lunes, 10 de diciembre de 2012

Escena dovstoieskiana-nietzscheana

En el capítulo quinto de Crimen y castigo de Dostoievski, éste narra una pesadilla que Raskolnikov, el protagonista, tiene. En él, siendo un niño, contempla cómo un grupo de borrachos maltrata a un caballo hasta la muerte, y él, horrorizado, corre entre lágrimas y se abraza al animal. Al leerlo, como estudioso de Nietzsche, no he podido evitar recordar el episodio que marca su definitiva quiebra mental: cuando en Turín, en enero de 1889, al ver cómo un cochero golpeaba a su caballo, se abrazó al animal llorando.    

No hay pruebas de que Nietzsche leyera Crimen y castigo, pero sí de que conocía su existencia, ya que la traducción francesa, que era la forma en que el alemán había accedido a la obra del ruso hasta entonces, había salido apenas unos meses antes, e hizo alguna referencia a ella en su correspondencia.

Sea coincidencia o no, la escena tiene mucha fuerza, tanta que para uno forma parte de un sueño, y para el otro la entrada en el terreno de la locura. Territorios sombríos ambos. Lugares del abandono, subsuelos de la mente. Todo muy nietzscheano. Muy dostoievskiano.

3 comentarios:

Musa dijo...

Ah! 'Crimen y Castigo', qué gran obra. Un día de estos tendré que volver a leerla. No me había fijado yo en esa conexión. Cree amigo Pez que Nietzsche leyó la obra, ese apartado quedó en algún lugar recóndito de su mente y reaparició en el momento en que perdió el juicio?

PENSADORA dijo...

Curiosa, inquietante y bonita casualidad.

Saludos compañero!!! que te tengo abandonado pero no tanto como parece, lo prometo.

El Pez Martillo dijo...

Musa, yo estoy en plena lectura ahora mismo. Ahora mismo el libro está a unos centímetros de mis manos. La hipótesis es factible, aunque no nos dejó ningún testimonio de que lo hubiera leído, sí lo conocía, y sabiendo la admiración que profesaba hacia Dostoievski y sus personajes, no sería de extrañar que creyera transformarse en el mismo Raskolnikof, porque precisamente en esos días en que parecía que no sabía quién era, podía ser cualquiera, y ¿quién mejor que uno de los personajes de su admirado autor?

Pens, por eso decidí escribir sobre la coincidencia, porque llamó mi atención al leerla en Crimen y castigo y en seguida pensé en lo que le pasó a Nietzsche. Y tuvo que ser muy llamativa la cosa para que escribiera algo, que ya ve usted que no me prodigo mucho por el blog últimamente.

Saludos a las dos.

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