sábado, 19 de enero de 2008

Revetla de Sant Sebastià


Esta noche es fiesta en Palma. Mañana es el patrón, San Sebastián, y toda la ciudad se prepara para salir de fiesta. La tradición impone "foguerons i torrades" (hogueras y torradas), en las principales calles y plazar. Allí la gente se reúne i comparte los alimentos típicos de la época: sobrassada, botifarró, xuia (panceta), pan y vino en un ambiente festivo. Como no, todo esto se acompaña con música. Las tonadas y bailes populares que se entonaban por los mismos participantes de forma improvisada hace ya tiempo que se abandonaron, pero el ayuntamiento mantuvo el carácter festivo y musical contratando a distintos grupos que actíuan en las principales plazas del centro de la ciudad. Esto es una costumbre reciente, inaugurada en la transición, pero que ha arraigado con fuerza entre la ciudadanía, hasta tal punto que el programa de conciertos normalmente es uno de los temas de conversación del principio de año palmesano (siempre por motivos polémicos, por supuesto). Poco a poco la fiesta ha ido tomando la forma actual, y cada plaza se dedica a distintos tipos de música, desde la tradicional hasta el rock alternativo, pasando por el jazz-blues, el pop, el flamenco, la electrónica, el rock en catalán o los grandes éxitos del pasado.

Las "revetla" (velada) de Sant Sebastià está más que consolidada, pero ha ido perdiendo fuelle de diez-quince años acá. Lejos ha quedado la época gloriosa en la que se nos traía a los grupos más señeros del momento (aquí han llegado a actuar Mecano, Héroes del Silencio, Sabina, Loquillo...). Ahora, en parte debido a que hay más plazas y más grupos que contratar, la cosa ha venido a menos, pero siempre hay algo más o menos interesante o que puede estar bien. Lo que ocurre es que nunca llueve a gusto de todos, y siempre hay motivo para la trifulca política, además de esa costumbre tan mallorquina de nunca estar a gusto con nada. En cualquier caso, y a pesar de todas las discusiones y polémicas, la gente sale a tomar la calle, y el centro está abarrotado (de forma a veces exagerada, recuerdo hace unos años que tarde como tres cuartos de hora para desplazarme una distancia de 50 metros).

La fiesta ha perdido el carácter familiar y popular que tenía hace años para ser un evento más de masas que desborda expectativas y programaciones. Ya nada es lo que era, como en tantas otras cosas de la vida. Pero la fiesta es la fiesta. Y allí estaremos para contarlo.

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