miércoles, 14 de noviembre de 2007

Crossroads


Los cruces de caminos tienen un aura especial. Son lugares de confusión, en los que, si no se tiene bien claro dónde se va, es fácil tomar la ruta equivocada. Puede parecer un poco exagerado en estos tiempos de GPS, pero debemos remontarnos a la antigüedad para comprender lo que era un cruce de caminos. Incluso ahora, cuando vamos por la carretera y no conocemos el camino, llegar a un cruce (uno de esos mal o nulamente señalizados) supone un cierto quebradero de cabeza. ¿Habremos tomado la dirección correcta? ¿Nos habremos perdido aún más? Esta condición confusa ha hecho de las encrucijadas sitios especiales y misteriosos. Porque no se sabe qué es lo que nos hace decidirnos por una de las direcciones que se nos ponen delante. Y porque en otros tiempos, tomar el mal camino podía significar adentrarse en tierras peligrosas, o incluso el mismo cruce podía ser el sitio en el que se nos pudiera tender una emboscada. Por esto es por lo que las encrucijadas son a menudo sitios inquietantes. Y tal vez sea por esto por lo que las leyendas se tejen en torno a estos lugares que están al mismo tiempo en todas y en ninguna parte. En la antigüedad eran sitios de cultos paganos, y con el cristianismo se convirtieron en sitios malignos, en lugares en los que se podía aparecer el diablo y tentarnos. Por eso se protegían con cruces. Hay regiones, como Galicia, en las que abundan estas cruces protectoras que servían para tranquilizar a los viajeros y evitar encuentros indeseables.

Porque además de las físicas, están las encrucijadas vitales, esos momentos en los que hay que tomar una decisión importantes y no se sabe bien hacia donde tirar. En estos momentos es fácil que aparezca alguien y nos tiente a escoger la ruta equivocada (si es que hay alguna que lo sea). Entonces es cuando necesitamos toda la ayuda benefactora que nos podamos agenciar, y encomendarnos a todos los dioses para elegir el buen camino.

En torno a los cruces hay muchas leyendas, como la también gallega de la santa compaña. Pero también estan los pactos con el diablo, que muy a menudo, como el de Robert Johnson (algún día hablaré con más extensión de él), se dan en las encrucijadas, y nos han aportados grandes creaciones, aunque a los protagonistas en cuestión no les haya acabado de salir bien la jugada.

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