sábado, 19 de enero de 2013

A propósito de Armstrong

Soy aficionado el ciclismo. Me gusta seguir las carreras, y cuando hago mis kilómetros sobre las dos ruedas. Por eso querría reflexionar un poco sobre el asunto de Armstrong y su dopaje. Recuerdo que en su momento, había gente del mundo del ciclismo bastante crítica con él. No era una figura demasiado respetada dentro del pelotón, a pesar de sus victorias en el Tour. Este es uno de los detalles que no agradaban: su palmarés se circunscribe casi únicamente a la ronda francesa, sin que haya muchos grandes nombres más allá (un campeonato del mundo en ruta y una clásica de San Sebastián, una flecha Valona, alguna etapa aquí y allá, y poco más), hasta el punto de que se le reprochaba que sólo corría el Tour, despreciando todas las demás pruebas del calendario (obviamente, no se pueden correr todas en un año, y hay que escoger prepararse para unas con más intensidad, pero es que él sólo trabajaba los meses previos al Tour y el Tour, y poco más). 

Luego estaba su superioridad. Era tan aplastante (y ahora sabemos porqué, aunque siempre hubo sospechas, e incluso acusaciones directas que nadie en su momento atendió), que daba rabia. Al público, y a gente del pelotón. En resumen, era alguien incómodo, y siempre oí a los comentaristas deslizar algunas quejas, reproches y sospechas hacia él, cosa que no han hecho luego con otros campeones. 

Sobre el tema del dopaje, tampoco es algo que me preocupe. Asumo y sospecho que es algo muy común, más de lo que nos quieren hacer creer, que se extiende por todo el mundo deportivo, si bien es cierto que es posible que haya deportes en los que haga más falta que en otros por su dureza (y el ciclismo es muy duro, sin duda). Más bien me atrevo a pensar que se trata de que esos deportes duros son un banco de pruebas de sustancias y técnicas de dopaje, de una zona de refinado para que luego en otros deportes pasen más desapercibidas (aunque cabe también la posibilidad de que haya deportes hacia los que se muestre una mayor permisividad en esto del dopaje). En definitiva, insinuo que si hay que perseguir el dopaje, en serio y de verdad, se acaba el espectáculo, y ni la liga de dominó del bar de la esquina se salva.

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