miércoles, 22 de julio de 2009

Terapéutica jüngeriana II


En nuestras crisis hay instantes en los que atisbamos que la muerte se ha apartado de nuestro lado y que está acercándose la curación. ¿Es la salud que está empezando a germinar lo que nos proporciona ese atisbo? ¿O es, por el contrario, el citado atisbo lo que nos conduce a una vida nueva? No lo sabremos mientras veamos separadamente el espíritu y el cuerpo.

Por lo demás, lo único importante en la salud es lo que en ella es símbolo, parábola. En ella ha de haber una pizca de aquella otra Salud que nos ayuda a vencer la última enfermedad. Esa otra Salud es la que se refleja en el rostro de los convalecientes y también de los moribundos. De lo contrario toda curación no sería otra cosa que un aplazamiento de una partida perdida. Con frecuencia resulta espantoso ver cómo se lucha por conseguir una simple prórroga, por ganar unos meses, en los que la angustia del enfermo exige a la técnica del médico sus últimos refinamientos. Es un juego por nueces que están vacías, por días vacíos; y, sin embargo, cada uno de esos días podría aportar aún la más grande de las ganancias. También el morir es una tarea. Tan pronto como el enfermo ha comprendido eso vuelve a tomar las riendas en su mano.

La cuestión es siempre qué hacemos con la salud. Es un talento que nos ha sido entregado, como en la parábola evangélica, para que negociemos con él. Cuando yo he sido productivo me he sentido más sano, aunque físicamente estuviese al mínimo, que en los tiempos en que físicamente estaba en el zenit, pero espiritualmente me hallaba a ras del suelo.

Ernst Jünger, 24 de enero de 1947

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