viernes, 30 de diciembre de 2011

Jünger y Bataille en la colina

Leyendo los diario de Georges Bataille del verano de 1944, en los que narra algunos episodios de la liberación de París, no he podido evitar traer a la memoria las Radiaciones de Ernst Jünger, en las que se narran los mismos episodios. Existen entre ambos notables diferencias: el alemán estaba metido de pleno en la acción al formar parte del ejército ocupante, mientras que el francés está en el momento de escribir en una localidad a las afueras de la capital, ajeno a los movimientos de la guerra. 

Sin embargo, los dos comparten en sus narraciones un aire de lejanía, de alienidad radical respecto a los hechos que nos cuentan. Los viven en primera persona, nos los relatan, pero parece que no van con ellos, como quien le cuenta la película de ayer al vecino. Ciertamente, el describir algunas situaciones puede darnos esa imagen de perspectiva, de un yo que relata algo. Pero aquí la lejanía es más acentuada, en la medida en que lo descrito no es más que un trasfondo, un decorado sobre el que el narrador desarrolla sus percepciones. Porque si podemos hablar de un polo del yo y otro polo de los hechos, en el caso de Bataille y Jünger, el polo yoico es claramente más potente que el otro, irradiándolo, iluminándolo. Y no al revés, como suele ocurrir cuando se pretende contar una historia (que se centra uno en la sucesión de acontecimientos más que en otra cosa). Además, está ese afán intelectual de situarse como al margen de las cosas, pudiendo así contemplarlas y comprenderlas mejor. Ese tomar distancia con el que se ven los cuadros para verlos bien. 

Este tomar distancia contemplativo se manifiesta cuando los dos,  podemos presumir que casi simultáneamente (como máximo, con unos pocos días de diferencia), se encaraman, a un roquedal Bataille, y al Sacré-Coeur Jünger, para contemplar las humaredas, el resplandor de los bombardeos, para escuchar los aviones, los ecos de los carros de combate y maquinaria militar. El primero, con un bosque a sus pies, el otro con la gran ciudad. Pero ambos con angustia (no precisamente la de la guerra) y esperanza. Angustia y esperanza que son la vida misma. Que es lo que en realidad nos están contando, con sus distintos avatares históricos y biográficos de fondo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Esquizoide opinión

¿Qué hacer cuando comprendes, e incluso estás de acuerdo, con un razonamiento a favor de algo, pero también su contrario? ¿Te inhibes? ¿Actúas en función de quien tengas en frente y de las ganas de discutir o no que tengas ese día? ¿O más bien, por aquello de mantener una postura fija, te dejas llevar por la opción hacia la que sientes una mayor inclinación?

lunes, 26 de diciembre de 2011

Mi vistante de dormitorio

¿Conocen ese fenómeno llamado "visitantes de dormitorio"? Seguro que lo han escuhado más de una vez: despertarse con la sensación  de que hay alguien a los pies de la cama, o incluso en el mismo lecho. Hay gente que incluso llega a verlos. A mi me pasó el otro día. 

Fue en el primer sueño, no hacía mucho que me había dormido. Y me despertó la sensación de que alguien me tocaba el pie. Sobresaltado, miré hacia mis piernas, y, aunque no veía nada, durante unos segundos pude intuir una presencia. Ahí. Fija. Densa.

En seguida mi menté le buscó una explicación. Sin duda, se trataba de algún sueño muy vívido que me despertó de golpe y mi cerebro fue un poco detrás de mi cuerpo, activándose unos segundos más tarde. O una alucinación de esas hipnagógicas o hipnopómpicas. Seguro que era algo de eso. No podía ser otra cosa. 

Sin embargo, quedó un poso de intranquilidad y sobresalto que me impidió conciliar el sueño durante un buen rato. La explicación era muy sencilla, sí. Pero uno es muy dado a no tener nada por seguro, así que me he quedado con la duda. Y aunque soy más bien escéptico (por eso mismo del dudar), nunca cierro la puerta del todo, no sea que tenga que traspasarla: y si...?

jueves, 22 de diciembre de 2011

Empezar a caminar

No conseguí morir, y casi ni lo intenté. Ya ni sé si era lo que quería, ni qué anhelo intenté colmar. Sólo sé que me vi en el remolino, hundiéndome, cayendo cada vez más bajo. Pero creía volar. 

Puede que en algún momento pensara que el golpe contra el frío suelo sería liberador. Ahora comprendo que tan sólo fue el primer eslabón de una nueva cadena, el pistoletazo de un nuevo deseo que todavía no conozco ni siento. 

Debería caminar. Pero, ¿cómo se daban los pasos?

jueves, 15 de diciembre de 2011

Estetica alternativa

Se dice habitualmente que nuestra cultura es fundamentalmente visual. Lo que entra por los ojos tiene cierta primacía. Ya Platón identificó su trinidad (Bien-Saber-Belleza) con el sol. Más recientemente, todo lo que ha tenido que ver con lo divino ha tenido alguna relación con la luz. Por contraste, lo relativo al Mal nos lo hemos representado con tonos oscuros.

Aunque nuestro tiempo acusa una severa miopía respecto a muchos asuntos que otrora fueron más fundamentales, el escaso riachuelo en que nos hemos convertido bebe de aquellas fuentes (sin ir más lejos, y como muestra un botón, dos líneas más arriba he hecho referencia a una patología de la vista), por lo que la prioridad de lo visual perdura en muchos fenómenos, que tomamos de la manera más natural. Uno de ellos es el relativo a la estética (en el sentido más común de la palabra: el relativo a estar más o menos guapos). Nos  atrae una belleza que entra por los ojos, y los cánones que se van creando abundan en ello. No en vano, la forma por la que accedemos a ellos son mayoritariamente audiovisuales (que sí, que son audio, pero sobretodo, y el acento de la palabra va en esa dirección, son visuales), quedando el círculo cerrado. Buena parte del tinglado estético va dirigido a la mirada: maquillajes, peinados, vestidos...

Sin embargo, cabe pensar en la posibilidad de darle mayor protagonismo a otros sentidos (de hecho, el término "estética", deriva del griego aisthesis, que significa sensibilidad, en general). Ciertamente, también se cuidan: perfumes (y, dénse cuenta, dichos perfumes vienen en envases atractivos, en primer término, para la vista, que vemos antes de oler su contenido), tratamientos para tener una piel suave..., pero en un segundo plano muy distante. ¿Qué ocurriría si se pusiera más énfasis en ellos, en conjunto o en general?¿Qué cánones de belleza surgirían? Suena raro. Precisamente por el predominio visual, se nos hace inconcebible. A pesar de ello, creo que todos tenemos cierta experiencia, ya que nos ha ocurrido en alguna ocasión en que de alguien tenemos aprecio por su voz o por su olor, por ejemplo, y si es especial para nosotros en buena medida es por eso. 

De forma habitual, solemos decir: "tiene una voz bonita" o "su tacto es especial", pero es sólo un atributo más. Si hablamos de Belleza, nos vienen a la mente imágenes, no voces u olores. La cuestión es pensar en la posibilidad de que, al decir que alguien es "guapo", lo que acuda a nuestra cabeza sea un olor, por ejemplo.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Vías del progreso

El mito del progreso nos ha hecho confiados en exceso: todo va mejorando, sin remedio. Hoy estamos mejor que ayer, mañana estaremos mejor que hoy, y así ad infinitum. Pero en realidad son las técnicas, conocimientos y maquinarias las que van avanzando. No nosotros. Cualquiera de nosotros no es muy distinto de un humano de hace 10000 años. Aunque el saber más cosas nos dé un abanico mayor de posibilidades, lo cierto es que el conocimiento no es lo único que nos mueve, y hay impulsos y motivos que no han avanzado nada, ni tienen un potencial progreso.

Ni siquiera eso, porque han sido numerosas las líneas de conocimiento que no se han desarrollado y ampliado, las tecnologías que, por hache o por be, no han tenido el impulso suficiente y han quedado en vía muerta o directamente han sido rechazadas y desplazadas por otras. ¿Que es porque las que han triunfado resultaron más útiles o más "ciertas"? Habría qué ver a dónde nos habrían llevado las desechadas, qué utilidades y posibilidades nos habrían brindado, aunque ahora ya no sirva de mucho.

Al final, el panorama es el de un edificio que se levanta a duras penas en un mar de ruinas, como en ciertas instantáneas de catástrofes. Porque el único progreso real es el de la desolación.

jueves, 8 de diciembre de 2011

El silencio que no calla

Cuando irrumpe el silencio, lo no dicho alza la voz. Puede llegar a ser ensordecedor, elocuente, opresor. Y doloroso. Te arrepientes entonces de no haber hablado cuando hacía falta. Pero también es cierto que, en la gran mayoría de ocasiones, no alteraría mucho el resultado.  Y sí lo haría hablar ahora que lo que se impone es callar.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Hilo conductor

Es tan grande el impulso a la novedad, a la ruptura, que se hace precisa la ligazón de los fragmentos, el hilo conductor, la hoja de ruta. Ir hacia adelante mirando hacia atrás, más atrás que adelante. Salvar algo de la ruina. Y entonces, se deshace el quiebre. 

O disolución radical o continuidad. No hay tercera vía, así que atengámonos a las consecuencias.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Volubilidad bursátil

Me he enganchado a las evoluciones de la bolsa y la prima de riesgo. Tanto hablar en la prensa de que si suben o bajan, que he querido seguirlas sin que me lo cuenten. Es un vicio. Cada dos por tres refresco la página. Ahora ha subido dos puntos. Pero luego baja cinco. Apasionante. Y eso que no entiendo ni papa ni me juego nada de forma directa en ello. Si tuviera que ganar o perder dinero, entonces entiendo la obsesión que se puede llegar a tener con la bolsa y las inversiones. 

Además de la cuestión puramente material, que es la más evidente y por tanto la que la grandísima mayoría aduciría para entender y explicar la pulsión bursátil, pienso que hay otro impulso más fundamental en el trasfondo: el del control. A menudo se compara la bolsa con los juegos de azar, en los que se gana o se pierde sin sentido. Aquí de lo que se trata es de prever, de domeñar ese azar, de adelantarse a las circunstancias. Y esto es lo que nos trae de cabeza a los humanos, escapar al azar y al sinsentido. Aunque sea a costa de crear una ficción autocumplida que en última instancia no logra sus objetivos.


jueves, 1 de diciembre de 2011

Punto de fractura

Acostumbrado a la presión, acumulas una cosa sobre otra, hasta que llega el día en que, a veces por una tontería, por algo que en otras circunstancias podría hasta pasar desapercibido, alcanzas tu punto de fractura, y entonces sobreviene la caída más brutal, el desplome de lo que parecía irrompible, el estupor, el dolor y la desolación. La ruina.

La cuestión es procurar causar las menos víctimas posibles. Y que la reconstrucción sea factible.
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