sábado, 30 de enero de 2010

En la hora de la muerte de Salinger

Murió Salinger. Anteayer. No glosaré su Guardián entre el centeno, obra que no he leído (ni esa ni ninguna otra). Sólo me apetece hablar del personaje, de ese auténtico misántropo que se encerró en su domicilio para apenas salir de él durante los últimos cuarenta y pico años, no como nosotros, antisociales de salón, que disfrutamos de salir al ágora para proclamar a los cuatro vientos lo mucho que odiamos al ser humano y al mundo. Hablar del escritor, importante según algunos, que ha publicado poco, pero que por lo visto ha escrito mucho sin aspirar a que todo lo escrito salga a la luz. Hablar de ese budista zen que se bebía su propia orina, esquivo, celoso de su intimidad hasta la enfermedad, del cual apenas hay fotos, en un tiempo en el que todo se fotografía.

De forma llamativa, la muerte de este huidizo ser que parecía querer cortar todas las amarras con el mundo fue conocida al poco de producirse, y como un rayo ha recorrido el orbe, en una especie de acto final de desagravio, como si, ahora que está muerto, ya pudiéramos sumarlo a la sociedad del espectáculo que con tanta maestría eludió. Sociedad del espectáculo que nos lleva a hablar de Mark Chapman (asesinó a John Lennon) y de John Hinckley (atentó contra Ronald Reagan para impresionar a Jodie Foster, emulando a Travis Bickle), que aseguran haberse inspirado en la famosa novela de Salinger. Y más, porque nueve de cada diez enfermos mentales estadounidenses citan El guardián entre el centeno como su novela favorita (¿cuántos de ellos la habrán leído?).

Y al final, la foto. Una de las pocas que se conservan, robada cuando Salinger salía del supermercado, provocando la ira del escritor (Agustín Fernández Mallo llama la atención sobre el hecho de que Blanchot, otro huidizo, también fue fotografiado a la salida del supermecado, algo sobre lo que hay mucha tela que cortar, aunque no lo parezca). Ira que se desprende de la imagen, de los ojos y del gesto amenazante, como si, aún muerto, nos quisiera sacudir un guantazo por estarla mirando:



¿Hacía falta leer algo suyo para glosar tremenda figura? (casi diría que, dada la tendencia al aislamiento que profesaba, valoraba más a los que no lo hemos leído que a los que sí lo hicieron).

4 comentarios:

Horrach dijo...

Yo sí he leído a Salinger (El guardián y su libro de relatos) y puedo decir que es un autor sobrevaloradísimo.

Otra cosa queme molesta de Salinger: ¿por qué el hecho de vivir alejdo tantos años de los focos le otorga más prestigio todavía? ¿Qué mérito tiene esconderse del mundo? Al menos Pynchon, otro oculto, vive su reclusión con más humor, además de ser algo mejor como escritor.

El Pez Martillo dijo...

Muy buenas, Horrach, cuánto tiempo sin leerle por aquí.

Sobre si es sobrevalorado o no, no puedo decir nada, ya que no lo he leído (ni tampoco me apetece, la verdad). De todos modos, por lo que leo por ahí, hay muchísima gente que comparte su opinión, así que algo de eso debe haber.

Por lo demás, es cierto que el ser un tipo raro no le pone ni le quita nada a la obra en sí, a lo sumo lo que hace es darle un aura distinta al personaje que impregna la obra (y recon ozcamos que eso de que escriba pero no publique, aunque él no lo pensara como tal, es una excelente estrategia publicitaria). Pero al final, lo que ocurre es que uno se acaba convirtiendo en un personaje novelesco que casi es más popular y valorado por eso que por sus novelas (y si le sumamos el detalle de los desequilibrados que se pirran por su obra, pues más aún), y bajo esa imagen escribí la entrada, en un puro arrebato al enterarme de su muerte. Por eso y como excusa para poner la foto, que me parece interesante.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Oh, no sabe cuánto le agradezco esa entrada. Sin duda habla como lo haría un lector ideal avezado a la obra salingeriana: conociendo los tópicos (no hay muchos más) y no queriendo ahondar en su vida más que con ese tímido análisis y desdén imprescindibles para dejarse impactar por su obra con pleno sentido, esto es: manteniendo las sinergias entre una vida y obra afines, mezclas ambas de lo grotesco y lo sobrehumano.

Teniendo en cuenta que en los EEUU el "Guardián" es como una Biblia… de masiva lectura en etapa escolar, se hace hasta cierto punto comprensible la estadística de los nueve de cada diez enfermos mentales, aunque pienso que eso no confiere significado adicional al libro (sí, en cambio, quizás diga algo del enfermo).

Igualmente yo pienso que Salinger está sobrevalorado, pero en un peculiar sentido que discurre paralelo a la absoluta genialidad de sus obras: especialmente las dedicadas a la saga de los Glass.

saludos,
Novell

El Pez Martillo dijo...

Vaya, no esperaba comentarios así, Novell. Gracias.

Lo que esperaba eran palos por el atrevimiento de hablar de alguien cuyos libros no he leído.

Un saludo.

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