miércoles, 9 de mayo de 2007

Pérdida de la vida


Hoy en clase hemos tocado un asunto que lleva algún tiempo dándome vueltas en la cabeza. Se trata de la pérdida de la biografía en nuestro tiempo. Másen concreto con el abandono del género epistolar. Ya no se escriben cartas, con todo lo que ello implica. Se me objetará que ahora escribimos correos electrónicos y SMS, en algunos casos en grandes cantidades. Es cierto. La comunicación (entendida como intercambio de información, no como interrelación entre individuos) es muy densa hoy en día. Pero toda esa información acaba perdiéndose, porque la borramos rápidamente. Y aquí es donde surge el problema. No queda constancia en ningún lado de lo que hemos escrito, de nuestros intereses, proyectos, ilusiones...

En principio esto no supone nada, un simple cambio en las formas de comunicación. Pero este cambio tiene su importancia, sobretodo para los que pretendan estudiar las vidas de las personas contemporáneas a nosotros. Me explico. Desde siempre, las cartas han sido un recurso muy útil para conocer a las personalidades del pasado. Porque en ellas, que no son más que cristalizaciones de las relaciones personales, quedaban reflejados esbozos, formulaciones alternativas, vivencias, viajes, proyectos personales, anhelos... Y muchas veces ha sido en virtud de ellas por las que se han podido reconstruir algunas biografías.

Quién sabe la de datos importantes que se están perdiendo en el sumidero digital, la de incógnitas que dejaran los grandes de nuestro tiempo y del futuro a los investigadores que vengan después. Como paradoja, hay que señalar que estamos en una época hiperinformatizada, en la que de forma continua dejamos rastros nuestros por todas partes. Pero estos rastros dicen poco de nosotros. Sí, se podrá saber en qué nos gastamos el dinero, los estudios que cursamos, las páginas web en las que entramos, los sitios que visitamos, los viajes en autobús que acumulamos, se puede hacer una biografía objetiva. Pero faltará lo más importante, nosotros mismos. Y eso, en parte (y sólo en parte), se encuentra en nuestra correspondencia. Podrán recopilar y decir que alguien fue de viaje a algún lugar, pero no podrán saber nada de lo que significó para él, si aprendió mucho o si se enamoró. Es decir, sabrán poco, muy poco, a pesar de la avalancha de datos que tendrán.

Esto enlaza con un tema más amplio, el de la pérdida de la experiencia, que ha preocupado desde hace algunas décadas a algunos pensadores.

5 comentarios:

Horrach dijo...

Brad, my friend, que no quede constancia del contenido de nuestros mails (no sólo de los míos con usted, sino de todos) es algo que a mí me alivia, la verdad :-)

Y en mi línea de discrepar de casi todo lo que usted escribe (ya sabe, para estimular el diálogo), jajajaj, no creo que debamos caer en sacralizar el tema de las cartas, como si esa forma de comunicación fuera la originaria, la buena, y las demás simples simulacros o sustitutorios. Si en el futuro no disponemos de cartas para saber cosas de los Nietzsches de ahora podremos echar mano a sus videos domésticos, a lo que escribiera por distintos blogs, a lo que guardara en su ordenador personal, etc. Y seguro que algunos mails también podrían recuperarse, que algún interlocutor fetichista seguro que lo guarda. Creo que es usted algo tremendista, amigo.

hasta mañana, en la consulta del Big Tiger

El Pez Martillo dijo...

Realmente, aunque quedara constancia de todo, nunca se llegaría al núcleo de nuestras vidas. Quiero decir que sólo podrían hacerse una idea, y nunca vivirlas como nosotros las hemos vivido.

Por lo demás, yo tiendo a guardar muchos correos electrónicos. Tengo varias decenas en los servidores de correo. Y, para inquietarle un poco, le diré que algunos son suyos (sí, uno es un poco fetichista, qué pasa).

Está claro que las epístolas no son nel mejor medio, puesto que no dejan de ser un relato que el propio sujeto hace, y como tal pueden no ser fieles a la realidad, además de ser, a veces demasiado subjetivas. Hace falta el contraste con alguna objetividad.

A lo que yo iba es al hecho de que en los últimos tiempos tendemos demasiado a perdernos demasiado en la objetividad, a naufragar en datos supuestamente externos que ocultan lo que, en el fondo, más nos importa, que es la vida.

Cvalda dijo...

Los nuevos medios suponen un incremento en la cantidad de la información, pero también su caducidad. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes...

(De todas formas a mi me podrán estudiar, yo tengo una caja con todas las cartas y postales que me mandan, y archivos con los mails...:P)

Horrach dijo...

Brad: yo tengo TODOS sus mails a buen recaudo, jejejej.
Pero es que Yorch es un maniático, y apenas borra mails que ha recibido. También colecciono en word las kilométricas conversaciones que en su época tuve con alguna ctónica por msn; debería borrarlas, por el mal recuerdo que queda, pero soy un fetichista.

El Pez Martillo dijo...

Yo también soy un fetichista, y guardo todos los correos que me manda la gente que me importa (te, los suyos están en ese grupo). Lo de las conversaciones por msn no las guardo, pero no está nada mal la idea.

Me alegra saber que algún día podrán in vestigarnos como dios manda. Si es que a alguien le interesan nuestras vidas. Tal vez cuando haya que hacer una biografía del tigre...

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