jueves, 14 de agosto de 2014

indignados profesionales

Hace unos días escribía, a propósito del postureo escandalizado de los que ven en los comportamientos de los turista una afrenta a "la terra", acerca de esta gente que aprovecha cualquier oportunidad para hacerse los dignos, y ya de paso, sermonear un poco al personal. Hoy quiero extender la reflexión (o la crítica, o el sermón, si así lo quieren), a los indignados profesionales, esos que hacen de algo temporal (el cabreo es algo que brota, que explota, pero que se acaba pasando) un estado permanente. A esos para lo que casi todo les provoca invectivas, que ven señales de sus "enemigos" por todas partes y todo es sospechoso. La mueca de desagrado lo llevan ya fijo en el rostro, de tanto que la han esgrimido. Curiosamente, este tipo de gente tiene unas convicciones políticas muy firmes: liberales (al menos en su estrambótica variante española), nacionalistas, podemistas... Gentes que son toda simpatía con según que asuntos, pero ojito con bromear con según qué cosas, que se les transmuta el rostro y proclaman fatuas contra ti.

Ven al enemigo por todo, pero es un enemigo ficticio, que vive en sus mentes indignadas. Con ello, lo que logran es denigrar la realidad y lamentarse porque no encaja en sus esquemas. Con lo cual, no son más que la prolongación laica de cierto tipo de religiones que han condenado la existencia en pos de un paraíso (aquello del valle de lágrimas, ¿les suena?). Nada nuevo bajo el cielo, pues. Y de liberación, la justa. 

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