jueves, 8 de mayo de 2008

Paranoia móvil


En esta nuestra sociedad de rasgos compulsivo-paranoides, todo acaba convirtiéndose en una función más del círculo compulsivo. Porque muy a menudo, aquello que satisface el impulso también contribuye a alimentar la patológica situación. El teléfono móvil funciona según este esquema. Parece que tenemos una necesidad de comunicarnos, de estar en contacto con la gente (muy a menudo, para decir nada), y el móvil la satisface. Pero todos hemos comprobado cómo, desde que usamos el aparato, lo usamos mucho más de lo que utilizábamos los teléfonos fijos, a veces para comunicar auténticas chorradas ("no sabes aquién acabo de ver cogido de la mano de otro tío...", este tipo de cosas, ya me entendéis). Así, se crea un círculo vicioso en el que tendemos a necesitar cada vez más del aparato para mandar mensajes, hacer perdidas y llamadas tontas.

Pero el teléfono móvil tiene otro efecto pernicioso. Y es que retroalimenta nuestros rasgos paranoides. Porque se supone que casi todo el mundo tiene uno, y siempre lo lleva encima. Así, si no nos responden a alguna llamada, en seguida salta el resorte del buscar explicaciones. Y tarde o temprano aparecen las explicaciones más negativas: "no quiere cogerme la llamada", "le ha pasado algo", "soy un pesado"... Con los mensajes es lo mismo. Al final, la solución es tonta y no había motivo para tales conjeturas. Pero que tire la primera piedra quien nunca lo haya pensado. Y así, poco a poco, nos vamos volviendo mas huraños y desconfiados, e insistimos hasta que nos responden, a veces con motivos estúpidos, como una manera de controlar más de cerca, de confirmar si nuestras sospechas son ciertas o no. En definitiva, en casos extremos, el camino al manicomio puede ir de la mano del señor Nokia o de la señora Motorola. Pero aunque extremos, estos casos no dejan de ser sintomáticos.

3 comentarios:

Stones dijo...

Yo soy de los "desastres" que nunca cojo el móvilo. O bien se me queda en el coche o bien no lo oigo o bien cuando lo oigo ya han colgado. Y eso que tengo la música de Mazinger zeta a toda pastilla. Mis amigos ya me dejan el mensaje y me dejan por imposible. Ya saben que si no lo cojo es que igual está sonando en el coche y yo estoy en casa... Eso sí, devuelvo las llamadas. Pero me llama la atención la gente que no sabe estar sin móvil y se pregunta como ha podido vivir sin él. Son buenos los moviles, pero tampoco para estar pendiente a todas horas de él. Si alguna vez me llama señor pez y no se lo cojo, no se preocupe, es que no lo he oido... No piense mal

El Pez Martillo dijo...

Pues ya somos dos desastres, hay veces que no lo cojo por no cogerlo, aunque pueda responder. Le tengo mucha manía a los teléfonos, y procuro usarlos lo más mínimo.

PENSADORA dijo...

Jo! sí que es verdad esto de los móviles. Yo he decidio dejar el mío en casa como si fuera un fijo y llevarlo sólo conmigo cuando es realmente necesario: viajes, excursiones... emergencias...
Soy de las que siempre coje el teléfono y contesta los mensajes, pero sin ninguna afición.
Uso el teléfono para lo que es.
Admitiré que sí es una paranoia lo de llamar a alguien que no te lo coje y tampoco devuelve la llamada. Igual ocurre con los sms.
Por eso mismo creo que hay que aprender a darle el uso normal, como todo, sin abuso.

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