martes, 19 de enero de 2010

¿Hacia una nueva compasión?


La piedad, compasión y similares no son a menudo más que medios, excusas que nos ponemos para sentirnos a gusto, para decirnos a nosotros mismos lo estupendos que somos por compadecernos y ayudar al prójimo. Y, ya en según que extremos, la vía de entrada a una carrera por ver quién ayuda más.

Reconozco que es algo muy humano el sentir pena por los malparados. Pero en un mundo tan amplio como el nuestro no es lo mismo que hace siglos, en que apenas se salía de la pequeña comunidad vecinal y entre todos podían aliviar las desgracias del de al lado. Pero hete aquí que el mundo se ha ensanchado, y la desgracia es la nota hegemónica, haciendo que la presión compasiva sea insoportable (porque hay que cargar con casi todo el mundo en las espalda, con las mujeres maltratadas, con las víctimas del terrorismo, con los pobres, con las guerras, con los terremotos, inundaciones y tsunamis....). De un tiempo a esta parte todo se ha convertido en una maratón autocomplaciente de condenas, ayudas, actos solidarios y demás productos de la compasión.

No se trata de olvidar y ocultar para entrar en la otra autocomplacencia, la del "ojos que no ven, corazón que no siente", pero tal vez si que urge una nueva forma de compasión para la nueva época en la que entramos (en la que llevamos varias décadas entrando casi sin darnos cuenta).

2 comentarios:

PENSADORA dijo...

Pues estoy muy de acuerdo con usted.

La compasión empieza por uno mismo, por egoísta que suene.

Yo pienso que lo que hay que hacer (tres "que" seguidos, mi literatura está de capa caidísima)es lo que se pueda en la medida que se pueda. Si está en tus manos hacer algo porque simplemente puedes, pues se hace. Si no, pues nada... ¡pa lante! cada uno con su rollo.

En fin...

noragomez...MG dijo...

Creo que cada uno debe elegir el lugar donde siente que puede aportar algo y hacerlo...Comprometerse y cumplir...En Equipo siempre es mejor.

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