jueves, 29 de noviembre de 2007

The Beatles. Helter Skelter.



Esta canción inspiró sus tremendos crímenes a Charles Manson, y hay una versión no publicada (que se está intentando publicar) que dura 27 minutos, constituyendo la greabación más larga que los cuatro de Liverpool hicieron.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Encerrona


Al llegar a trabajar aquél día todo eran sonrisas, alegría y parabienes. Estuve contento toda la jornada. Ingenuo de mí, debería haber supuesto que estaban afilando sus cuchillos, felices por la que me estaban preparando.

martes, 27 de noviembre de 2007

Kiliedro


Me complazco (un poco de autobombo nunca viene mal) que a partir de este momento puedo contarme entre la nómina de colaboradores de la revista electrónica Kiliedro, donde en cada entrega destriparé algunos aspectos interesantes de diversos personajes históricos. No quiero que se trate de simples y tópicas biografías tipo "vida y milagros", sino que me gustaría centrarme en ciertos puntos, algunos conocidos y otros no tanto, de las personalidades que escoja para cada número.

Para empezar he escogido a Lou Andreas Salmé, sobre la que ya había trabajado algunas cosas y ya había escrito algo en este blog. Lo que he querido destacar es su faceta de "mujer fatal", destructora y atrayente a partes iguales para todos aquellos que la conocían. Pero no voy a adelantar nada aquí. Mejor pasen y lean, mi sección (biodiapositivas, se llama) y todas las demás, por supuesto, que son altamente recomendables (pinchen en el enlce).

Kiliedro

lunes, 26 de noviembre de 2007

domingo, 25 de noviembre de 2007

Perdido y encontrado

Por segunda vez en poco tiempo, me voy a perder un concierto de Kroke, grupo de música Klezmer que de cada vez me gusta más (su último trabajo, Seventh Trip, es más que interesante). Es una lástima, pero, si han venido dos veces por aquí en más o menos un año, esperemos que vuelvan otra vez. Ya dicen que no hay dos sin tres (aunque creo que habían actuado alguna vez antes). Prometo no desaprovechar otra oportunidad. Mientras tanto me conformaré con verlos en vídeos como este:

Kroke - Time - Live at Urkult Festival Sweden 2004



Por otra parte, y siguiendo con la cosa de los conciertos, me acabo de enterar de que se está negociando un concierto de Springsteen en Palma para el verano próximo, y que la cosa está relativamente avanzada. Cruzaremos los dedos, porque este sí que no me lo pienso perder.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Desprecio


-¿Ya te vas? Yo que quería pasar un rato contigo...

Así me abordó una rubia de bote cuando salía de aquel antro en el que no me gustó ni el ambiente ni la música. Como yo ya estaba más fuera que dentro, con la cabeza puesta en mi cama, que me esperaba en casa, respondí que sí, que ya me iba. Ella insistió en su empeño, que a dónde me iba. Que a casa, le dije yo.

-Pues es una pena.
-Sí, estoy cansado.

Ahí la dejé, plantada, sin que supiera muy bien qué decir. Se notaba que no estaba acostumbrada a que un tío la rechazara de aquella manera, sin siquiera darle un poco de cancha. Su cara reflejaba sorpresa y cierta decepción. Pero es que yo, por la noche, cansado y con algo de alcohol en el cuerpo, me vuelvo negativo e imprevisible, y no estoy para muchos cuentos. Si además tengo en mente ya la retirada, no hay nada que me haga volver atrás.

La cuestión es que la rechacé, y ella se sorprendió. Perdí un polvo (o no, porque a lo mejor era una simple petarda calientapollas, de esas que tanto abundan), pero la satisfacción que me dio ver aquella expresión lo compensaba, y todavía la recuerdo. No me acuerdo ni de su cara ni de su cuerpo (apenas fueron unos segundos), pero sí del estupor que reflejaba aquel rostro. Seguro que, para consolarse, debió pensar que era maricón, y que a los cinco minutos ya había engatusado a algún idiota para que le diera lo que yo no le había dado, y que ya no se acuerda de aquel gilipollas que no quiso pasar un rato con ella. Mejor.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Caída


Me dolió verla con ese gilipollas. Seguro que no la quería igual que yo, pero eso ella no lo sabía. Lo más curioso de todo es que por encima del estupor, el escalofrío y la decepción, crecía un inmenso alivio.

martes, 20 de noviembre de 2007

Hijos de la loba


En el mito sobre la fundación de Roma por parte de Rómulo y Remo, hay un par de cosas que llaman la atención. La primera de ellas es el hecho de que los dos gemelos fueran arrojados al Tíber en una cesta para que murieran ahogados. Por supuesto, sobrevivieron y tenían reservado un gran destino. Por otra parte, resulta que al final, uno de los dos hermanos mata al otro en un rapto de celos y envidia. Es llamativo el paralelismo con las historias hebreas de Moisés y de Caín y Abel, tan lejanas al Lacio varios siglos anterior al Imperio y al cristianismo. Tal vez el parecido tenga que ver con que los relatos narran cuestiones que en última instancia tienen que ver con la naturaleza humana más profunda, sobretodo en el caso de los hermanos que se matan. La otra historia, la de la cesta, resulta más difícil de explicar, ya que aunque la tendencia a quitar de en medio a los infantes incómodos (al fin y al cabo, los bebés, por su fragilidad, son muy fáciles de retirar de la circulación) esté en todas partes, la idea de la cesta y el río ya es más complicada de hilvanar (salvo que tengamos en cuenta que se trataba de pueblos, el egipcio y el romano, muy ligados a sus ríos).

Más allá de estas coincidencias y reflexiones, hay otro asunto curioso. Se trata del hecho de que los dos fundadores de la ciudad fueran amamantados por una loba. Historias de este tipo abundan en diversas culturas, pero a nadie debe escapar que el animal es precisamente una loba, y lo que ellas representan. Que, sobretodo de una mujer, digan que es una loba no es algo muy elegante ni cariñoso. Todo lo contrario. Y para los romanos era aún peor, puesto que no hay que olvidar que llamaban lupanar a los prostíbulos, literalmente "nidos de lobas". ¿Qué querían expresar los antiguos romanos al vincularse a la loba? ¿Ligarse a un origen femenino bestial y turbio?. En cualquier caso, no debemos olvidar que nuestra tradición gusta de entroncarse con la gloria de Roma, con lo cual nosotros también seríamos hijos de la loba.

lunes, 19 de noviembre de 2007

En la agenda

Me la apunto:



Por lo pronto, la banda sonora es impresionante, versiones de Dylan a cargo de Eddie Veder, Richie Havens, Calexico, Yo la tengo, Sonic Youth, Anthony and the Johnsons, Charlotte Gainsbourg...

domingo, 18 de noviembre de 2007

Lecturas kantianas


Siempre tuve la sensación de que el auténtico Kant, el que más le interesaba a él se esconde fuera de la Crítica de la Razón Pura, que ésta no es más que una propedéutica para sus auténticos intereses, un mero (pero importantísimo y necesario) preparar el terreno. Por decirlo de forma rápida y suave, tengo la impresión de que la obra mentada está sobrevalorada, mientras que las otras dos críticas (sobretodo la del Juicio), están ingfravaloradas, cuando a lo mejor debería ser al revés. La cuestión se acentúa si tenemos en cuenta que cuando se trata de enseñar a Kant la labor se centra casi exclusivamente en la primera crítica, dejando a las otras dos (y al resto de la obra kantiana) en un plano secundario. Tal vez la cosa se deba a la complejidad conceptual y la aridez en su lectura, que provocan admiración y repulsión a partes iguales, así como el sentimiento de encontrarse ante algo grande por difícilmente comprensible (cuando no directamente incomprensible). La Crítica de la Razón Práctica y la Crítica del Juicio son más asequibles, al menos por ser más breves. Y no digamos ya las otras obras que dejó el de Königsberg, que han quedado ensombrecidas por la granmdiosidad de la primera crítica, que exige ingentes cantidades de tiempo y de neuronas para ser desentrañada (y ni siquiera sí). El caso es que desde que tengo conocimientos sobre Kant, me parece que todo el pensamiento kantiano corre a desembocar en el mar de las segundas críticas, y mis lecturas de él y sobre él me lo van confirmando.

Hace unos meses cayeron en mis manos, gracias a un amigo que por una mudanza se tenía que deshacer de libros, la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y las Lecciones de ética (que, en realidad, son dos textos complementarios y que he hecho bien de leer uno detrás del otro). Tardé un tiempo en decidirme a atacarlos, sobretodo tras el trauma de la Crítica de la Razón Pura y algunos fragmentos de las otras críticas (que tuve que leer por obligación y en un contexto que dejaba bastante que desear). Pero me puse a ello. Y debo decir, para mi asombro, que me gusta, que me parece muy interesante y que incluso lo estoy disfrutando. No pensaba que llegaría a decirlo, pero sí, estoy disfrutando con Kant. Pero con un Kant muy distinto al que me enseñaron y que aprendí. Mucho más fácil de leer y más comprensible, más sencillo, e incluso más entusiasmado con lo que está escribiendo. Más a la mano, y que hace que cambie muchas cosas de las que pensaba sobre él.

Puede que incluso me anime y me lancé a una relectura de la Crítica de la Razón Pura. Aunque con todo lo que tengo que leer será difícil. Pero la verdad es que el viejo Immanuel se ha ganado un hueco y tal vez se lo haga.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Dualismos II


Santana. Soul sacrifice (Woodstock 1969).

Siguiendo con lo del dualismo: hay días en los que desearía ser tan sólo un espíritu vagando por las regiones etéreas. No tener este cuerpo maltrecho, ni esta cabeza dolorida, ni estómago ardiente... A veces incluso sería preferible no ser nada.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Dualismos


Somos muy modernos y muy estupendos y tenemos las cosas muy claras. Muy "maduros" y "adultos". Sí. Pero seguimos queriendo separar lo corporal de lo sentimental, creyendo que podremos mantener el cuerpo y los sentimientos apartados. En nuestra radicalidad y claridad, seguimos igual de confusos que siempre.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Crossroads


Los cruces de caminos tienen un aura especial. Son lugares de confusión, en los que, si no se tiene bien claro dónde se va, es fácil tomar la ruta equivocada. Puede parecer un poco exagerado en estos tiempos de GPS, pero debemos remontarnos a la antigüedad para comprender lo que era un cruce de caminos. Incluso ahora, cuando vamos por la carretera y no conocemos el camino, llegar a un cruce (uno de esos mal o nulamente señalizados) supone un cierto quebradero de cabeza. ¿Habremos tomado la dirección correcta? ¿Nos habremos perdido aún más? Esta condición confusa ha hecho de las encrucijadas sitios especiales y misteriosos. Porque no se sabe qué es lo que nos hace decidirnos por una de las direcciones que se nos ponen delante. Y porque en otros tiempos, tomar el mal camino podía significar adentrarse en tierras peligrosas, o incluso el mismo cruce podía ser el sitio en el que se nos pudiera tender una emboscada. Por esto es por lo que las encrucijadas son a menudo sitios inquietantes. Y tal vez sea por esto por lo que las leyendas se tejen en torno a estos lugares que están al mismo tiempo en todas y en ninguna parte. En la antigüedad eran sitios de cultos paganos, y con el cristianismo se convirtieron en sitios malignos, en lugares en los que se podía aparecer el diablo y tentarnos. Por eso se protegían con cruces. Hay regiones, como Galicia, en las que abundan estas cruces protectoras que servían para tranquilizar a los viajeros y evitar encuentros indeseables.

Porque además de las físicas, están las encrucijadas vitales, esos momentos en los que hay que tomar una decisión importantes y no se sabe bien hacia donde tirar. En estos momentos es fácil que aparezca alguien y nos tiente a escoger la ruta equivocada (si es que hay alguna que lo sea). Entonces es cuando necesitamos toda la ayuda benefactora que nos podamos agenciar, y encomendarnos a todos los dioses para elegir el buen camino.

En torno a los cruces hay muchas leyendas, como la también gallega de la santa compaña. Pero también estan los pactos con el diablo, que muy a menudo, como el de Robert Johnson (algún día hablaré con más extensión de él), se dan en las encrucijadas, y nos han aportados grandes creaciones, aunque a los protagonistas en cuestión no les haya acabado de salir bien la jugada.

martes, 13 de noviembre de 2007

Hotel dulce hotel


Cuando estoy en un hotel, o cuando he estado en la cama de un hospital, no he podido evitar en conjeturar en torno a las historias que ese lugar ha vivido. Amantes furtivos, maridos expulsados, planes de suicidio, desarraigos varios, angustia, cansancio, enfermedad, muerte... Todo esto y mucho más cabe en una pequeña estancia. Y yo no puedo evitar pensar en ello. Así me cuesta menos conciliar el sueño.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Childe Roland a la torre oscura llegó

Childe Roland to the Dark Tower came, Thomas Moran (1859)

I
Mi primer pensamiento fue que mentía en cada palabra,
Aquel viejo lisiado, con mirada maliciosa
Observando con recelo el efecto de su mentira
En la mía, y la boca apenas capaz de disimular
El júbilo, que fruncía y perfilaba
Su comisura, por así haber atrapado otra víctima.

II
¿Para qué si no estaría él dispuesto con su cayado?
¿Para qué, salvo para acechar con sus mentiras, para enredar
A todo viajero que lo hallase allí apostado
Y preguntase el camino? Conjeturé qué risa cadavérica
Estallaría, qué muleta escribiría mi epitafio
Como pasatiempo en la polvorienta calzada,

III
Si por su consejo yo virase
Hacia aquella ominosa región en la que, como todos saben,
Se esconde la Torre Oscura. Aun así, aceptándolo,
Me desvié hacia donde él señalaba: no por orgullo
Ni por esperanza reavivados en el final señalado,
Sino por la alegría de que existiese algún final.

IV
Porque, a pesar de mi vagabundeo por todo el mundo,
A pesar de mi búsqueda que se alargaba a través de los años, mi esperanza
Menguaba en un fantasma no preparado para poder
Con ese turbulento regocijo que brindaría el éxito,
-Apenas podía intentar reprimir ahora el salto
Que dio mi corazón, al hallar un fallo en su aptitud.

V
Al igual que un hombre enfermo que se aproxima a su muerte
Parece efectivamente muerto, y comienzan las sensaciones y terminan
Las lágrimas y recibe la despedida de cada amigo,
Y oye a uno proponer a otro marchar, para respirar
Mas libremente en el exterior, ("puesto que todo terminó," dijo él,
"Y ningún lamento puede compensar la desgracia")

VI
Mientras algunos discuten si cerca de las otras tumbas
Habrá espacio suficiente para esto, y qué momento del día
Es el mejor para llevarse el cadáver
Poniendo cuidado en los estandartes, pañuelos y bordones:
Y el hombre aún lo oye todo, y solamente anhela
No deshonrar tan tierno amor y permanecer.

VII
Así, he sufrido tanto en esta búsqueda,
He oído el fracaso tan a menudo profetizado, he sido incluido
Tantas veces en "El Grupo"- a saber,
Los caballeros que a la busca de la Torre Oscura encaminaron
Sus pasos- que el sólo fallar como ellos parecía un triunfo,
Y toda la duda ahora era- ¿sería digno?

VIII
Así, en silenciosa desesperación, me alejé de él,
De aquel odioso lisiado, fuera de su camino,
Hacia el sendero que él señalaba. Todo el día
Había sido monótono a lo sumo, y turbio
Se volvía hacia el final, y aún soltó una lúgubre
Mirada roja y obscena para ver al llano atrapar al caminante distraído.

IX
¡Por la marca! Apenas me hube
Internado en el llano, tras un paso o dos,
Al detenerme para echar una última mirada atrás
Hacia el camino seguro, éste había desaparecido; gris llanura por todas partes:
Nada salvo planicie hasta el confín del horizonte.
Debía seguir; no había nada más que hacer.

X
Así que, continué. Creo que nunca antes vi
Tan yerma e innoble naturaleza; nada prosperaba:
Por flores- se podía esperar una arboleda de cedros!
Pero la gramínea, el tártago podía, de acuerdo con su ley,
Propagar su especie, sin nada que temer,
Pensarías que una carda habría sido un valioso tesoro.

XI
¡No! Penuria, pereza y mueca,
De alguna extraña forma, eran parte de la tierra.
"Mira o cierra tus ojos," dijo la Naturaleza de mala gana,
"Nada instruye, mi caso no tiene remedio;
Es el fuego del Juicio Final quien debe sanar este lugar,
Calcinar sus suelos y liberar a mis prisioneros."

XII
Si algún rasgado tallo de cardo se elevara
Sobre sus compañeros, le cortaban la cabeza, los torcidos
Sentían celos sino. ¿Qué hizo esos agujeros y rasgaduras
En las ásperas hojas de césped del embarcadero, golpeadas como para impedir
¿Toda esperanza de verdor? Existe alguna bestia que debe andar
Destrozando sus vidas, con bestiales intentos.

XIII
En cuanto a la hierba, crecía tan exigua como el cabello
En la lepra; delgadas hojas secas se erguían en el lodo,
Que por debajo parecía amasado con sangre.
Un yerto caballo ciego, con cada hueso visible,
Permanecía estupefacto sobre cómo llegó allí,
Expulsado de su previo servicio en la caballeriza del diablo

XIV
¿Vivo? Por lo que a mí concierne él podría estar muerto,
Con aquella roja delgadez y el cuello hundido por el esfuerzo
Y los ojos cerrados bajo la enmohecida crin;
Raramente tal monstruosidad iba de la mano con semejante tristeza;
Nunca vi una bestia a la que odiase tanto;
Debía ser perversa para merecer tanto dolor.

XV
Cerré mis ojos y los volví hacia mi corazón.
Como un hombre pide vino antes de luchar,
Pedí un sorbo de anteriores y más felices escenas
Esperando así poder cumplir bien mi cometido
Piensa primero, pelea después- el arte del soldado:
Un paladeo del tiempo pasado lo pone todo en orden.

XVI
¡Eso no! Imaginé el enrojecido rostro de Cuthbert
Bajo el adorno de sus dorados rizos,
Querido amigo, hasta que casi pude sentirlo rodear
Su brazo con el mío para llevarme hacia el lugar,
Como él solía hacerlo. ¡Ay! ¡La desgracia de una noche!
Se apagó el nuevo fuego de mi corazón y lo dejó frío

XVII
Luego a Giles, el espíritu del honor- ahí se yergue él,
Leal como hace diez años recién armado caballero
A lo que cualquier hombre honrado se atreviera (dijo él) él se atrevió.
Bien -pero la escena cambia - ¡Puga! ¿Qué manos patibularias
Clavarían un pergamino sobre su pecho? Sus propias manos
Lo leyeron. ¡Pobre traidor, escupió y maldijo!

XVIII
Es preferible este presente que un pasado así;
¡De vuelta hacia mi oscuro sendero otra vez!
Ningún sonido, nada se ve hasta donde alcanza la vista.
¿Enviará la noche una lechuza o un murciélago?
Pregunté, cuando algo en la lóbrega llanura
Vino a interrumpir mis pensamientos y cambiar su curso.

XIX
Un repentino arroyo se atravesó en mi camino,
Tan inesperado como la aparición de una serpiente.
Corriente tumultuosa discordante con las tinieblas;
Ésta, tal como espumeaba, bien podría haber sido un baño
Para la ardiente pezuña de un demonio- al contemplar la ira
De su negro remolino salpicado de escamas y espuma.

XX
¡Tan insignificante, y aún así tan malévolo! A todo lo largo,
Los bajos y esmirriados alisos se arrodillaban ante él,
Los empapados sauces se arrojaban a sí mismos de cabeza en un arranque
De muda desesperación; un suicidio en masa:
El río que les había hecho tanto mal,
Lo que quiera que ello fuese, se iba rodando, sin dejarse disuadir.

XXI
El cual, mientras vadeaba, - ¡Cielo Santo, cómo temí
Poner mi pie sobre la mejilla de un hombre muerto
A cada paso, o sentir la lanza que introduje buscando
Agujeros, enredada en su cabello o su barba!
- Pudo haber sido una rata de agua lo que ensarté
Pero, ¡Ugh! Sonó como el chillido de un bebé.

XXII
Me sentí alegre al llegar a la otra orilla.
Ahora en pos de una tierra mejor. ¡Vano Presagio!
¿Quiénes eran los contendientes, qué guerra libraban,
Cuyo salvaje pisoteo hollaría así el húmedo
Terreno y lo convertiría en una charca? Sapos en un aljibe envenenado,
O gatos salvajes en una jaula de hierro candente.

XXIII
Así debió haberse visto la batalla en aquel claro talado.
¿Qué los acorraló allí, con toda la planicie a su disposición?
No había huellas que condujeran hacia aquellos hórridos maullidos,
Nada salvo eso. Loco brebaje elaborado para que
Sus cerebros piensen, sin duda, como los de los galeotes que el Turco
Enfrenta para divertirse, Cristianos contra Judíos.

XXIV
¡Y más que eso - un estadio más adelante- por qué, ahí!
¿Para qué maléfico uso serviría ese mecanismo, esa rueda,
O freno, no rueda- esa trilla lista para devanar
Cuerpos de hombres como si fuesen seda? Con todo el aspecto
De la herramienta de Tophet, abandonada inadvertidamente en la tierra,
O traída para afilar sus enmohecidos dientes de acero.

XXV
Luego vino un tramo de tierra llena de tocones, otrora un bosque,
Después una ciénaga, o así parecía, y entonces sólo tierra
Desesperada y abandonada (al igual que un tonto halla regocijo,
Hace una cosa y luego la estropea, hasta que su ánimo
¡Cambia y entonces se marcha!) durante un cuarto de acre-
Lodo, arcilla y grava, arena y sombría desolación negra.

XXVI
Ora inflamadas erupciones, de colores vivos y horrendos,
Ora terrenos donde la aridez del suelo
Se volvía moho o una sustancia como forúnculos;
Y apareció un roble paralítico, con una hendidura en él
Como una boca angustiada que resquebraja su corteza
Boqueando a la muerte, y muriendo mientras se repliega.

XXVII
¡Y tan lejos como siempre del final!
Nada en la distancia salvo la noche, nada
¡Hacia dónde dirigir mis pasos! Mientras lo pensaba,
Un gran pájaro negro, el íntimo amigo de Apollyon,
Pasó volando, sin batir sus amplias alas de pluma de dragón
Que rozaron mi gorro- quizá era la guía que yo buscaba.

XXVIII
Pues, mirando hacia arriba, de alguna manera me di cuenta,
A pesar del ocaso, de que la llanura había cedido su lugar
En derredor a las montañas- por honrar con semejante nombre
A los feos y apenas cerros y montículos que tapaban la vista.
Cómo de tal modo me habían sorprendido, - acláralo, ¡Tú!
Cómo salir de ellos no estaba muy claro.

XXIX
Sin embargo, una parte de mí pareció descubrir algún truco
malévolo que me aconteció, Dios sabe cuándo-
En alguna pesadilla tal vez. Aquí terminaba, entonces,
Seguir por ese camino. Cuando, en el preciso momento
De darme por vencido una vez más, escuché un chasquido
¡Como el de una trampa al cerrarse- te hallas en la guarida!

XXX
Como en una llamarada comprendí todo súbitamente,
¡Éste era el lugar! Esas dos colinas a la derecha,
Agazapadas como dos toros con las astas trabadas en pelea;
Mientras a la izquierda, una alta y trasquilada montaña… So tonto,
Viejo senil, dormitando justo ahora¡
Tras pasar una vida adiestrándote para verla!

XXXI
¿Qué se asentaba en el medio sino la Torre misma?
La redondeada torreta achaparrada, ciega como el corazón del loco,
Construida en piedra parda, sin parangón
En el mundo entero. El burlón elfo de la tempestad
Señala con el dedo al marinero, de este modo, el ser invisible
Le ataca, solamente cuando el navío zarpa

XXXII
¿No ves? ¿Acaso por la noche?- por qué, el día¡Regresó para eso! Antes de irse,
El moribundo ocaso ardió en una fisura;
Las colinas, como gigantes en cacería, yacen
Con la barbilla en mano, para ver la caza acorralada-
"¡Ahora apuñala, y termina con la criatura- hasta el mango!"

XXXIII
¿No escuchas? ¡Si hay ruido por todas partes! El tañido
creciente de una campana. Escuchaba
Los nombres de todos los aventureros desaparecidos, mis pares-
Cómo tal era fuerte, y cual valeroso,
Y el otro afortunado, sin embargo, cada uno de ellos de tiempos pasados
¡Perdidos, Perdidos! En un momento tocaba a muerto por años de tristeza

XXXIV
Ahí se encontraban, alineados a lo largo de las faldas de las colinas, reunidos
Para verme por última vez, un marco viviente
¡Para un cuadro más! En un lienzo en llamas
Les vi y les reconocí a todos. Y sin embargo,
Impávido, llevé a mis labios el cuerno,
Y toqué. "El noble Roland ha llegado a la Torre Oscura".

Robert Browning (1855)

sábado, 10 de noviembre de 2007

Vivencias valencianas

Eran casi las 2 de la tarde...

Valencia, es una ciudad de contrastes. Es un tópico, porque supongo que todas las ciudades grandes (800000 habitantes en el municipio y más de millón y medio en el área metropolitana) lo son, ya que en ellas se acumula de todo. Pero es que lo que más me llamó la atención de Valencia fue eso, un contraste enorme y sorprendente entre unas zonas y otras de la ciudad. La convivencia entre lo grandioso y lo miserable es muy estrecha. Al lado de centros gubernamentales se podía encontrar uno con un edificio semiruinoso, o un solar abandonado desde hace años. Todo esto junto la espectacularidad (un tanto pretenciosa, todo hay que decirlo), de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, que da la impresión que ha hecho olvidar a las autoridades que hay otra ciudad, la de la gente, que en algunas partes daba la impresión de estar a punto de derrumbarse. También llamó mi atención la sencillez y simpatía de sus gentes que comparada con lo faraónico de lo que emprenden sus gobernantes y la imagen que proyectan al exterior, es más que sorprendente.

Pero tal vez lo que más me chocó fue el tráfico. Una ciudad que es grande (la tercera de España), tiene un tráfico muy fluido, escaso incluso. Acostumbrado a lo infernal de la circulación palmesana (y mallorquina), que es una de las regiones del mundo con mayor densidad de vehículos, la fluidez y calma de Valencia ha sido todo un hallazgo, y la constatación de algo que he discutido largamente con mucha gente y que casi todo el mundo por aquí cree imposible: que se puede vivir con menos coches. También llamativo es el uso de la bicicleta como medio de transporte, y no como un mero instrumento deportivo (que es como lo usamos aquí).

El aspecto relacional me ha parecido también distinto. La gente es más abierta (la naturaleza cerrada en sí misma de las islas parece producir personalidades también cerradas), y se relaciona con mayor desparpajo, sin tantos complejos. Las mujeres, en general muy bellas, te miran al pasar, haciendo no difícil que tú les respondas con otra mirada o un acercamiento más claro, y no como aquí, que muy a menudo generan cierto rechazo o ponen barreras entre ellas y los demás. Lo que allí es naturalidad y espontáneo, aquí es señal de descaro (o de una belleza física espectacular).

En este pequeño apunte de sensaciones valencianas, quiero destacar una cosa, la comida. Aunque como en todas partes hay bueno y malo, la sensación es que he comido bien y en abundancia. En algunas ocasiones (como la cena del lunes o la comida del miércoles), exquisita, y compensa con mucho otras comidas más flojas. Y si a alguien le interesa, no comí paella (bueno, sí, pero en el aeropuerto de Palma, mientras esperaba para irme).

sábado, 3 de noviembre de 2007

Decepción


En mi (cada vez más lejana) infancia, solía hacerme una idea de cómo iba a ser mi vida de mayor. Proyectaba ilusiones, me trazaba una línea, soñaba despierto. Supongo que todo el mundo lo hace. Como todos los seres humanos cambiamos de continuo, sobretodo en los primeros años de la vida, esos proyectos iban cambiando de forma. Pero en ellos había algunas cosas que se mantenían constantes. Eran, por decirlo de algún modo, mis mayores ilusiones. No he cumplido ninguna. Es más, ahora mismo me alegro de no haber llevado a cabo algunas. Pero hay otras que no he sabido cómo, y lo siento. Mucho. Y me siento fracasado, o al menos desvinculado de aquel pequeño que se soñaba mayor, porque poco es lo que me une a él (tan sólo el hecho de que los demás me sigan reconociendo y llamando por el mismo nombre). Quisiera serle fiel a ese niño, no defraudarlo, pero me temo que el daño ya está hecho. Y es mucho. Muchísimo. Tal vez la única forma es no siguiendo con la farsa. Tal vez cometer una locura sea la solución.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...