuevo que han abierto cerca. Vale. Vamos allá, y entre charlas y risas, llegas al lugar, que resulta ser un antiguo bar en el que tu abuelo murió fulminado mientras jugaba a cartas con sus amigos. El lugar está muy cambiado, le falta el toldo que cubría casi toda la acera, las sillas en la calle, y la pintura y la decoración interior es muy distinta a la de antaño. Además, aunque él lo frecuentaba, uno no se acercaba mucho por allí, así que fue difícil reconocer el sitio. 

Lo malo es que caes en la cuenta cuando ya estás terminando de cenar. Y te sientes mal por no haberte percatado antes. Y quién sabe, a lo mejor hasta te has sentado en el punto exacto donde su aneurisma de aorta abdominal rebentó. Lo cual te deja peor cuerpo. Y la cena deja de ser agradable. 

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