domingo, 13 de mayo de 2007

Palabras más, palabras menos


No descubro ningún secreto si hablo de la convencionalidad del lenguaje. Las palabras son etiquetas arbitrarias que colgamos en grupos de percepciones semejantes, en las que vemos un núcleo común y de las que despreciamos aspectos que consideramos accidentales, permitiendo así que nos podamos manejar en un mundo más a nuestra mano. En resumen, el lenguaje nos facilita dominar el mundo. Cada idioma es una forma de dominio, y acota la realidad en un horizonte dentro del cual se mueven sus hablantes.

Aunque aprendamos varios idiomas a lo largo de la vida, siempre tenemos un horizonte primordial que determina los movimientos que hacemos con los otros. Se trata de un horizonte de horizontes, o, para simplificar un poco, los otros idiomas tienen un matiz mucho más instrumental dentro del más amplio marco existencial que delimita nuestro idioma original (ese que algunos llaman materno). El caso de los bilingües es peculiar pero no muy diferente, porque aunque desde la cuna manejen dos lenguas, siempre hay una de los dos que, por decirlo de algún modo, marca más, es más aportadora de horizonte.

No obstante la arbitrariedad del lenguaje, todos los idiomas tienen algunas palabras que se ajustan a los conceptos que denominan, que les vienen como anillo al dedo. Muy a menudo, estas palabras son difíciles de traducir, porque se refieren a aspectos del horizonte que otros idiomas no abarcan, y normalmente, cuando otra cominudad lingüística las descubre y las asimila, las integra tal cual o con alguna modificación fonética para adecuarlas a los sonidos propios. No todos los préstamos que se toman de otras lenguas siguen este esquema, por supuesto. Lo cierto es que estas palabras son muy pocas, pero significativas. Nos dan información sobre el carácter de los pueblos que las dicen más que de los conceptos sobre los que se cuelgan.

A pesar de que existen similaridades entre los idiomas, y que hay orígenes comunes y familias lingüísticas, cada comunidad tiene sus peculiaridades históricas y sus circunstancias, que de un modo u otro acaban influyendo en su mundo, y a la larga dejan su impronta en el lenguaje, que es uno de los medios de transmisión del horizonte común.

Estoy pensando en el déjà vu francés o en el seny catalán, por poner sólo dos ejemplos muy manidos, pero todos los idiomas tiene sus palabras personales e intransferibles que los hacen únicos.

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