sábado, 10 de mayo de 2008

Metafísica


En torno al término "Metafísica" se cuenta la anécdota del compilador de Aristóteles Andrónico de Rodas, quien, al ordenar los textos del estagirita, se encontró con catorce libros (en realidad, papiros), que no sabía muy bien dónde colocar, pero que cómo parecían relacionados con los que él había llamado Física (en torno a la Physis, o sobre la Naturaleza) y venían detrás de ella, los englobó bajo el título Metafísica (literalmente "más allá de la Física"). Cierta la anécdota o no (en general se la tiene por verdadera, auque hay alguna discusión al respecto), el uso del término Metafísica puede generar no pocas confusiones y malentendidos. Éstos vienen dados por ese "más allá" que marca el prefijo "meta-", que nos lleva a apuntar a otra realidad, a un algo a parte y alejado de lo físico (uso aquí físico tomando el sentido etimológico, que podría entenderse como, sencillamente, lo natural), como una realidad etérea y eventualmente más pura que la contaminación de lo material. Así se ha malentendido el asunto en numerosas ocasiones, y debido a ello, en según que establecimientos donde se venden libros se pueden ver secciones de "metafísica" pobladas de textos esotéricos sobre fuerzas, energías y otros asuntos que en realidad poco tienen que ver con la metafísica real, la filosófica.

Porque a poco que uno se meta en estas temáticas, resulta que, más que un "más allá", lo que en la metafísica se juega es un "debajo", un fundamento. La metafísica es la disciplina del fundamento, del cimiento, de aquello que sustenta la realidad completa. El propio Aristóteles lo da a entender al llamar "hypokeimenon" a lo que está a la base de todo. Este palabro no quiere decir otra cosa que "lo que está por debajo" en griego. Traducido al latín queda mucho más comprensible: substantia, es decir, la instancia que está debajo.

Así pues, la metafísica trabaja en los sótanos de la realidad, enfangada en lo que la sustenta. En apariencia, es una labor invisible, y no apreciada ni mucho menos comprendida. Pero no se debe olvidar que todo edificio que se pretenda construir debe tener y tiene cimientos, que, por más que no se vean, son fundamentales (valga la redundancia) para su sostenimiento. Y alguien tiene que trabajar en ellos. Si no, estaremos construyendo castillos en el aire, amenazando ruiuda constantemente. Porque, y esto es algo que últimamente me nhe visto obligado a defender en numerosas ocasiones sin que se me comprenda del todo, debajo de todo lo que se quiera decir o hacer, hay una metafísica, y, aunque se quiera obviar y desplazar, está ahí, cimentando y sosteniendo.

3 comentarios:

Horrach dijo...

No estoy muy de acuerdo con su entrada amigo Pez. Primero, porque, si no me equivoco, la traducción latina del hypokeimenon aristotélico es 'subiectum', y no 'substantia', y el sujeto-hypokeimenon es aquello que subyace en todo decir, lo que ya se supone y viene dado, y por tanto no sería exactamente el fundamento al que usted se refiere. Del subiectum se parte, es aquello que busca e interroga, pero no es aquello que se busca. El fundamento es algo que escapa a la dualidad sujeto/objeto o hypokeimenon/kathegoroumenon.

saludos

El Pez Martillo dijo...

Pues me sorprende eso de que no esté de acuerdo, porque me parece que dice lo mismo que yo, si no le he leído mal. Cuando hablo de fundamento me refiero a eso que "ya se supone y viene dado", algo así como el suelo sobre el que se camina. El "análisis" que hago no es tanto conceptual como visual, me interesa mucho esa imagen de lo que está por debajo. Y claro que, por el hecho de ser fundamento, no puede ser buscado, sino tan sólo, en un extremo, ponerse en ese ahí y desde ahí preguntar (convirtiéndose en ese ahí, no sé si me entiende). Tal vez, en lugar de fundamento o cimiento, debería hablar de "lo fundante", acentuando así más esa dimensión como neutra e indiferenciada del asunto.

Sobre lo de la traducción de hypokeimenon, acabo de hacer una búsqueda muy somera y parece que valen tanto substantia como subiectum (o, al menos, se han usado las dos formas de traducción). Incluso he visto unos cuantos sitios en los que se trata los tres términos como sinónimos (hasta parece ser que Heidegger así los consideró). En cualquier caso, parece que hay razones para decantarse por cualquiera de las traducciones, ya que el mismo Aristóteles es un poco ambiguo respecto al uso del término.

Saludos.

Horrach dijo...

umm, sigo discrepando (nota: conste que no tengo ganas de pelea. Lo digo porque últimamente estoy algo avasallador y ya he tenido algún maldecap por ello). Usted dice que el hypokeimenon (ya se traduzca como sujeto o sustancia, aunque el primero es el más recurrido) es "la instancia que está debajo", lo que viene dado, en el sentido del fundamento, pero no es lo que yo digo (ni Heidegger y Marzoa, por ejemplo), que se refieren a esto que subyace en el sentido del 'ponerse-a-si-mismo'. No viene dado, sino que 'se pone' a sí mismo; no es un faktum, sino aquello que pretende fijarse, algo óntico con voluntad de permanencia y de certeza. Es decir, que el sujeto es aquello que se pone, o fija, al margen de lo que abre, quedando por ello al margen de la misma cuestionabilidad. Eso no es el fundamento ontológico, sino un elemento óntico que pretende autoinstituirse como una base genética del decir. No es lo mismo.

Tampoco veo muy claro que desde el fundamento, tal y como lo entiende el dúo Heidegger-Marzoa, pueda preguntarse uno nada. El fundamento es posibilitador, pero en sentido podríamos decir parabólico, es decir, que no es una base genética desde la que se pueda articular directamente un discurso.

saludos, nos vemos mañana, con el Small Tiger

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