miércoles, 25 de junio de 2008

Hombre rico, hombre pobre


En nuestro humano afán por tenerlo todo controlado y definido, podemos seguir varias estrategias, que se mueven ente dos extremos. En un lado está el acercamiento pormenorizado a la realidad, el intento de registrar y estudiar cada vez más hechos de realidad. Esto nos conduce a un desarrollo conceptual progresivo, en tanto que la minuciosidad nos descubre nuevas aristas de las cosas, y los mismos conceptos engendran nuevos conceptos para mejor clausurar aquello que vemos y experimentamos. No hace falta decir que esta estrategia, si bien parece más adecuada (puesto que, en apariencia, nos descubre mejor la realidad que se pretende abarcar) es notoriamente insatisfactoria, ya que nunca llegará a un cierre total de esa misma realidad que se pretende enclaustrar.

En el otro extremo nos encontramos con la estrategia maximalista. Aquí de lo que se trata es de cegarnos al detalle, buscando conceptualizaciones gruesas que abarquen el máximo de realidad. De este modo, con unas pocas ideas generales se puede (se pretende, en sentido estricto) cerrar el mundo. En un primer momento, esto es lo más ideal, en tanto que parece lograr mejor la clausura. Pero huelga decir que también es poco duradero y muy parcial, ya que tarde o temprano la realidad nos desbordará. A no ser que también iniciemos una progresión como la anterior pero en sentido contrario, donde cada vez un concepto más basto nos ayude a mejor manejarnos con esa realidad.

Hay épocas que se corresponden mejor con uno de los extremos, aunque hay que decir que siempre se está en una posición intermedia. Y parece que la nuestra, al menos en determinados niveles, está bastante cerca de la segunda opción.

2 comentarios:

Horrach dijo...

umm, veo que le está cundiendo el amigo Dilthey, ¿me equivoco?

El Pez Martillo dijo...

Puede que algo de Dilthey haya, pero no de forma directa.

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