martes, 6 de marzo de 2012

Islamistas "de los nuestros"

Un buen día apareció el terrorismo islámico. Nos asustó con su fanatismo, su ceguera indiscriminada y sus métodos sanguinarios y a veces espectaculares. Eso de que no les importara morir a ellos también en sus "misiones", no como algo accidental sino como una parte importante de ellas, nos resultó estremecedor y les daba un plus de abominabilidad. Además, está la cuestión de venir de otro paradigma, lo cual hace que queden más lejos y nos sean mucho más extraños e inconmensurables. Todo, en su conjunto, los convirtió en unos cocos muy especiales. 

Pero entonces mataron a Bin Laden, y nos dijeron que encontraron videos porno en su guarida. Y también resulta que han pillado a un diputado salafista egipcio mintiendo para ocultar una operación de cirugía estética (el tipo dijo que le habían dado una paliza). Noticias tranquilizadoras, porque los acerca a nosotros, establece un cierto puente de unión con lo que nuestras mentes pueden asimilar. Los hacen un poco "nuestros", reconocibles de algún modo. ¿O deberían inquietarnos más así?

3 comentarios:

PENSADORA dijo...

Pues que en todas las casas cuecen habas, querido pez, en todas. Y estos no iban a ser menos.

Sabiendo de lo que son capaces, de lo sumamente fanáticos que pueden ser ¿cómo no van a tener otros "vicios" ocultos?. Es bien sabido que violan niños y casi lo venden como parte de su cultura... Creo que la pregunta es más bien ¿qué no se puede esperar del fanatismo? (sea cual sea).

Ale! ya he dao un repaso, que últimamente estoy de un abandonado con el blogger-espacio... ¡ains!.

Cuídeme la isla, haga el favor que me temo tardaré en volver a verla.. ¡JO!.

Von Horrach dijo...

No me diga que usted pensaba que son dechados de pureza y misticismo. ¡Pero si son todos obsesos sexuales temibles! (recuerde lo de las decenas de huríes que les esperan al otro lado).

El Pez Martillo dijo...

Nooo, al contrario, querido Horrach, lo que quiero expresar es que no son tan distantes de nosotros como ellos quieren aparecer, ni como la imagen que nos hemos creado de ellos (tan fanáticos y terribles) nos sugiere. Como dice, Pens, que en todas partes cuecen habas.

Lo de cuidar la isla, Pens, de cada día está más difícil.

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