jueves, 12 de julio de 2007

Alethéia


El otro día hablé de mi nombre con la ilusión de que pudiera tener ciertas resonancias filosóficas (heideggerianas en concreto). Sigo sin saber a cienmcia cierta si es así. En cualquier caso sí que hay un nombre de clara reminiscencia heideggeriana y milenaria tradición filosófica. Se trata de Alicia, que deriva del griego alethéia, normalmente traducido por Verdad. La a inicial es un alfa privativa, es decir, una partícula que nos llama la atención sobre la ausencia de algo. En este caso, lo que no está en la verdad, que comprenderemos si tenemos en cuenta que alethéia también se ha traducido como "desvelamiento". Decir la verdad sobre algo o descubrir esa verdad es desvelarla, retirar el velo que la cubre y sacar a la luz el auténtico ser de algo. Tradicionalmente, la verdad se refiere a las cosas, a los entes. Así, señalar la Verdad de algún ente sería algo así como mostrar su esencia, sin todo lo que habitualmente nos impide verla. Porque el acceso a la Verdad siempre ha sido visto como algo dificultoso y reservado a unos pocos. La Verdad como una mujer seductora que atrae, que tiene muchos pretendientes, pero que en última instancia es ella la que escoge ante quién se quita los velos. Y pocos son los elegidos.

Pero suele suceder con los velos lo mismo que con la energía, que ni se crean ni se destruyen, se transforman. El desvelamiento en una dirección suele suponer el velamiento en otra. Con ello de establece un juego entre desvelamiento-velamiento que nos impulsa, que nos mueve a seguir buscando seducir a la dama de los velos, aunque en el fondo sepamos que no vamos a conseguir gran cosa.

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