viernes, 25 de septiembre de 2009

Políticos de segunda generación


Tras más de treinta años de democracia formal, empiezan a aparecer por aquí y por allá los políticos de segunda generación, es decir, los hijos de los políticos que entran en política. Por suerte, no todos los hijos lo hacen (como no todos los hijos de médicos se hacen médicos), pero con los que hay ya tenemos suficiente. El haber conocido desde pequeños de qué va todo ese tinglado les otorga cierta ventaja frente a los novatos, y a poco que tengan un interés real por la cosa pública, meten la cabeza con más facilidad. Como la familia es lo que importa, el apellido otorga cierta aura, sobre todo si el/la progenitor/a ocupa algún cargo de importancia dentro de la nomenklatura, y llegan normalmente más lejos que sus padres (en todo). De momento sólo asoman la cabeza, pero llegará el día en que haya más y que ocupen altos cargos, o que lleguen sus hijos y nietos.
En resumen, que con esto de la deriva dinástica de la democracia (otros países nos llevan ventaja, pensemos en los Kennedy, los Clinton, o los Bush...), uno se espera lo peor (aunque eventualmente algo bueno pueda caer).

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