viernes, 19 de septiembre de 2008

La vampira del Carrer Ponent

En 1909 Barcelona era un polvorín social. Las continuas huelgas y luchas sindicales culimnaron en el baño de sangre de la "semana trágica". Y también se inicia una de las historias criminales más sobrecogedoras de nuestro país. Se trata de la carrera de Enriqueta Martí, conocida con el siniestro sobrenombre de "La vampira del Carrer Ponent".

En ese año fue detenida por corrupción de menores. Al parecer, mantenía recluídos en un prostíbulo que regentaba a jóvenes de entre 5 y 16 años. Extrañamente, fue liberada en seguida (parece que por influencias de las altas esferas), y fue cuando se puso en marcha la orgía de sangre. Pero no fue hasta tres años más tarde cuando todo salió a la luz. El detonante fue la desaparición de Teresita Guitard, de cinco años, quien, en un descuido de su madre, se fue corriendo y nunca más se supo de ella. La prensa se interesó por el caso, lo cual motivó que empezaran a publicarse casos de desapariciones en los últimos meses, provocando la psicosis en la Ciudad Condal.

Tras dos semanas de investigación infructuosa, una vecina de la calle Ponent (hoy Joaquín Costa) afirma haber reconocido a la niña Teresita y a otros dos niños en los bajos de un edificio. La policía acudió al inmueble señalado, y allí estaba de nuevo Enriqueta Martí, que, amablemente, atendió a las preguntas de los agentes. Con la excusa de estar realizando controles sanitarios, los agentes solicitaron inspeccionar la vivienda. Allí se encontraron con dos niñas, Angeliuta y Felicidad, resultando ésta última Teresita, que estaba siendo sometida a un auténtico lavado de cerebro por Enriqueta (pretendía ser su nueva madre y, aunque no la maltrataba, tampoco la cuidaba como debería). Los interrogatorios a las menores pronto aportaron detalles escabrosos. Al parecer, hasta unos días antes, había vivido con ellas Pepito, otro niño que fue asesinado en su presencia.

Enriqueta mantenía una doble vida. En su hogar se acumulaban, a partes iguales, la cochambre y el lujo (en forma de joyas y de hermosos vestidos). De día salía a mendigar con los niños, y por las noches salía lujosamente ataviada en un carruaje que la esperaba a las puertas de su casa. Los interrogatorios siguieron y continuaban aportando misterios. Los registros en la casa dieron con varios sacos llenos de huesos humanos, un montón de cartas cifradas con listas que comprometían a la alta burguesía barcelonesa y con una habitación repleta de frascos con sangre coagulada, grasas humanas, tuétanos y libros de curandería y magia.

Al final, y ante las evidencias, Enriqueta confiesa ser curandera, y que elaboraba y consumía ungüentos con los restos de sus víctimas. En aquella época, en la que aún no se habían descubierto los antibióticos, la tuberculosis era frecuente, y existía la creencia de que se curaba si se bebía sangre humana o si se realizaban cataplasmas pectorales con grasa de niños. Y al parecer, había gente dispuesta a pagar por esos remedios. Gente muy rica...

Cuando la policía estaba intentando desenmarañar la trama y averiguar los nombres de los compradores de sus remedios. Pero no fue posible. Al poco de ingresar en prisión, fue hallada muerta, linchada por sus compañeras en el patio central (se sospecha que los importantes personajes que estaban detrás pagaron a las internas para el asesinato, y a los vigilantes de la prisión para que hicieran la vista gorda, incluso que ya estaba muerta antes del linchamiento).

En definitiva, se barajan entre diez y trece niños que fueron víctimas de Enriqueta, y sobre la lista de personajes importantes, nunca más se supo (aunque ya hace mucho y no debe quedar nadie vivo, es posible que algunos de sus descendendientes aún ocupen cargos importantes...).

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