sábado, 5 de mayo de 2007

Amor y centro


Me comentaron ayer que el amor también tiene que ver con los muros. La cosa tiene su miga, porque no deja de ser cierto. Pero más que de muros, preferiría hablar de abismos. Siempre hay un abismo entre todos nosostros. Pero en el amor parece que se angosta, que se vuelve menos abismo y queda una ficticia unidad.
Todo contacto con otras personas u objetos es una violanción. La diferencia entre persona y cosa es la resistencia que ofrece a esa violación. Por lo general, la cosa no ofrece ninguna. Las personas sí. Y en principio, la violación es hasta cierto punto tolerada y admitida, porque en realidad no afecta más allá de nuestra superficie. En cambio, en el amor la intromisión es mucho más profunda. De pronto, desplazamos el centro de nosotros a la otra persona, fagocitándola en nuestro mundo. Todo en torno a ella destaca y se convierte en importante. Es posible que para ella también ocurra lo mismo con uno. En estos casos ocurre algo así como un intercambio de la centralidad. Pero esto es una situación esquizoide, porque tenemos que a la vez ser centro nosotros (no se me ocurre nadie mejor que yo para ser centro de mi vida), serlo para la otra persona y mantenerla a ella en nuestro centro. Desquiciante.

Existir cuesta un esfuerzo enorme. El amor, al desplazar el centro a otro individuo que nos aparece como algo completo y cerrado (eso es algo que siempre echamos en falta de nosotros), nos aporta un bálsamo a ese esfuerzo. De ahí la felicidad, de haberse despojado del peso del mundo. Pero si hay reciprocidad, uno también se convierte en centro, y tarde o temprano siente su existencia violentada. Y entonces acaece la recaída en uno mismo. Siempre queda un remanente de centralidad inviolable, un reducto que se resiste a caer en las garras del otro, un muro que no cae. Y ese es el que puede dar al traste con el amor, siempre y cuando uno de los dos no lo derribe él mismo. Pero hay que señalar que ese muro sólo lo puede tirar abajo uno mismo. Ahí está el sacrificio, la inmolación en los altares del amor, cabría decir.

El enamoramiento es esa primera fase de centralidad absoluta del otro, de dejación de la tarea de existir. Pero pronto surge la resistencia, el buscar un lugar propio dentro de la relación. La lucha empieza ahí, y ganará el que consiga hacer que el otro se inmole. Puede ser que el sacrificio ocurra sin lucha, que se dé desde un principio. O que se llegue a un estado de equilibrio, de aceptación mutua de los límites de violación que no hay que sobrepasar. Tal vez esta opción sea la más deseable para una relación auténtica, duradera y que no arrastre a uno de los miembros de la pareja a la muerte como existencia. También es la opción más difícil y extraña. Tal vez a esto podríamos llamarlo amor auténtico (eso que tantas canciones nos cantan). Pero si es así, son muy pocos lo que lo conocen, y la gran mayoría vive en el engaño.

5 comentarios:

Jarttita. dijo...

Y sí, la gran mayoría vive en el engaño.

El Pez Martillo dijo...

¿Y nosotros?

Horrach dijo...

Amigo Pez,

lo que usted expone hoy en el blog es muy 'girardiano', muy de la teoría mimética del francés. Demasiadas veces concedemos que nos enamoramos de alguien por cuestiones objetivas, y no suele ser así; lo psicológico suele ser más decisivo que lo puramente físico, porque en el otro vemos una posibilidad de autonomía (a costa suya o gracias a ella) que es lo que en realidad pretendemos. Lo paradójico es que para alcanzar ese objeto deseado la lógica que se impone es la del sometimiento, la del esclavo que se somete a su dueñ@, con lo que, muchas veces, deja de ser apetecible para ese dueñ@, que también, como nosotros, en el fondo desea someterse a una lógica más fuerte que la que ella impone. Todo es un cúmulo de estrategias sadomasoquistas, y parece que sólo funciona la que sabe vivir recurriendo a los dos polos, no quedándose sólo en uno. No hay que quererl@s demasiado, pero tampoco odiarl@s en exceso. En el fondo, y tiene razón Girard, somos bipolares, unos esquizoides de cuidado.

shalom!

Choivinha dijo...

He llegado a tu blog, mientras buscaba imagenes de Egon Schiele. Paseando he encontrado muchas cosas cosas que me han gustado y en tu perfil he descubierto bastantes gustos afines. Te visitaré. Si te apetece, puedes hacer lo mismo.
Salud y felicidad.

El Pez Martillo dijo...

Hola choivinha, gracias por tus palabras. Este también es tu espejo, puedes entrar cuando quieras. Y no dudes en comentar lo que quieras.

Mi gallego es muy limitado (casi casi nulo), pero haré un esfuerzo para devolverte la visita.

Biquinhos ;)

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