lunes, 12 de agosto de 2013

Sobre los hombros

No podemos cargar con todo el mundo sobre los hombros. Por más que queramos, es una tarea inútil y autodestructiva. Ni siquiera centrándonos en algún aspecto más o menos concreto, somos capaces de soportar el peso de todo lo que puede llegar a implicar. Saberlo no tiene que llevarnos a la inacción (lo cual no es sino una derivación del querer cargar con todo, y ya que no puedo, pues no lo hago, como si no se pudiera hacer nada más: o todo o nada), únicamente al autoexamen con tal de conocer nuestros límites y el grano de arena que podemos aportar. Volvemos al viejo "conócete a ti mismo".

miércoles, 7 de agosto de 2013

Héroes y villanos

¿cuántos de nosotros, en estos tiempos anodinos, llegado el momento, seríamos unos miserables mezquinos? ¿Cuántos unos héroes? ¿O será que los tiempos son grises y átonos, porque casi no hay héroes ni villanos, ni siquiera en potencia?

martes, 6 de agosto de 2013

Muerto el perro...

Hace unos años, cuando hubo unos devastadores incendios forestales en California, el entonces presidente norteamericano Bush, declaró que la forma de evitar que los bosques se quemaran, era talarlos (vale, no al completo, pero reducir los árboles). Muerto el perro, se acabó la rabia. Esta forma de actuar está demasiado extendida, es casi la más habitual. Que aumentan los parados, cambiamos las condiciones para considerar a alguien como tal y las estadísticas. Que los turistas vándalos abarrotan una calle e impiden el paso de vehículos, prohibimos la circulación. Que los fieles de una mezquita se meten con las agentes de la ORA por ser mujeres y no considerarlas autoridad, pues ponemos solo hombres. No pasa nada. Sólo que no se atajan los problemas (aunque en realidad se intuye que lo que pasa es que alguien sale beneficiado de estas decisiones, que lo importante es contentar a ese alguien, sin importar las consecuencias), y que no se lucha contra la rabia. Al final, puede que cuando hayan matado todos los perros ya no quede rabia, pero yo no estaría tan seguro. Mejor sería investigar una vacuna, pero es más complejo (y caro), y los investigadores son más escasos que los que matan moscas a cañonazos.

viernes, 2 de agosto de 2013

El despiste y la desgracia

En unos pocos días, dos despistes (o con más precisión, dos hechos tontos, dos menudencias hechas sin conciencia, imprudencias, estupideces) han provocado dos desgracias que nos han tenido en vilo. Aunque se pueda sospechar de ello (del hecho y la necesidad de señalar un culpable claro e indubitable, para evitar que se pueda colar algún debate sobre recortes que pudiera perjudicar a los gestores), podemos hacer la reflexión de que el infortunio está ahí siempre acechando, y que aprovecha cualquier mínima bajada de guardia para acontecer. Por muchos medios de seguridad que pongamos, siempre hay un resquicio para lo trágico, que se colara por cualquier tontería. Por otro lado, y muy relacionado con ello, está el hecho de que todos tenemos despistes, y que muchos de ellos pueden acabar mal, pero el mismo azar que trae desgracias, las evita. Claro está que hay situaciones en las que hay que bajar menos la guardia, que exigen una mayor vigilancia ya que las consecuencias de un despiste pueden ser más graves. Pero acabará ocurriendo, con menos frecuencia, pero lo hará, lo cual lo convertirá, por inhabitual y esporádico, en menos comprensible y más sorprendente. Menos perdonable.
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