jueves, 19 de febrero de 2009

Palma, ciudad muerta


Algo que llama mucho la atención de la ciudad en la que nací y vivo, es lo poco que la gente se meve. Ya se sabe que los mallorquines son gente reatraída y que barre para adentro. Eso se ve muy claro en las calles de la ciudad cuando no hay actividad laboral ni comercial. Hasta la ocho de la tarde, las calles bullen de automóviles y gentes, sobretodo las más céntricas. Pero llega la hora de cerrar, y todo el mundo desaparece. Lo mismo sucede los domingos. Se puede caminar un buen rato sin cruzarse apenas con ningún vehículo o persona.

Otras ciudades tienen más vida. La gente va a tomar algo al salir del trabajo, y los domingos salen a pasear, incluso con sus mejores galas, otorgándole algo de movimiento. Palma no. Palma es un desierto. Supongo que la explicación está en que, en verano, todo el mundo se va a la playa los domingos y festivos. Y en invierno, se van a los pueblos. Da la casualidad de que palmesanos con pedigrí hay pocos, y quien más quien menos tiene parientes en algún pueblo, e incluso alguna casita de campo o algún terreno. Y si no, hay amigos que las tienen, que suelen organizar "torrades" en el campo. Además, tenemos unas estupendas montañas a pocos kilómetros, que invitan a hacer senderismo. Y si hace mal tiempo, como no estamos demasiado acostumbrados a ello, pues nos quedamos en casa. La consecuencia es una ciudad como del Far West: desierta. Sólo le faltan las bolas esas rodando por el asfalto.

Buscando una foto para ilustrar la entrada, he dado con este álbum de Flickr, donde, bajo el título de "ciudad desierta", aparecen unas cuantas fotos de Palma, en concreto de las Avenidas, que son las calles más anchas y transitadas. En algunos comentarios se pregunta si las fotos se hicieron cuando tenía lugar algún acontecimiento importante. Me atrevería a decir que lo único que pasaba es que era domingo.

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