jueves, 9 de agosto de 2007

Son niños, no tontos


En mi contacto habitual, por razones laborales, con el sector más joven de la población (y con sus padres), observo cierta tendencia a idiotizar a los niños, a mantenerlos en un supuesto estado de inocencia y de engaño generalizado a base de medias tintas e imágenes que podríamos calificar de "infantiles", siempre según los esquemas de los adultos. Porque siempre hay que hablar desde la óptica de los adultos, ya que somos nosotros los que proyectamos en nuestros niños lo que creemos que debe ser la infancia. Y así, les asignamos una inocencia y unas características que no siempre poseen. En realidad, todo es fruto de su inmadurez vital y de su poca experiencia, y no de una especie de estado angélico en el que viven.

Obviamente, nuestros infantes necesitan de supervisión, porque no conocen ni calculan los riesgos de sus acciones, y porque la curiosidad del que lo está descubriendo todo por primera vez les lleva a cometer imprudencias y temeridades. Por eso hay que estarles encima y enseñarles las cosas. Pero muchas veces se les evita acceder a según que realidades, escondiéndolas tras imágenes que responden más bien al deseo de los mayores de mantener y perpetuar los estereotipos que sobre ellos hemos generado. Y ello lo hacemos con cierto ensañamiento, ya que acompañamos la inocencia a golpe de miedo. En parte por lo que he dicho de la seguridad y en parte por gusto, les metemos el miedo en el cuerpo. Los niños son fácilmente impresionables y manipulables. Y asustándolos los hacemos más a imagen y semejanza de nuestros sueños sobre ellos (brujas, hombres del saco, lobos..., el imaginario del miedo infantil es rico y profuso, lo que nunca nos cuentan es que esos miedos les son inculcados). Lo que se busca no es hacer personas indepedientes y lo más completas posible, sino materializar y satisfacer una imagen mental que tenemos y que en gran medida es falsa (en parte porque somos fruto de esos intentos), pero que insistimos en reproducir de forma machacona.

Esto no quiere decir que haya que ser crudo con los niños, pero sí que no hay que andarles escondiendo cosas que tarde o temprano descubrirán. O engañándolos directamente. Hay que decirles las cosas, explicárselas de la forma que ellos mejor puedan entender y hablarles. Hablarles mucho. Puede llegar a ser mucho mejor hablar con un niño que con un adulto. Y si no lo entienden, ya lo entenderán con el tiempo. Pero que no puedan decir que se les ha mantenido en el engaño, porque a veces, para calmar sus ansiedades, les decimos cualquier cosa que sea sencilla y que los mantenga callados un rato (pueden llegar a ser muy incordiantes), aunque no sea verdad. Son niños, no son tontos.

Y como regalo, una canción peculiar sobre el imaginario infantil:

9 comentarios:

Horrach dijo...

Es muy mona Natalia Quintanal. Pero que muy mona. Y qué vocecita más dulce que tiene.

En el GoEar este tienen una cosilla de Throbbing, 'Beachy head'. Muy buena, aunque tirando a reposada:

http://www.goear.com/listen.php?v=7dde892

Horrach dijo...

Por cierto, interesante su reflexión. El tema de los niños y las relaciones de los adultos con ellos tiene miga. Por mi escasa experiencia laboral con ellos (en mi caso ya sabe que no son tan niños, y sobre todo tan niñas...) he notada que suelen valorar la sinceridad y que no trates de tomarlos por gilipollas.

El Pez Martillo dijo...

Por ahí iba yo. Como a cualquiera, no les gusta que les engañen, sobretodo en las cosas que ellos consideran importantes. Pasa sobretodo con los más pequeños, porque llegan a una edad en la que se puede razonar bastante con ellos sin acudir a imágenes simplificadas que puedan comprender.

Jarttita. dijo...

Vaya, papá Pez martillo. Labores pedagógicas....:P.

Anónimo dijo...

¿Y no podría ser que la "infancia" sea un concepto inventado por padres neuróticos que dependen más de sus hijos que sus hijos de ellos? ¿Que utilicen el estado de necesidad del niño para afirmar un sentido a sus vidas que fuera de ellos no encuentran?

Algunos nunca deberían ser padres. Dan asco.

Anónimo dijo...

Y ahora recuerdo también algo. Tú, que eres enfermero, ¿no ves también una actitud paternal en algunos médicos, sobre todo, entre psiquiatras? Los médicos suelen ser grandes cínicos... como los padres.

El Pez Martillo dijo...

Bienvenido anónimo. En parte es cierto lo que dicen. Muchos padres "utilizan" a sus hijos en beneficio propio, en lugar de educarlos para ser personas (siempre he dicho que muchos tienen hijos para poder presumir de sus notas). Lo que te matizaría es que la idea de la infancia más que una construcción de los padres es una construcción social. Aunque la sociedad está formada por padres, evidentemente. Pero la idea es esa, la de trasladar a los niños la imagen de lo que querríamos ser (gentes "inocentes" y en el engaño perpetuo) y que en el fonod somos.

Los médicos som muy paternalistas, todos en general. El solo hecho de que los que saben son ellos y que vamos por eso ya los pone en una posición de superioridad (en principio sólo de sabiduría) que explotan todo lo que quieren.

Como filocínico que soy, no me gusta ese matiz negativo que se le da al término. Pero sí, los médicos son grandes cínicos. La sociedad en general lo es.

Anónimo dijo...

http://gallerydolls.blogspot.com/

Damned fragile Herzen dijo...

bueno toda la razon
m enkato sobre too el tytulo
eso pasa kisas lo niños
y uno ke fue fuimos
mas inteligentes ke los adultosmmm
no si lo ke pasa ke kuando uno va crecien tendemos a olvidar kosas
komo esas y a bueno acer o ver ke los nenes son totos buenos
t kuidas aios

m dejas tu komentario en mi flog
aios


Damned fragile Herzen

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