jueves, 20 de marzo de 2008

¿Saetas en Mallorca?


Un mismo hecho y distintas formas de vivirlo. Las tradiciones son signos de ello. Ante una misma celebración o conmemoración, distintas manifestaciones. Y a veces, transplantar una de un lugar a otro da lugar a situaciones rocambolescas. Como la que voy a relatar.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que sólo había una procesión de Semana Santa en Palma, la del Jueves Santo, y no duraba más de dos o tres horas. Ahora las cosas han cambiado, y todos los días tenemos al menos una procesión, y la de hoy, se prolonga hasta altísimas horas de la madrugada. Es un hecho extraño, porque corre paralelo a la progresiva pérdida de poder de la Iglesia, lo cual me lleva a pensar que tal vez este espectacular aumento en tan poco tiempo (no más de diez años) poco tiene que ver con lo religioso (o sí, y no es más que el intento de calmar las conciencias durante unos días, por parte de gente que el resto del año pasa de largo ante las iglesias). Pero bueno, no es sobre esto sobre lo que hoy quería explayarme.

En esos tiempos ya perdidos en que sólo había una procesión, servidor y su familia acudíamos a ver el desfile de penitentes y pasos. Tenía su aquél. Teníamos la suerte de tener una abuela que vivía en una calle céntrica por donde la procesión pasaba, y desde la tarde poníamos las sillas y nos reservábamos el lugar desde el que íbamos a asistir al aspectáculo. Los niños estábamos especialmente excitados, porque competíamos a ver a quién le daban más peladillas (desconozco si se hace en otras partes, pero aquí los penitentes dan peladillas a los conocidos, sobretodo a los niños). Después venían las cábalas: ¿quién habrá sido?, porque hay que reconocer que, ocultos bajo el capirote ("sa caperutxa" en mallorquín) es difícil saber quiénes son.

La cuestión es que llegado no sé qué Virgen o no sé qué paso, alguien se puso a cantar una saeta. Nunca había oído ninguna, y por la reacción, la mayoría de la gente tampoco. Empezaron las caras de sorpresa, los codazos, los gestos de desesperación (entre el público y los penitentes, que pedían la hora...), y poco a poco la sorpresa fue dando lugar al cachondeíto. Incluso hubo alguna carcajada, y comentarios de "ya se ha puesto a cantar el borracho", incluso se habló de locura. Y es que resulta curioso cómo, tan cerca y tan lejos, algo que en otras parte es lo más común e incluso representa los momentos más emotivos del asunto, aquí es visto como un auténtico fastidio. Al menos así lo recuerdo en mi primera experiencia saetera.

No sé cómo está la cosa en estos momentos, supongo que debe haber más saetas y la gente debe responder mejor, pero hace años que no me dejo caer por una procesión. Y hoy tampoco se va a dar el caso, a no ser que tenga que cruzarme con ella en mi periplo nocturnoide.

3 comentarios:

PENSADORA dijo...

Jejeje! con lo majas que son las saetas.
Yo misma me hubiera arrancado este viernes santo en que, casualidades de la vida, acojí en mi hogar a una amiga mallorquina.
Como vino a Huesca vía Zaragoza, la recogí en el aeropuerto y aproveché para enseñarle el pilar y esas cosas mañas. Total que nos cruzamos con todas las procesiones y, mire usted, que casi me arranco, me entró un punto semanasantero... serían los tambores, las cornetas o tanto tío encapuchado... no lo sé.

El Pez Martillo dijo...

Sería más bien lo de los tíos encapuchados y con el cirio en ristre (es que lo de las cadenas,las máscaras y la cera caliente tiene su puntito...).

PENSADORA dijo...

Jejeje! eso sera.

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