martes, 16 de febrero de 2010

Benjamin (con Franco al fondo) en Kiliedro


A lo largo de nuestras vidas nos cruzamos con miles de personas, formando un tejido de relaciones que conforman nuestra existencia y nos anclan a la historia y sus vicisitudes. Algunos de estos entrecruzamientos son superficiales, vagos, transversales y prescindibles, pero hay otros que en sí mismos sostienen toda nuestra biografía, que no podría comprenderse sin ellos. Estos cruces no tienen que ser directos, puesto que las decisiones de terceros, con los que no hemos tenido ninguna relación personal, marcan para bien o para mal nuestras vidas. Y a veces, sucede que acontecimientos en apariencia insignificantes, adquieren con el tiempo otro color, una profundidad insospechada, iluminados por hechos posteriores. Algo así ocurre con una anecdótica intersección vital del filósofo Walter Benjamin, nimia si no fuera porque años más tarde el cruce se repitió en otras circunstancias con un resultado trágico.

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