viernes, 4 de mayo de 2007

Amor y sacrificio


Hay en el amor algo perturbador. Y no se trata sólo del terremoto que provoca en nuestras existencias (sentimental, hormonal, vital...), sino que es algo que va más allá. Hay en el amor una violencia, una violación de nuestras defensas, un ataque a nuestros muros. Y un ataque, vale decir, infructuoso, porque no deja de ser una amenaza. Un abismo nos separa a todos, y esto el amor no lo cambia, pero sí que genera en nosotros la ficción de una unión, cuando menos de una cercanía íntima con otra persona. Y esto nos confunde, nos conforta y al mismo tiempo nos angustia. Porque nos pasamos la vida levantando murallas, excavando los fosos que nos separan, haciéndonos, construyendo la ficción de una identidad y de una personalidad para afianzar el corte (que, de todos modos, está ahí, a pesar del caos). Es una tarea dura, titánica. Y de pronto viene alguien y de un soplo lo hace tambalear todo. En principio, el efecto debería ser algo mutuo, y uno mismo ser violador de la otra persona.
El amor crea la fantasía de una comunión vital. De pronto dos personas se ponen a mirar en una misma dirección, a compratir vivencias. Quisieran dominarse mutuamente. Pero siempre hay un poso de incontrolabilidad, siempre hay una muralla inexpugnable, que a lo mejor sólo se resquebraja, pero que nunca llegará a caer. Ahí está la fuente de angustia. Se quiere creer que por un azar mágico, el abismo que nos separa no es tal, desterrando la soledad y el desasosiego que nos rodean en nuestra vida cotidiana. Pero lo abismoso aparece por todas partes y crea conflictos. Y entonces, tarde o temprano, la comunión se deshace, y llega la decepción.
El amor se mantiene si hay sacrificio. El sacrificio de una de las dos partes. El amor demanda la muerte (real o figurada) de uno de los miembros de la pareja. Porque si no desaparece uno, no hay amor que sobreviva. Si quieres ser feliz, disponte a morir. O a matar.

7 comentarios:

Jarttita. dijo...

El post es muy bonito, pero yo no (quiero) estar de acuerdo: el amor es aceptar los muros, también. Si caen....el amor se va. COmo dice la Rosenvinge:

" que quiera matarme...y se mate por mí".

El Pez Martillo dijo...

Hola, Jart.

Lo que dices me da pie a escribir otro post, y a relacionarlo con lo que decía Ortega. Manténgase a la espera.

Horrach dijo...

Se suele decir que del amor al odio hay sólo un paso, y creo que es cierto. Más bien yo diría que son, en realidad, la misma cosa (sólo diferenciados por el sentido). No sé si han visto 'El imperio de los sentidos', pero un servidor se identifica con esa forma caníbal de sentir. El amor es agresión, un fuerte deseo de posesión, que llevado al extremo acaba como acaba en la película de Oshima. Y su observación final, amigo Pez, me gusta mucho: el único amor que trasciende las barreras del tiempo es aquel que no duró mucho tiempo. Los mecanismos de la idealización humana son así: sólo deseamos o amamos (o, en cualquier caso, amamos con mayor intensidad) lo que no tenemos. ¿Qué vida habrían llevado Romeo y Julieta si se hubieran casado? Pues la que llevan todos los casados, bien o mal, pero sin gloria, sin 'aura'.

Hace un tiempo le escuché al psiquiatra Adolf Tobeña que los conductos cerebrales que canalizan los sentimientos de amor son los mismos del oido. Es decir, que hablamos en realidad de la misma emoción. Lo único que es diferente del amor/odio es la indiferencia (parafraseando mi frase de Fellini favorita, quien no citica algo es porque no le interesa).

Por cierto: ¿se ha enamorado usted, amigo? ¿No será de la mudita escuálida, verdad? :-)

Horrach dijo...

del 'oido' no; quería decir que los canales del amor son los mismos que los del 'ODIO'. Ahora sí.

El Pez Martillo dijo...

Cierto, el amor que permanece es el idealizado. Por eso muchas veces es más profundo eso que llaman "amor platónico" que un amor efectivo y actualizado (en sentido aristotélico). O cuando menos, el que mantiene la ausencia de una de las dos partes (por distancia o por que una de las dos haya muerto de verdad). O, como en el caso de Romeo y Julieta, que se los lleve a los dos por delante y permanezca en el pedestal de los testigos de su amor. Por eso nos emocionan tanto las películas románticas, porque están en ese terreno de lo ideal. Y claro, luego resulta que la vida no es una película...

Jarttita. dijo...

Totalmente de acuerdo. Hay un tipo de persona ( porque el amor es como todo, subjetivo) que sólo vive el amor en pasado. O en futuro. Pero no durante. Porque hay que ser muy fuerte y muy valiente para aceptar el amor en el ahora. Es mucho mejor encerrarlo en una cajita ( llámala recuerdo), y conservarla en formol. Así durará siempre. Pero no dejará de ser una quimera.

Crika dijo...

buscando una foto para mi blog...encontré este y justamente mi post era sobre este tema, así que, aunque algo tarde, os dejo mi opinión al respecto:
el amor platónico es el ideal, pero hay uno, el real, que como decís exige de un gran sacrificio para mantenerse, pero por contra produce las mayores satisfacciones (junto a los mayores sufrimientos, lo admito), pero existe, es real. El problema consiste en mantenerlo AUTENTICO, luchando contra nuestra naturaleza egoísta, contra la rutina de la vida en pareja y todos los obstáculos que surgen a lo largo del tiempo.
En fin, que soy una romántica empedernida, es innegable, jeje
Un saludo a todos

Crika

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