jueves, 13 de septiembre de 2012

Dispersión

No sé a ustedes, pero a mi esto de internet (¿o será cosa de la edad?) me produce una severa y progresiva dificultad para mantener la atención. La malsana fugacidad de la época hace que todo vaya servido en pildoritas, y te acaba costando mucho, cada vez más, seguir algo largo. Lees unos párrafos y te cansas. Ves algo que dure más de diez minutos, y te cuesta seguirlo. Al mismo tiempo, me atenaza una especie de compulsión por la dispersión. Centrarme en algo, en una única cosa, me resulta pesadísimo y monótono, y tiendo a estar en mil y una cosas a la vez. Lo peor es que necesito, y quiero, centrarme. Pero me exige mucho esfuerzo.
Puede que tenga algo de psicológico, de crear mucha interferencia exterior que acalle el runrún interior, los chasquidos de un motor cada vez más atrofiado y ruidoso.  Tendrá algo de epocal (seguro que sí, todo viene en cápsulas fáciles que lo hacen fácil de digerir). Pero se vive con angustia, lo cual es acicate para seguir en esa línea. Y así, con esa lucha, van pasando los días. Será cuestión, como en casi todo, de alcanzar un equilibrio, aunque a veces parece una batalla perdida

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