lunes, 24 de mayo de 2010

De la diversión

Divertirse, como su etimología indica, es volverse de una parte en que se estaba a otra, por tanto, apartarse de algo hacia otro algo. Di-versio, de di-verto. Este verbo se sustantiva en dos formas: di-verto y di-voertium. El que se di-vierte se divierte de algo gracias a que se divierte con algo. Noten ustedes, sin embargo, que no conseguiríamos divertirnos con nada si no hubiese en nosotros previamente una necesidad de divertirnos de algo. Lo más importante y originiario en la diversión es, pues, no lo que nos divierte -casi, casi cualquiera cosa que nos puede divertir-, sino ese algo de que, por lo visto, necesitamos, anhelamos apartarnos, divertirnos. Por eso mi pregunta sería: ¿de qué necesita el hombre divertirse, separarse, huir? ¿Y porqué le sobreviene de súbito ese menester de separación, de huida? Al pronto, que el hombre se divierta parece lo más natural del mundo pero, a poco que se medite, se cae en la cuenta de que no es nada "natural", sino bien extraño y escalofriante eso de que el hombre necesite de cuando en cuando divertirse, ser fugitivo, escapar ¿de dónde?, evadirse ¿de qué? Y extraño también que pueda divertirse, que pueda escapar, que pueda fugarse a lo otro.

José Ortega y Gasset
Principios de Metafísica según la razón vital
(lecciones del curso 1933-34)

2 comentarios:

Horrach dijo...

Sobre la misma cuestión, algo de Pascal:

http://horrach.blogspot.com/2007/09/la-miseria-de-la-diversin.html

El Pez Martillo dijo...

No es casual que hayamos encontrado dos pensadores que hayan "sospechado" de la diversión. A buen seguro que hay alguno más (así a bote pronto, creo que Unamuno también escribió algo al respecto). Y también habrá muchos que han escrito maravillas sobre la diversión, pero están alejados de las fibras que estos otros lograron tocar. Fibras de lo más interesante, porque hay algo extraño en el hecho de divertirse, por más divertido que sea.

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