sábado, 9 de agosto de 2014

Magaluf o la historia interminable

Algo de verdad debe tener lo del eterno retorno de lo mismo, porque en Mallorca, desde hace años, tenemos el mismo tema estrella: Magaluf. Primero fue por el balconing, luego por los Oxy-shots (alcohol tomado en aerosol, por vía pulmonar), y este año es el mamading. Pero no voy a comentar nada de las burradas que las hordas de jóvenes con ganas de juerga salvaje hacen o dejan de hacer. Esos están unos días y luego se van. Prefiero hablar de la actitud de mis paisanos, que al fin y al cabo es a quien hay que padecer todos los días y por todas partes (lo de Magaluf ocurre sólo en una calle). 

La cuestión es que cada verano se llenan los diarios de noticias sobre Magaluf, y siempre hay mil y un comentarios, y las autoridades se llenan la boca, y las conversaciones proliferan. Se dice que es intolerable, que da mala imagen de la isla, que hay que hacer algo... Y siempre se promete hacer algo, pero sabemos que el año que viene estaremos en las mismas. En toda esta amalgama de actitudes, la grandísima mayoría escandalizadas, se mezclan la inoperancia (o la poca voluntad de ser operante) de los gobiernos (sí, se han reunido con embajadores, han hecho guías para los turistas, e incluso publicidad en diarios británicos para promover los buenos comportamientos), el desinterés de los empresarios del turismo (a quienes ya les va bien), y la mojigatería de la población, que se escandalizan como monjitas porque creen que es una pofanación de la sagrada tierra mallorquina. 

Vamos a ver, yo soy más o menos moderado y no me va esta clase de desenfreno entre salvaje, histérico y compulsivo. La borrachera por la borrachera no es lo mío. Pero oiga, con no hacerlo yo y no juntarme con la gente que lo hace ya me va bien. Lo que hagan los demás es cosa suya (siempre y cuando no cometan delitos), y mejor tener a estos energúmenos (que me de igual lo que haga no quita que no lo sean) concentrados en una localidad (en realidad, una calle) que no dispersos por todas partes y dando el coñazo en todos los hoteles. 

Y al fin y al cabo, qué quieren que les diga, que un tío borracho y puesto de todo se caiga de la ventana y se mate intentando entrar a su habitación de hotel desde la de al lado porque se ha dejado (o ha perdido) la llave, no deja de parecerme un digno homenaje a Darwin. Y a Newton. 


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