viernes, 23 de mayo de 2008

Atropello


Hace meses creí atropellar un gato. En realidad debo decir que crei atropellar algo. Salía de trabajar, un sábado a las 8 de la mañana. Acababa de arrancar cuando, no sé de dónde, vi salir a todo correr una figura negra desde la acera. Cruzó la calzada justo delante de mi, tan justo que antes de poder pisar el freno sentí el golpe. Lo noté en la parte delantera del coche, y también por debajo. Aquel animal (supongo que un gato, pero no pondría la mano en el fuego) debía de haber muerto. Frené, con el corazón acelerado, y miré por el retrovisor. Esperaba ver el cuerpo destrozado tendido en el asfalto. Pero no había nada. Ni siquiera un triste movimiento que me indicara que el bicho hubiera salido corriendo. Me bajé del coche, por ver si estaba debajo. No había rastro alguno, ni siquiera un golpe en el frontal del coche, ni un pelo, ni sangre ni nada. Desconcertado, me volví a meter en el coche, intentando olvidar lo ocurrido. Por el caminó se me ocurrió pensar que a lo mejor la violencia del golpe lo había incrustado en los bajos del vehículo. No me quedé tranquilo hasta que llegué y aparqué, y miré. Cómo no, allí no había ni un rastro del supuesto gato.

Con el tiempo, he llegado a dudar de que aquello ocurriera realmente. Salía de trabajar en el turno de noche, y el sueño a veces juega malas pasadas. Si fue una alucinación, la visión de aquel borrón negro y veloz saliendo de entre los automóviles estacionados y el golpe parecieron muy reales. Lo perturbador es que no hubiera rastro alguno de la víctima del atropello. Y todavía ahora, con el tiempo, no deja de pasarme por la cabeza en algunas ocasiones que tal vez el animal se quedara enganchado en alguna parte de los bajos del coche, en un lugar difícil de ver, y que sigue allí. Supongo que no, porque habría notado el olor de la descomposición. Pero a veces, cuando llego a casa a altas horas de la madrugada, temo que el gato negro se vengue y se abalance sobre mi en la soledad del párking. O eso, o el pobre, malherido, pudo seguir unos pasos hasta esconderse, donde agonizó en soledad hasta morir. Y que tal vez su cadáver aún siga en algún rincón olvidado de los solares que por aquella zona hay. No sé cuál de las dos opciones es más desoladora.

6 comentarios:

Jarttita. dijo...

Los gatos son bastante ágiles y listos, podía pensar en positivo...no?.

Vaya foto. Joé.

javi dijo...

Qué raro. Si fue un gato no creo que hubieses notado el golpe en la parte delantera del coche, salvo que el gato saltara en el momento del impacto o fuera un gato bien hermoso. Pudo ser un perro. En cualquier caso, también pudo ocurrir que no llegaras a matar al animal, y éste se hubiese alejado. Aunque si el impacto fue fuerte habría quedado un rastro de sangre, o pelos, o algo.

Me gusta mucho cuando dices: "Con el tiempo, he llegado a dudar de que aquello ocurriera realmente. Salía de trabajar en el turno de noche, y el sueño a veces juega malas pasadas".

(Y gracias por el vídeo de The Felice Brothers. Me gusta mucho la canción. Ya he puesto a bajarme un disco de ellos)

El Pez Martillo dijo...

Jartitta, Javi, gracias por comentar y por seguir ahi.

Claro que he pensado que a lo mejor se escapó, es lo más seguro, pero juro que el golpe y el ruido que hizo fueron tremendos. Lo sentí como si me lo hubieran dado a mi. Y lo peor es que luego noté cómo seguía golpeando por debajo (o sea, que en realidad fue más de un golpe lo que noté). Además, yo no iba despacio por aquella calle (debía ir al menos a 40). Si el animal (pensé en un gato precisamente por lo ágil y lo rápido que iba) sobrevivió, olé por él.

Javi, me alegro de que te gustaran los Felice. En realidad sólo tienen dos álbumes oficiales (yo prefiero el "Tonight at the Arizona").

Saludos a los dos.

Horrach dijo...

Buen relato, amigo, de interesante sensibilidad subsuelítica.

Anónimo dijo...

Estimado amigo,

Increíblemente quiero decirte que me ha sorprendido tu historia puesto que a mi me ha pasado hoy lo mismo.
Quiero añadir que a mi previamente en la misma mañana también se me abalanzo un perro negro ladrando y arañando el coche en marcha que incluso tuve que aminorar la marcha, ambos sucesos con testigos que tampoco se explican tales sucesos.

Atentamente,

El Pez Martillo dijo...

Hola Anónimo, gracias por molestarse en comentar.

Lo que cuenta es mucho más extraño y terrorífico que lo que a mí me ocurrió. Con lo paranoide que soy, yo estaría acongojado...

Saludos.

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