jueves, 30 de mayo de 2013

Poniendo trabas

El hospital donde trabajo tiene un aparcamiento de pago. En su día hubo movilizaciones y se protestó bastante por el asunto, ya que su ubicación hace que no haya prácticamente otro lugar donde aparcar. Para "acallar" al personal, que fue quien con más ruido se movilizó, se dividió la zona de aparcamiento en una zona de trabajadores (pero no todos, porque los que trabajan servicios externalizados no cuentan como trabajadores del hospital) gratuita, y una zona no gratuita. La zona gratuita es insuficiente y por las mañanas (que es cuando más gente hay trabajando) no cabemos todos, creando la injusta situación de que hay trabajadores que tiene que pagar y otros no.

A la gente no le da la gana tener que pagar por ir a urgencias (se han dado casos de madres que se han de ir con sus niños antes de tener resultados de analíticas por no poder esperar y tener que pagar más), y se han buscado la forma de aparcar sin pagar, dejando sus coches donde buenamente pueden en las cercanías del hospital, dejándolos en cunetas y arcenes de carreteras, derribando vallas en la parte trasera del recinto (para poder acceder desde unas calles que hay detrás). Ello, sumado a la patética solución de la concesionaria del párking para evitar los atascos en el acceso al hospital (con lo que ello conlleva de tener los dos -sí, sólo han hecho dos para un hospital de referencia para toda una comunidad autónoma- accesos bloqueados para las ambulancias), que consiste en dejar las barreras abiertas a las horas de afluencia del personal, con un guarda que controla -supuestamente- quien es trabajador de allí y quien no, lo cual provoca que entren en la zona gratuita más coches de los que caben (y por tanto se aparcan donde buenamente pueden), ha dado como resultado que la zona gratuita esté atestada de coches de forma peligrosa, mientras que la zona de pago esté semivacía. Debo confesar que esta combinación de picaresca y de justicia poética me gustó, hasta que han empezado a impedir que se aparque en los sitios que la gente había ido descubriendo. Primero poniendo multas (fácilmente recurribles, ya que en sentido estricto no se violaba ninguna ordenanza), luego colocando pivotes o dando usos inverosímiles a esos sitios. La última ha sido cavar una zanja en la parte trasera, para evitar que se acceda por allí para acortar un camino de más de un cuarto de hora si no fuera por el atajo. Huelga decir que los indignados chascarrillos sobre señores feudales, cocodrilos y hasta dragones han sido la tónica.

En resumidas cuentas, que se encargan de poner trabas para que al final hagamos "lo que hay que hacer" (una expresión muy cara a los que nos gobiernan), que no es otra cosa, cómo no, que pasar por caja. Y si al menos la caja fuera la maltrecha caja común, todavía tendría un cierto pase. Pero no, es la caja de terceros, que viendo el celo que ponen en asegurar, nos obliga a pensar muy mal. 

Al final, ocurre algo que sospecho que está muy de moda en los últimos tiempos, que se ponen obstáculos en según que direcciones, para que el personal, en una gran mayoría, acabe siguiendo los pasos que a alguien le interesa. Y eso tiene que ver con el pastoreo más que con la promoción de la libertad y del uso de la ciudadanía. La ironía es que quienes a ello se dedican, muchas veces se tiene a sí mismo por unos auténticos campeones de la libertad. 

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