sábado, 23 de agosto de 2008

Beber para herir


Hay días en los que se desea apartarse al rincón más oscuro y olvidado de la ciudad, con un buen cargamento de alcohol. Y que al amanecer alguien te ecuentre inconsciente. Muerto, con un poco de suerte. Es más, que quien te halle sea alguien determinado. Alguien que vaya a tener que cargar con la culpa de nuestra muerte por el resto de su vida (tan miserable antes como después, sólo que uno siempre se entera demasiado tarde de estas cosas).

3 comentarios:

Cuatroletras dijo...

LA idea no es que sea cualquiera quièn te encuentre muerto, el deseo es ver aquel ser humano cercano que se lleve la carga del remordimeinto con èl.

Incluso aquel que con sus acciones nos llevo a ese rincòn.

Saludos

El Pez Martillo dijo...

Correcto. Aunque nos enseñen a no desear mal a nadie y tal, ¿a quien no le gustaría, llegado el caso, que algo así pasara? (nótese que el atenuante moral aquí es que el que así lo desea lo pierde todo).

Cuatroletras dijo...

Es cierto que quièn lo desea lo pierde todo, pero hay un valor agregado: el dolor del otro.

En un suicidio que es muy parecido al hecho de matarse con alcohol y otras sustancias, deseas hacerle daño a alquièn. Puede ser a ti o a los seres que sufren las consecuencias de tus aciones.

En un suicidio es importante saber a quièn va dirijida la carta de despedida.

Saludos

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