sábado, 25 de mayo de 2013

La ubicuidad del poderoso maestro liendre

Algo que me llama la atención de nuestros gobernantes es la ubicuidad. Tan pronto son ministros de sanidad como miembros del consejo director de una empresa eléctrica o gobernadores civiles. Ante ello, no puedo evitar pensar que, o bien son una eminencias (algo que ellos mismos desmienten con casi todas sus declaraciones), o bien su labor no es tan importante como queremos creer. Al fin y al cabo, sus instituciones las sostienen los curritos de a pie, el mecanismo más o menos bien engrasado de que constan, y que sospecho que podría prescindir de muchos de sus dirigentes sin que se alterara su funcionamiento. Es más, por experiencia propia, me atrevería a decir que muchas veces entorpecen más que ayudan. Supongo que hay en ello una parte de oportunismo, de perpetuarse en la poltrona (aunque sea en varias porltronas), o la de complacer de forma lameculista a los superiores, en cualquier caso, me parece indigno.

Lo suyo sería poner a alguien del gremio en el que se pretenda tener una influencia o poder. O a lo sumo, alguien interesado o especializado en el tema (es decir, con vocación). Sería una forma de ejercer la profesión. Porque, qué quieren que les diga, eso de hacer hoy de una cosa y mañana de otra, me suena a incapacidad o imposibilidad (a veces las circunstancias te obligan a coger lo que se presenta, pienso en dificultades económicas, tan habituales hoy en día) de hacer nada. Volver a aquello de la techné, a ser expertos en algo, a vivir de ello. Pero parece que más bien lo que proliferan son los maestros liendres, que de todo saben, pero de nada entienden. Y hay cosas que es mejor entender.

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