miércoles, 24 de septiembre de 2008

Diario de las Pitiusas I. Llegada y reconocimiento del terreno


Ha habido suerte, puedo acceder a un ordenador con conexión. Puestos a relatar cosas, sobretodo viajes, lo mejor es contarlo desde dentro, y no a toro pasado (eso tiene interés en algunas ocasiones, pero me interesaba contarlo a modo de reportero, desde el mismo suceso, a medida que éste tiene lugar), así que allá voy.

La llegada ha sido en barco (mis reticencias hacia el avión son muy razonables: en caso de algún problema, sé nadar pero no volar, y en el barco he podido meter el coche), mejor de lo que me esperaba (mis tendencias hipocondríacas me llevan siempre a pensar en mareos y vomitonas en estos casos) después del tremendo madrugón. La compañía, dos buenos colegas, más que grata, y también lo es nuestra guía y anfitriona, que promete llevarnos a rincones "especiales" de la isla. Nada más llegar, nos hemos hecho con los billetes para mañana navegar hasta Formentera. Viniendo de Palma, todo parece pequeño y muy a la mano: el puerto, la ciudad (preciosa la vista de Dalt Vila), y la isla en sí. Lo que no cambia son los establecimientos turísticos, hechos a medida de las masas ansiosas de playa y distracciones varias, al igual que los elementos playeros y las tiendas de souvenirs.

El hotel lo tenemos en Sant Antoni de Portmany, a unos 15km de la capital, así que hemos tenido que acercarnos para tomar posesión del aposento y de nuestros camastros de paso (no hace falta decir que no pensamos pasar mucho tiempo en ellos). Nada del otro mundo, todo muy convecional y relativamente desgastado por el uso de cientos de gentes que por aquí se han dejado caer (mejor no pensaremos todo lo que ha pasado en esos lugares...). A partir de aquí, empieza la maratón. Coche para arriba y para abajo. Primera parada en el mismo Sant Antoni, para visitar Sa punta des Molí, y en especial las casas donde Walter Benjamin pasó algunos meses en los años 30, huyendo de sí mismo y de los nazis. Aún queda algo de su aura (no podía ser de otro modo tratándose de alguien que habló del aura), y no me habría sorprendido ver su figura volviendo alguna esquina. Los pasos filosóficos nos han llevado hasta Sant Joan de Labritja, con su iglesia blanca, sus calitas (bastante solitarias a estas alturas del año, no hemos podido evitar darnos un chapuzón, a pesar de los nubarrones), y su santuario de la diosa Tanit. Entre idas y venidas se nos ha pasado el día, con mucho cansancio. Pero aún queda ir a cenar y a tomar algo, aunque habrá que retirarse temprano (si no ocurre nada que altere los planes...), que mañana toca volver a madrugar.

Esta isla tiene algo, es telúricamente muy atractiva. Algo que ha llamado a distintos pueblos desde hace milenios, que ha atraído aquí a gentes de lo más diverso: mercaderes, pensadores, artistas, hippies y otras tribus "urbanas" (aquí suena un poco irónico, dado el carácter más bien rural de todo esto). Muchos no parecen saber bien lo que buscan, pero acuden a este pequeño pedazo de tierra ansiosos de algo que piensan que aquí pueden encontrar. Se siente uno cerca de algo (un no sé qué), y todo invita al ritual. Incluso las gentes que vienen aquí en busca de diversión y desfase participan de una especie de ritual sagrado, haciendo de sus viajes una auténtica peregrinación. Yo en cambio, no busco experiencias externas, tan sólo utilizo el cambio de ambiente como un catalizador interior, como un método de experimentación conmigo mismo, ansioso de bucear en mí como estoy (y por lo tanto, en los demás). Creo que voy a disfrutar (no creo que encuentre nada, pero sí al menos me siento predispuesto a sentir).

PD: aunque intentaré dejarme caer todos los días y relatar algunas cosas, el tiempo del que dispongo es breve, así que me limitaré a las entradas. Si tienen a bien dejar comentarios, es posible que no pueda responderlos como es debido. En cualquier caso, los comentarios son siempre bienvenidos, y serán respondidos en cuanto pueda dedicarles el tiempo que se merecen.

1 comentario:

Tona dijo...

Que nombres más bonitos tienen los pueblos de las Pitiusas,a mi me lo parece.
Nos has transmitido la atmósfera de la isla me produce una sensación de levidad.
Mi olfato empieza a buscar en los vientos tan frecuentes en por allí.

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