viernes, 24 de septiembre de 2010

La semilla que trajo la Gripe A

Hace una temporada que estoy más vital, más activo: salgo más y hago más cosas. Y todo con un mejor aguante. Hace un par de años no hubiera podido hacerlo, o me hubiera negado o me habría visto sin fuerzas. Estaba desfondado. Incluso cosas que antes me fastidiaban y me provocaban incluso malestar físico, ahora no lo hacen (incluso me resfrío menos, y si lo hago es de forma más leve). No sé muy bien a qué viene este cambio, pero bienvenido sea. Echando la vista atrás, y siendo difícil poner una fecha exacta, he llegado a la conclusión de que todo empezó más o menos en el pasado diciembre, cuando padecí la Gripe A. Como sanitario, debería haberme vacunado, pero me negué (nunca me he vacunado de la gripe, y en el hospital existía un cierto ambiente de mofa y cahondeíto acerca de la famosa pandemia) y al final la pillé. Con ella noté por primera vez este plus de vitalidad: no tuve demasiada fiebre (y yo soy de los que por un catarro me pongo a 39) y tras dos días y dos paracetamoles volví a la vida normal, lo cual me extrañó bastante, ya que siempre me cuesta mucho reponerme. 

Desde entonces, ascenso. Y aunque puede que la Gripe A no tenga nada que ver con ello, sería una gran ironía que de algún modo, con ella haya venido más energía y ganas de todo. Así que no puedo hacer otra cosa que estar de acuerdo con la OMS, que ahora dice que con la Gripe A hemos salido ganando. Y al menos quiero creer que sí. Y si non é vero, é ben trobatto

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