sábado, 18 de agosto de 2007

Albert Fish


Se trata de uno de los personajes más perturbados e inquietantes que ha dado la historia criminalística en las últimas décadas. Desarrolló su actividad en el primer tercio del siglo XX y, aunque no se le imputan muchos crímenes, los confirmados son de una gran crueldad. Además de sus asesinatos, hay que tener en cuenta una personalidad profundamente perturbada, que es lo que lo ha hecho interesante. Como ocurre en muchos casos, la apariencia de Fish era inofensiva, demasiado amable incluso, un venerable anciano que no representaba ninguna amenaza. Pero tras la fachada se escondía una psique enferma y desalmada.

Sus víctimas eran niños, oficialmente mató a cinco, pero se supone que acosó a más de cien. Abusaba de ellos y los introducía en prácticas sadomasoquistas. El caso más famoso, por el que se lo recuerda y que terminó causando su detención, es el de Grace Budd, una niña de 10 años a la que, aprovechando que sus padres le confiaron su cuidado, descuartizó y cocinó para luego comérsela. Si ya de por sí esto es repugnante, poco después Fish escribió una carta a la madre de la niña contándole todos los detalles de su muerte y de lo que hizo con ella.

Una de las cosas que más llaman la atención de Albert Fish, es que su carrera delictiva comenzó más bien tarde, en su madurez. Desde siempre había tenido las tendencias sádicas que le condujeron hasta el asesinato, pero las desarrollaba en un contexto de juegos sexuales que en principio no iban más allá. Se casó y tuvo varios hijos, y fue cuando su mujer le abandonó que se disparó su crueldad. Fish mantenía oculta su tendencia homosexual y pedófila, y la liberación que sintió al ser abandonado por su esposa supuso la apertura de una compuerta que dejó escapar su personalidad de forma torrencial. Así, empezó a desarrollar un delirio religioso en el que tenía visiones de Jesús instándole a matar, y una obsesión por los mártires del cristianismo (San Pedro, San Sebastián...) y la historia de Abrahám y el sacrificio de su hijo. Tenía una visión trágica de la religión, en la que el sacrificio y la crueldad suponían la cercanía con lo divino. Así, poco a poco fue subiendo los escalones que le llevarían al asesinato con fuertes tintes rituales. Al matar a Grace Budd y luego comérsela, muy probablemente se sintió más cerca de Dios, santificado y redimido (no hay que olvidar las fuertes connotaciones de canibalismo que tiene la misa cristiana), al mismo tiempo que provocando el dolor en sus víctimas creía estar haciéndoles un bien, poniéndolas en contacto con lo sagrado.

Pero no sólo infligía dolor a sus víctimas, sino que también hería su propio cuerpo. Es sabido que se flagelaba. Pero el descubrimiento más escalofriante iba a llegar tras su detención. En una revisión médica en la prisión, al hacerle una radiografía descubrieron más de una docena de objetos metálicos (clavos, agujas...) alojados en su región pélvica, que habían sido introducidos a través del bajo vientre, del escroto y del perineo y que llevaba allí desde hacía ya tiempo. Tan impactante fue el descubrimiento, que desde el mismo momento de su ejecución en la silla eléctrica en 1936, empezó a circular la leyenda urbana de que tanto metal dentro de él provocó un cortocircuito.

Como dato curioso, la historia de Fish sirvió de inspiración al escritor Thomas Harris para crear a su personaje más popular, el caníbal Hannibal Lecter.

1 comentario:

Jarttita. dijo...

No sé pq leo cuando sé que no me va a gustar.............

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