domingo, 19 de agosto de 2007

De primeras y segundas impresiones


La belleza tiene una ventaja, que actúa a distancia. Nada más aparecer alguien que cae dentro de los cánones de la belleza (una mezcla de consideraciones cuturales y de moda con otras de carácter más personal) capta nuestra atención sin suponer un gran esfuerzo de la otra persona. Y nos sentimos atraídos. Y bien aprovechada, puede ser una potente arma de seducción y posteriormente de manipulación.

Pero tiene una desventaja, que mucha gente sólo ve esa belleza y se mueve en función de ella, ocultando otras cualidades. El peligro es de dejarse llevar por el atractivo que uno ejerce sobre los demás, como algo que viene dado sin más, cayendo en una espiral de la belleza por la belleza que además de a los demás, puede arrastrarlo a uno mismo.

Y uno, que es un ser sensible a la belleza, puede quedarse embobado viendo a una camarera tras la barra, o a una chica contoneándose en un rincón. Pero a la hora de la verdad, lo que a uno le provoca ese pellizco en la boca del estómago puede ser cualquier pequeño detalle y no el conjunto. Unos ojos vivos, una sonrisa, algún gesto, un lunar... No sé, cualquier pequeña tontería en la que otros no se fijarían puede llegar a ser lo primero que yo mire. Y si además va acompañado de inteligencia y buena conversación, el atractivo se multiplica (lo que ocurre es que no es a distancia, es más bien a posteriori). Porque, no nos engañemos, la primera impresión es la que cuenta, pero si no hay una segunda (y una tercera) que la sustenten, se hunde en la nada.

6 comentarios:

Horrach dijo...

La belleza: esa arma de destrucción masiva.

El Pez Martillo dijo...

No lo diga usted en voz muy alta que Bush ("estamos trabajando en ello") aplicará medidas preventivas y querrá acabar con todas. Y que conste que lo digo porque me preocupo por la existencia de esas bellezas, no porque me interese contemplarlas y, en la medida de lo posible, disfrutarlas.

Horrach dijo...

Yo lo decía precisamente para aplicarles el 'protocolo Bush'. Como buenos idólatras, la belleza, nuestro culto, debe morir. O, mejor dicho, como dije ayer (extra blog), las bellezas de carne y hueso (más carne que hueso, menos mal) deben perecer para que el ideal de Belleza sea inmortal.

El Pez Martillo dijo...

Yo, como en vez de idólatra soy ególatra, no tengo ningún problema en que las bellezas campen a sus anchas en derredor mío. Sobretodo a la de la foto la dejaba yo revolotear a mi alrededor. Seguro que ha venido a Barcelona a rodar para estar más cerca de servidor (aunque un mar nos separa, yo soy como el sol, que da luz y calor a grandes distancias).

Susan kaley (Sueños) dijo...

Bueno supongo que la belleza es relativa, porque a mi me puede parecer bello algo que para ti es horrible o viceversa, que bueno que en este mundo existe la diversidad de gustos y géneros, te das cuenta si todos tuviésemos los mismos gustos que vida mas aburrida, y me he quedado pensando.
Porque a veces uso mi cabeza para eso, como la belleza se encuentra en cada cosa que veo y siento, un ejemplo vivo es mi perro, pues toda la gente dice que es feo y si te soy sincera hasta yo que lo adoro lo encuentro a veces feo, pero en mi corazón y a mis ojos es la criatura mas exquisita que he visto, será contradicción mía no se, tal vez mi perro opine como yo y diga esta hembra humana es fea, pero el amor que siento por ella hace que hasta la vea hermosa. Bueno no hagas caso eso pasa cuando escribes a esta hora, de todos modos tu escrito me pareció muy bueno, saludos.

El Pez Martillo dijo...

Hola Susan, gracias por tu comentario.

Es verdad que la belleza depende de cómo se mire, pero en realidad yo hablaba de los efectos que provoca en los que la perciben. Y aunque me refería básicamente a la belleza física, hoy ya he matizado que hay otras formas de belleza.

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