lunes, 13 de julio de 2015

Krahe in memoriam

Se nos ha ido Krahe. Nos hemos quedado huérfanos. De él y de Brassens (era una especie de continuación suya). Le admiraba profundamente, por sus versos y por sus maneras. Tenía algo de aquellos filósofos de la antigua Grecia que, tal y como decía Nietzsche, predicaban a través de sus vidas. Y la suya ha sido un ejemplo de lo que es el buen vivir: trabajaba lo justo (detestaba las giras veraniegas, es más, no las llevaba a cabo, él actuaba en invierno) pero lo hacía bien, con esa ligereza que tienen las cosas bien hechas que hace que parezcan simples. Buen bebedor y fumador, admirador de las mujeres (aunque fue hombre de una sola mujer, medio francesa, a la que expulsaba de casa cada dos de mayo para rogarle que volviera el día tres, según narró en una canción), rodeado siempre de buenos amigos. Irónico, sardónico, mordaz, e irreverente. Alguien que supo salirse siempre por la tangente y no caer en los tópicos de los cantautores, aunque como todos, predicaba, pero lo hacía a su manera, y eso ya es mucho. 

A veces sus letras tenían un punto soez (el mítico "no sé tus escalas, por lo tanto eres muy dueña, de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña", o el genial "mi esposa padece furor uterino, no damos a basto ni yo, ni el vecino), y no se cortó un pelo ante nada, siempre dándole un giro peculiar a todo. Sufrió las iras de la izquierda (aquel Cuervo Ingenuo que le significo el ostracismo felipista en los 80) y de la derecha (más recientemente, por la publicación de un vídeo sobre como cocinar un Cristo), algo que en buena medida le rebajó la fama que hubiera podido llegar a alcanzar. Pero a él no le importaba y lo llevaba con resignación y elegancia (y sorna, claro). En realidad, no necesitaba más. 

En tres ocasiones pude verle en directo. Como suele ocurrir con este tipo de personajes, no era un gran intérprete (no cantaba bien, ni tocaba ningún instrumento salvo el kazoo, ni eran vistosos sus espectáculos). En él todo iba centrado en las letras: con unos versos y rimas perfectas, bien estudiadas y trabajadas (por lo visto era algo que le obsesionaba), aunque sus temáticas fueran frívolas y ligeras (que no siempre lo eran, o mejor dicho, escondía sus tesoros y reflexiones tras alegres velos). Había que estar atento a lo que decía, y ahí estaba lo hipnótico, todo el mundo escuchando, en un silencio sólo roto por las carcajadas que sus ripios y sus dobles sentidos provocaban. Las tres veces lo disfruté mucho. 

Tal vez no era muy popular, y mucha gente no sabía quién era. A él no le importaba y casi le agradaba que así fuera. La cuestión es que sí cuenta con la admiración, el respeto y el reconocimiento de muchos que sí son muy populares, tanto en el mundo de la canción como en el del humor, por lo que podemos decir que indirectamente sí que ha llegado al gran público a través de aquellos en los que influyó y que fueron sus amigos. 

Podría poner algún video, o recomendar una lista de canciones. Pero no. Busquen ustedes y escúchenlo todo. O no. Hagan lo que quieran. Es lo que él les diría. 

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